domingo, 24 de septiembre de 2017

CONFESIONES DE UNA MÁSCARA, YUKIO MISHIMA



Releo después de más de treinta años "Confesiones de una máscara"  de Yukio Mishima [1925-1970] para el club de lectura en el que actualmente estoy.  Siempre he sentido fascinación por el autor. Tanto es así que en mi primer poemario "Quedan las palabras" le dediqué uno de los poemas.  Uno quizá no debería volver a releer aquellos libros que alguna vez le marcaron de por vida. Como tampoco se debería volver a los lugares donde se ha sido feliz. Si analizo ahora el texto de Mishima lo encuentro frío, a pesar de que trata de asuntos que siempre me han interesado: la necesidad compulsiva de la escritura, el sadomasoquismo, la homosexualidad, el concepto de máscara como refugio ante un mundo hostil, la relación entre el deseo y la culpa. O su ausencia. Lo cierto es que ahora el relato me deja indiferente. Y tengo la certeza que cuando lo leí por vez primera no fue así. La vida nos conduce a lugares extraños. Nos aleja de aquel que fuimos o quisimos ser. Recuerdo que vi en su momento "Mishima: una vida en cuatro capítulos" dirigida por Paul Schrader en 1985 y que coquetee con el ensayo que Marguerite Yourcenar le dedicó al autor de "El marinero que perdió la gracia del mar"; "Mishima o la visión del vacío" [1980].  Y con  esa biografía psicológica de Juan Antonio Vallejo-Nagera "Mishima o el placer de morir" [1978]. Qué queda en mí de todo aquello. Un poema en un libro y el titulo de un relato con el que fui finalista en un concurso de relatos de tema marino: "El farero que perdió la gracia del mar". Esto sería falsear en cierto modo la realidad. Quedan más cosas. Al menos un modo de mirar la vida desde el punto de vista del monstruo que todos llevamos dentro. Porque el protagonista de "Confesiones de una máscara" se ve en todo momento como fuera de la norma. Un ser aberrante, incapaz de reconciliar sus deseos y pulsiones sexuales con lo que la sociedad le impone como normal. Y claro, esos destellos que como desgarraduras propias de Cioran rasgan la prosa del autor japones. La infancia es un periodo en el que el tiempo y el espacio se mezclan. /  ...ansiamos cosas que en realidad no deseamos en modo alguno. /  Confundía el feroz e imposible deseo de no querer ser yo con el deseo sexual de un hombre de mundo, con el deseo que nace de ser uno mismo. / ...yo gozaba imaginando los curiosos dolores de una persona que deseaba morir, pero que era rechazada por la Muerte. / ...¿no es verdad que hay cierto remordimiento que precede al pecado? ¿Era remordimiento por el mero hecho de existir? / ...la imaginación que sigue la línea de menor resistencia ninguna relación  guarda con la crueldad, por muy cruel que parezca. No es otra cosa que que el producto de una mente perezosa y tibia. / En la muerte había descubierto el verdadero "destino de la vida". / Las personalidades románticas están penetradas de una sutil desconfianza hacia el racionalismo, y eso conduce, a menudo, a este acto inmoral que se llama soñar despierto. /  La costumbre es una horrible realidad. / Ni siquiera una persona normal puede regir el comportamiento únicamente mediante la voluntad. / El criminal condenado a muerte no se suicida. / La persona que jamás ha conocido la felicidad  carece de derecho a burlarse. / Mi cinismo nacía de mis deseos de impresionar al prójimo y de mi necesidad  de defenderme.../  La mojigatería es una forma de egoísmo, un medio para protegerse de uno mismo, impuesto por la fuerza de los propios deseos.  Solo son frases, destellos como puñaladas en un texto cerebral, elaborado desde la distancia que produce la separación del yo que se mira al espejo y contempla en él el alma corrompida de la bestia interior. No en vano una de las primera citas que hay en el libro es a un poema de Oscar Wilde y referencias a sus cuentos. No deberiamos olvidar que Wilde es también el autor de esa obra maestra que es "El retrato de Dorian Gray" [1890]. Mishima puso mucho de sí mismo en el personaje de estas confesiones, que si no es él se le parece mucho. 


No me resisto a reproducir aquí el poema publicado en "Quedan las palabras" [2000]  Instituto de Cultura Juan Gil-Albert.
                         Confesiones de una máscara o monólogo final de Yukio Mishima antes
                         del Hara-kiri, el 25 de noviembre de 1970

La teoría es el goce de los impotentes
Jean Pierre Enard

                        Cada cual elije su destino.
                        Y prefiero la espada a la palabra,
                        el honor al silencio.
                        Al yugo  prefiero el sacrificio.
                        Dulce es la muerte asumida
                        cuando vivir es arrastrarse,
                        reptar a los pies del invasor,
                        ofrecer nuestras geishas,
                        olvidar el color del crisantemo.
                        Que no llore nadie,
                        pues elijo la muerte a la derrota.
                        No es ya la edad de la palabra,
                        ni es la edad de los vencidos.
                        La muerte, a veces, es victoria.
                        La juventud se aleja en la marea
                        y la vejez como una cortina
                        de pájaros  que cubriese el crepúsculo,
                        es el imperio de la decadencia.
                        Ni un rastro de la belleza queda.
                        Es mejor terminar en un instante,
                        antes de que las lilas se marchiten
                        y, corrupto el perfume, pierdan
                        la esencia nítida de su fragancia.
                        Mi sacrificio no es en vano.
                        Un gesto digno a tiempo
                        puede trocar la vida en arte.




domingo, 7 de mayo de 2017

NEFANDO, MÓNICA OJEDA


"Para escribir hay que ser uno mismo porque es lo único que podemos ser". Kiki Ortega.

 Pocas cosas eran tan importantes como encontrar la palabra expresiva, se lee en la primera página de "Nefando" [Editorial Candaya, 2016] escrita por Mónica Ojeda [Guayaquil, 1988] y, en qué otra cosa consiste la literatura sino en encontrar la palabra expresiva. En la página siguiente, se vuelve a reflexionar sobre el acto de escribir y, creo yo, se nos da una de las claves de esta breve e intensa novela:" ¿Qué tan difícil podía ser escribir sobre la sexualidad de tres niños? Una novela sobre la crueldad, una novela destinada a perturbar. Algo como Las tribulaciones del estudiante Törless, pero mezclada con Historia del ojo". Empezamos bien, Robert Musil y George Bataille en la misma coctelera. Un cóctel así puede ser complejo de combinar. El escritor siempre está al borde del abismo, resbalando por el filo de una navaja, entre la alta literatura y la pornografía elegante con pretensiones de ir un poco más allá de lo que se narra: "Con metáforas, quizás, podría salvarse de las construcciones ajenas. Ellos serían las moscas. Lo único que quería era decirse con su propia lengua. Los bichos que caen en telarañas no son inocentes. Lo único que quería decirse.  Mis personajes serán lo real y yo una ficción." En estas primeras páginas que en la novela se suponen escritas por Kiki Ortega, 23 años. Becaria FONCA, uno de los seis personajes principales de "Nefando" se hallan la esencia y algunas de las estrategias del texto escrito por Mónica Ojeda. " Tenía que ser posible crear un lenguaje que no se remordiera. Su intención, la más honesta de todas, era la de explorar lo inquietante; la de decir lo que no podía decirse. ¿Hay algo más humano que los deseos y los temores y la indiferencia a los deseos y a los temores del otro? En los prohibido estaba todo principio creador." Otra cosa es que lo que viene  después nos guste más o menos. He leído algunas reseñas que la proponen como una obra maestra y quizás crean unas expectativas desorbitadas con respecto a lo que la novela ofrece, que es mucho y de alta calidad y perturbador y original, pero que para mi gusto - solo soy un lector frente a la historia que se me cuenta-, no termina de ser una obra redonda. Pero quién necesita obras redondas y perfectas. Alguien afirmó alguna vez en un poema que la perfección es estéril porque no puede procrear. No se trata de que la historia que se nos cuenta sea perfecta, cerrada y redonda, porque quizás de ese modo nos excluya, sino de que nos  coja por alguna parte del cuerpo, a ser posible pudenda, y nos implique en lo que se nos cuenta. En ese sentido Mónica Ojeda lo logra, con esta historia de seis personajes que comparten piso, secretos y parafilias en Barcelona. La ya mencionada Kiki Ortega, aspirante a escritora de novelas pornográfica, Iván Herrera, 25 años,  master en Creación Literaria y con tendencias sadomasoquistas; el Cuco Martinez, 29 años, hacker, scener, diseñador de videojuegos y y ladrón de turistas en ratos libres, y los hermanos Terán:  Irene, Emilio y Cecilia sometidos a todo tipo de vejaciones sexuales por su progenitor. La novela se podría ver como una especie de seis personajes en busca de autor, pero es muchas cosas. La novela se articula en forma de entrevista  a los diversos personajes en torno a una investigación sobre el videojuego que da titulo a la obra. Dice A. Olmos en su reseña  de la novela que no hay escritor joven que haya podido escapar del influjo de Roberto Bolaño. La estructura remite a él, pero intercala la novela breve que escribe Kiki Ortega, y hay un capítulo contado por Emilio Terán, que en sí mismo es un cuento con todas las de la ley. Hay referencias literarias, cinematográficas y de otro tipo que intentan barnizar la dureza de lo que se nos cuenta: kafka, Hemingway, Onetti, Sade, Mishima, Eric Rohmer, Sterne, Sebold, Montaigne, Thomas Mann, Alina Reyes, S. Masoch, Philip K. Dirk, Moebius, Asimov, H.G. Wells, Dario Argento, Milo Manara, Russ Meyer, Armonia Somers,  Ralf König, Ursula K. Leguin, Ayn Rand, Griselda Gambaro, Alejandra Pizarnik. Cada referencia es una especie de caramelo o recompensa para el lector. Cada referencia abre una puerta a un mundo paralelo. Como excavar un pasadizo en el pasillo de ese piso  compartido donde quizás el sexo alternativo, la pornografía, la pedofilia, el incesto y la degradación conviven con unos personajes que se asumen a través del acto literario. Lo mejor de la novela o entre lo mejor de la novela es el desparpajo  y la convicción  y la mano firme con los que la autora se aplica a narrar los hechos por muy bizarros que estos puedan ser. Nadie en esa clase sabía cuánto odiabas tu pene erecto, cuánto querías arrancártelo y tirarlo al váter. Era una enorme sanguijuela  chupándote la vida de la pelvis. En la página siguiente, se da una buena definición de literatura como un vómito eyectado por gente como tú, llena de duplicidades y máscaras. Interesante es también la reflexión sobre la escritura y el propio cuerpo: Sabías  que la escritura no podría hablarte de tu carne. Solo el dolor era capaz de construir un discurso del cuerpo-no-tuyo, pero el dolor era intransferible e inexpresable para el lenguaje.  Son por este tipo de reflexiones sobre la escritura y el sexo en toda su amplitud por lo que "Nefando" me interesa especialmente y se puede considerar una novela de alto voltaje literario. El otro tema, el de los seis personajes y sus soledades y frustraciones encerrados en el laberinto de un piso en Barcelona, es la trama para la reflexión, como la estructura de entrevista de la novela es el armazón que sostiene reflexiones que raramente dejarán impertérrito al lector que se acerque a estás páginas -apenas 200-, escritas con un estilo preciso y sinuoso. Como muestra un botón: ¿Qué diferencia hay entre una santa mística y una mujer que le pide a su pareja que le eche cera caliente en la espalda y que le meta el puño por el culo? La pregunta tiene una solución en la novela, pero para los que no la han leído, la dejo en el aire, por si buscan alguna respuesta alternativa. La novela está cuajada de este tipo de hallazgos deslumbrantes que van un paso más allá de lo políticamente correcto. Cuánta dureza la de las oraciones gramaticalmente correctas. Me pregunto si tendré el valor de suficiente para escribir mal. // La adultez es la pérdida de lo frágil. // ...la escritura se parece a la infancia. // La irreverencia se parece a la escritura que bebe de los tropiezos. // Tropezar es imprescindible para narrar lo caído.// Quiero escribir para darle justicia a mi vergüenza. //...mi vergüenza será el bastión de mi lengua novelada Eso es lo maravilloso de leer una novela, cuando la leemos y la subrayamos escribimos la novela que para nosotros hay dentro de la novela que ha escritor el autor. Cada lector puede encontrar su propia novela dentro de una buena novela. "Nefando" lo es. Una novela que te salpica y te remueve y no te deja indiferente. Tengo una amiga a la que no le gustó y otra a la que le ha gustado tanto que dice que le faltan cien páginas. Para mi gusto quizás le sobren diez o quince páginas. No sé. Solo es una impresión. Por lo demás ofrece tanto  esta novela que uno debería volver a leerla de vez en cuando para no olvidarse de que:  Los poemas no son agradables, al menos no los que son buenos. La poesía que verdaderamente vale la pena es la que te deja caer. Imposible no salir quebrado de eso. Pues ya lo saben. Un poema en prosa sobre los deseos más oscuros del ser humano. Una narración hipnótica que te resquebraja poco a poco hasta romperte por dentro y arrojarte al pozo de tus propios miedos, esos que nacen en la infancia y de desarrollan  y reflejan en la literatura.

miércoles, 19 de abril de 2017

EL SOLDADO ASIMÉTRICO, ANTONIO MANUEL


"El soldado asimétrico" es un título magnifico. Estoy a favor de los narradores y poetas que saben titular sus obras. El título es la mitad del libro o del poemario. En este caso, la novela escrita por Antonio Manuel [Almodóvar del río, 1968] y publicada por Berenice, responde a lo que su título y  la primera línea que aparece en la contraportada promete: "Mi vida se fue a la mierda el día que lo conocí".  Se nos vende como una novela sobre el amor y la traición, sobre la guerra civil y la política, sobre la moral de unos personajes sin aparente moral y sobre todo se nos vende como una novela con un profundo aliento poético. Cuando uno escucha aliento poético junto al término novela lo mejor es poner pies en polvorosa. No es el caso. De todo lo que prometen el título y la contraportada hay en sus apenas 144 páginas que relatan la vida fragmentaria de un protagonista sin nombre que ha perdido un pie y se ha enamorado de que hombre que en la Copa de las Naciones  de 1964 debía asesinar al Generalísimo. Contado así el argumento de la novela es un puro dislate, una locura maravillosa, donde la casualidad o la no casualidad son parte intrínseca de la trama. Leída resulta conmovedora a ratos y brutal en otros momentos porque radiografía el alma de un ser humano con sus contradicciones. Luces y sombras de un amante desequilibrado. Los capítulos son cortos, no se agobien, aunque densos.Tampoco se agobien. Los párrafos han sido  limados hasta construir frases de una sola palabra o de dos o tres, que dicen mucho más con sus abruptas elipsis, que un párrafo descriptivo completo. Y luego esparcidos por el entramado de la novela página si y página también aforismos contundentes. A veces la trama es lo de menos, a veces lo importante es lo que queda cuando uno se desentiende de la trama y repasa lo subrayado durante la lectura. " Me duele la vida que debí haber vivido", "Con la muerte, la persona se convierte en cadáver y su patrimonio en herencia", "Nadie puede escapar la único dilema del destino, o eres lo que pareces, o pareces lo que eres", "La culpa y la decadencia son hermanas siamesas", " La depresión es un melanoma invisible que carcome la luz de los ojos hasta convertir el alma en un pozo", "La ignorancia no está reñida con la mala fe", "Tener razón sin tener en cuenta al otro equivale a un asesinato emocional", "No ser consciente del daño que haces más que disculpa es agravante", "El amor que obvia la opinión de sus destinatario es egoísmo", "Los estados son un espejo de las personas que los toleran", "El mal se halla en la esencia de las cosas", "El lenguaje de los gestos es infinitamente menos confuso que el de las palabras", "Las alcantarillas y la guerra están llenas de  fosas comunes que hablan más y mejor de lo que fuimos que cualquier informe arqueológico", "No hay nada más vejatorio que vivir en vano", "El poeta es el soldado más herido", "Amante es quien ejerce el amor con  fuerza centrifuga", "La geometría espacial de los amantes admite poliedros de caras infinitas", "La realidad es que todos los seres humanos tienen derecho a ser cobardes y muy pocos el deber siquiera de parecer valientes", "El héroe, como el gilipollas, es un amante universal de todos menos de sí mismo", "El silencio es el ruido de la ausencia", "Niños y amantes solo reivindican tiempo y existencia", "La culpa es la medida del tiempo", "Las relaciones personales son por definición deficitarias"...Y así podría seguir extrayendo estos aforismos que puntean la trama y la enriquecen para el lector interesado. También hay más de una interesante reflexión sobre la poesía, sobre el fracaso de la poesía y del poeta. "Brindemos. Por la poesía. Y por ti (mirándome), por vosotros, falsos poetas. Porque si en verdad lo fueseis, deberíais condenadores a vivir. A destruir y destruiros. Porque no hay poesía sin vida, ni vida sin libertad, ni libertad sin destrucción, ni destrucción que no fracase y termine con la muerte del poeta".  La destrucción empieza por uno mismo. Y la poesía también. Como la mayor parte de la literatura, de la buena literatura. "El soldado asimétrico" lo es en un porcentaje bastante elevado, aunque no este al alcance de todos los públicos. Quien la lea habrá comenzado su propia demolición. 

lunes, 17 de abril de 2017

MÁS ALEMÁN QUE HITLER GUILLERMO FADANELLI


Algunos libros se deberían vender con una faja que indique algo así como "Solo apto para lectores insensibles".  "Más alemán que Hitler" de Guillermo Fadanelli, publicado por la editorial Cal y arena en 2001, es uno de ellos. Solo apto para lectores insensibles, aunque los lectores insensibles siempre son los más sensibles y los más críticos. Literariamente. Yo suelo ser bastante insensible, pero aún así este libro de relatos me ha perturbado considerablemente. Perturbación moral y literaria, se entiende. Hay que aprender a leer obviando el tema. Este libro contiene un tipo de tristeza residual que como ciertas enfermedades de transmisión sexual resulta difícil de erradicar. Son catorce relatos breves que te empujan contra las paredes de tu zona de confort y que te golpean donde la piel se te ha endurecido y encallecido. Estos relatos duelen porque están escritos desde una visión nihilista del mundo. Algunos confundiendo fondo y forma, voz y mensaje, dirían que incluso machista. Se habla  del sexo como aniquilación o dominación. Se habla del dolor de la vida como pérdida y fracaso, entrega y limitación. A ciertos lectores quizás se les indigeste la crudeza del lenguaje con el que están escritos. Como si estuvieran escritos con sangre y esperma, vitriolo e ironía. Pueden que algunos no capten la ironía y se queden en la crudeza del lenguaje. "Si me acosté con ella fue por equivocación", comienza uno de los relatos. Más adelante afirma: "Era fea como un escupitajo, pero muy elegante". Viva lo políticamente correcto. Algun lector se rasgará las vestiduras, pero quién crea buena literatura ateniéndose a lo políticamente correcto. Pues eso. Y un poco después culmina: "...fue ella la que me arrebató los pantalones y comenzó a propinarme unos cariñosos mordiscos en la verga, tan dura como sus piernas morenas." Es un cuento que habla sobre una simple confusión. Casi un chiste comparado con otros que hablan de por ejemplo de un marido que se acuesta con el cadáver de sus esposa, de dos medio hermanos que se acuestan juntos  o de una adolescente huérfana sorprendida mientras practica sexo en los baños del colegio.  Algunos de los relatos son delirantes, como por ejemplo "Me llamo Urbana". Un relato sobre herencias morales y culpa donde el humor encubre en parte lo abyecto de aquello que se nos cuenta. La elección -entre fray Luis de León y Pierre Louÿs-, de la cita del anuncio en el periódico para elegir dama de compañía para un familiar que es un despojos humano desde que nació y que recuerda en cierto modo al soldado mutilado de "Johnny cogió su fusil" de Dalton Trumbo, pero con el don de la palabra es impagable.  Pero además "Más alemán que Hitler" posee otra virtudes. La Virtud de no tomarnos por lectores estúpidos y ofrecernos la frase exacta y el aforismo adecuado:  "Los estúpidos se entienden bien entre ellos, no cabe duda, y si se entienden a la perfección es que son más estúpidos todavía". Si no les he animado a la lectura compulsiva de estos relatos poco aptos para mentes sensibles, beatas y bienpensantes, aquí les dejo las primeras líneas del primer relato, que da muy bien el tono medio del libro y es toda una declaración de principios: "Hay una infeliz durmiendo plácidamente en mi recámara. No se trata de una extraña, sino de una mujer que ha vivido conmigo los últimos dos años de mi vida." Lo que viene después les está esperando en este libro publicado en 2001, pero cuya vigencia no ha decaído.

domingo, 19 de marzo de 2017

LOCAS DE ALEGRÍA, PAOLO VIRZI


Algunas películas parecen poca cosa.  Incluso parecen lo que no son. Como algunas personas. Algunas películas confunden.  Mucho y mal. “Locas de alegría” [2016]  película de Paolo Virzi [Livorno, 1964] es una de esas películas que llevan a engaño. No son lo que parecen o no parecen lo que son. Sobre todo si nos dejamos llevar por el cartel que nos vende la película. Ese coche rojo, esas dos mujeres huyendo hacia ninguna parte. ¿Una mala fotocopia de Thelma y Louise de Ridley Scott,  veinticinco años después?  Qué mala manera de ofertar el producto. Sobre todo cuando “La pazza gioia” [La alegría loca],  bastante mejor titulo el original, se vende sola y bien. Aquí tenemos dos mujeres y una fuga, pero los parecidos con la película de R. Scott acaban en el enunciado. Valeria Bruni Tedeschi [Turín, 1964]– absolutamente deslumbrante, como casi siempre- y Micaela Ramazzotti, se fugan de unos de esos manicomios que por hipocresía social se denominan casas de reposo.  Legalmente están locas. Son personas que han perdido el norte y los papeles. Queda bien que sean unas sin papeles. No tienen dinero ni documentos. Su huida hacia ninguna parte es una sucesión de desastres más o menos cómicos entre los que se filtra el drama de ambos personajes. En este sentido es una comedia dramática perfecta.  La comicidad nace de la diferencia  de edad, social y de carácter de ambas mujeres, pero lo que se nos cuenta es de una dureza extrema, devastadora –la locura en estado puro-, aunque se nos cuente con guante de seda. Y es que en una obra de arte sea, narrativa, poesía o fílmica, lo que se nos cuenta es importante, pero cómo se nos cuenta es todavía más importante. La forma y el tono lo son todo. Aquí tenemos dos mujeres marginadas por la buena sociedad bienpensante porque en algún momento de sus vidas cometieron un error, perdieron los papeles, ya lo he dicho, y una vez que se pierden los papeles no hay vuelta atrás. El personaje de Micaela intenta suicidarse con un hijo pequeño para evitar que se lo quiten, el interpretado por Valeria Bruni Tedeschi  hija de familia noble y casada con un abogado relacionado con las altas esfera se enamora perdidamente, pierde el juicio, por un estafador macarra que la desprecia. Ambas tienen que asumir sus errores y sus miedos, aunque no los entiendan racionalmente.  La película destila humor y a ratos una ironía hiriente, el personaje de la madre noble de Valeria, pero se impone una ternura más agria que dulce. Queda un retrato convincente de dos personajes perdidos, no tan  ajenos a la realidad como parecería, que a falta de los demás se tienen a sí mismas. El viaje a ninguna parte que emprenden al comienzo de la película ambas mujeres la devuelve al punto de partida, pero ya no serán las mismas que escaparon, han aprendido por el camino y en el aprendizaje está la fuerza para afrontar el futuro.  Yo no sé de ustedes, pero si tienen algún cine a mano donde la hayan estrenado compraría un billete. Es un viaje que merece la pena.

EL VIAJANTE, ASGHAR FARHADI



 La última película de Asghar Farhadi [Khomeyni Shahr, 1972] no es una película cómoda ni complaciente para pasar una tarde de sábado en el cine. Tampoco cualquier otro día de la semana. Plantea dilemas, sobre todo dilemas morales. Intenta que el espectador piense y piense del modo correcto y se esfuerza por contarnos una historia compleja, con aristas y sin maniqueísmos. Con cambios del punto de vista, aunque haya un punto de vista predominante. La historia de este matrimonio, Emad y Rana,  al que un error nimio conduce a un infierno de dimensiones cósmicas está trazada  con exquisita elegancia y un sofisticado guión donde la palabra es primordial. No es vano Emad es profesor de literatura y actor en un grupo de teatro y Rana actúa en el mismo grupo. Están representando "Muerte de un viajante" de Arthur Miller. La obra tiene un peso específico en el desarrollo de la acción. Casi toda la acción transcurre en interiores, apenas se ve la ciudad, Y cuando estamos en el exterior los planos son cerrados. Los que transcurren en el coche, por ejemplo. Tras el incidente que provoca el drama, solo hay dos opciones: olvidar o incidir en la herida. Rana, quizás más inteligente que Emad opta por la primera opción, pero su marido entra en una espiral  que convertirá el drama personal de los personajes en una tragedia. Estamos ante una historia dura sobre el alma del hombre, sobre lo que nos mueve y cómo los condicionantes sociales y culturales nos empujan hacia las zonas más oscuras  e inhóspitas de nuestra alma. Lugares sin posibilidad de regreso una vez que se ha traspasado una determinada frontera. Es lo que aquí sucede. Emad es incapaz de ponerse en el lugar del otro y empatizar, cuando descubre quien es el causante de los hechos.  Se siente humillado, no comprende el silencio de su mujer y tampoco entiende su forma de afrontar la realidad. Lo que ha sucedido es un acto vergonzoso. Él es incapaz de olvidar, su egoísmo le conduce a la obsesión, a intentar resarcirse a través de la venganza. No por le honor de su mujer sino  por cómo le afecta socialmente a él lo que le ha sucedido a ella. Llevar la venganza hasta sus últimas consecuencias implica la destrucción de su relación con Rana. El final es sobrecogedor, los dos personajes frente a frente, mirándose a la cara, mientras los maquillan para representar la obra de teatro de Miller, pero también la farsa que a partir de ese momento será su matrimonio, porque cada uno sabe ya como es el otro. Un infierno compartido. Nadie gana, todos pierden.

sábado, 25 de febrero de 2017

LUCIÉRNAGA ALBA CERES


*Composición  8 de la serie Suturas

“…como si acabara de enterarme de que las luciérnagas hacían señales descifrables en beneficio de los espíritus extraviados…”   Pálido fuego  Vladimir Nabokov


Tener más de medio siglo y escribir heptasílabos y endecasílabos parece que es un impedimento para poder apreciar “Luciérnaga”  Kriller71-Kokoro [2017], el primer poemario de Alba Ceres [Nápoles, 1986] O al menos así lo interpreto, cuando al comentar que iba a leerlo, me dijeron: pero no te va a gustar. Supongo que uno es uno y sus limitaciones, pero que, a cierta edad, ya se te vea como alguien, anquilosado y esclerotizado mentalmente, duele aunque sea un poco. Y de dolor  va este texto. O de qué hacer con el dolor  y la enfermedad cuando se convierten en cuerpo, cuando se encarnan en un cuerpo amado –en este caso la madre-, y lo va destruyendo hasta aniquilarlo.  Con su dolor, Alba Ceres ha elaborado un poemario. Y digo elaborado porque no se trata de un desahogo sentimental vomitado en un instante de rabia e impotencia ante la pérdida de un ser amado. No. Alba Ceres ha despojado al dolor del alarido de la hojarasca, del griterío de las ramas, del aullido del tronco y lo ha dejado en la  esencia de la raíz.  “¿hay/ un tú/ en la/ ceniza/ algo/ cáncer/ algo/ suave?”. La autora de estos versos ha tomado entre sus manos el dolor y la ausencia y los ha transmutado en poesía susurrada, murmurada, casi entredicha.  “Luciérnaga” es un poemario desnudo, descarnado e intimista, que sobrecoge por su ritmo y por su singularidad. Se puede intuir por lo que llevo escrito que el poemario sí que me ha gustado, aunque el adjetivo no me parece el más adecuado, pero ninguno de los sinónimos de gustar se ajusta tampoco a lo que quiero expresar. Encontrar la palabra adecuada en poesía es siempre el problema. Pero lo fundamental no es que la palabra sea la adecuada sino que el poema nazca de una necesidad, de una grieta, de una herida. Poesía para cicatrizar la herida, pero no una poesía de apósitos y vendas circunstanciales sino una poesía meditada, casi gélida, que cicatrice la herida desde dentro. Así son los versos que ha escrito Alba Ceres. “arrastrado/ de sí/ el mundo/ ya no/ contiene/ palabras/ como moles / no sujetan/ la flaqueza/ de envolver/ lo que/ no es/…” Son versos que nacen de la aceptación, que nada tiene que ver con la resignación, donde la ausencia se torna presencia y la enfermedad tránsito.  Versos donde la autora ha suprimido todo lo anecdótico, todo lo trivial y baladí, incluidos los adjetivos y los artículos. Poesía desarticulada. Poesía de verbos y sustantivos. Poesía sustantiva y honda donde, en cierto modo, todos somos enfermos terminales y la luciérnaga deviene símbolo de precariedad existencial. “luciérnaga/ que/ pálida/ en el/ rastro/ dura/ duras/ lejos/ en la / muerte/ amas/ tierno/ tan/ aquí”.  La luciérnaga se extingue, pero su luz perdura, pálida y tierna, y cuando los adjetivos se utilizan adquieren una prestancia y una significación muy lejana al adorno y muy cercana a lo primordial y al sentimiento en estado puro. “Luciérnaga” de Alba Ceres es un poemario que habla de un tema tabú como es el cáncer, pero no es un libro impúdico, sino que no habla desde el pudor más hondo y con la metáfora más exacta. Se inscribe en una tendencia actual de poemarios que  hablan de la enfermedad como si quisieran contradecir aquella afirmación de Susan Sontag, a quien tanto admiro, de que no se puede hacer literatura sobre el cáncer, y que todavía me parece válida, ya que ella la utiliza en el sentido de que escribir sobre sobre la enfermedad estigmatiza y condena al enfermo desde el punto de vista social. Un tendencia actual que incluye poemarios tan diferentes como “La sentencia” de Santiago Castelo [Visor, 2015] o “El mal” José Daniel Espejo [Balduque, 2014].  Contradiciendo a Susan Sontang y también, porque no a Primo Levi, sí que se puede escribir poesía después del horror y desde el dolor y la enfermedad.  Nada hay aquí de exhibicionismo ni de golpes de pecho, hay canto, canto  roto, fúnebre si se quiere, pero no, es sobre todo canto, porque como decía Machado, se canta lo que se pierde, canto susurrado, balbuceo, poema, poesía. Les dejo con la  exquisita luz de esta luciérnaga y les recuerdo que solo existen 300 ejemplares. Adquieran una de ellas antes de que se extingan y la oscuridad del abismo vuelva a rodearnos.

domingo, 12 de febrero de 2017

CONFIGURACIÓN DE LA ÚLTIMA ORILLA, MICHEL HOUELLEBECQ


Que uno encuentre más vida y más poesía y más humanidad en el quinto poemario del escritor  francés Michel Houellebecq [1958], titulado; "Configuración de la última orilla" [Anagrama, 2016], aunque el poemario original es de 2013, que en la mayoría de los poemarios escritos por poetas españoles se me antoja un signo de hacia dónde se dirige  la actual poesía escrita en castellano. Quiero decir con esto que en los fríos y a ratos provocadores versos de Houellebecq late un dolor sordo, silencioso, un asco vital, una ternura hostil, una mirada desolada y despojada sobre la realidad  y el ser humano que poco tiene que ver con el estado contemplativo y autocomplaciente de mucha de la poesía que se publica actualmente y que parece ensimismada en mirar una piedra y creerse piedra y en abrazar un árbol y sentir el palpito del universo entero en ese abrazo. La poesía debe ser una lucha entre lo previsible y acomodaticio y el animal salvaje que subyace bajo la capa de cortés hipocresía cultural con que nos ha recubierto la sociedad. La mayoría de la poesía que leo últimamente es de un conformismo radical. Incluida la que las editoriales grandes venden como si fuese poesía  emergente, contracultural  y rebelde escrita por adolescentes no tan adolescentes, músicos, raperos, rockeros y adjuntos. ¿Dónde la grieta? ¿Dónde la herida? Sí que he encontrado eso que busco en los poemas del escritor francés. Poemas breves como destellos de un fuego gélido. Poemas que restallan en el aire como el látigo de un domador de monstruos. No es la vida acaso eso, un monstruo que acaba devorándonos. Y de eso nos habla Houellebecq, de la vida. Una vida donde el autor nos comenta que "Por toda compañía tengo un contador eléctrico". La soledad absoluta. La desolación que procede de los años vividos, cuando se aprende que en verdad estamos solos, completa y absolutamente solos, aunque seamos incapaces de vivir sin el contacto de otro ser humano, aunque sea a nivel sexual e instintivo: "Los hombres solo quieren que les coman el rabo". Como afirma el poeta: "Mi vida es un fiasco total".  Uno puede vivir en mitad de la derrota y del caos. Uno se adapta. Ni siquiera el sexo es una liberación  a cierta edad. Más bien se convierte en otra frustración."Cuando ya no te empalmas, poco a poco todo pierde importancia; Poco a poco todo acaba siendo opcional." La vida opcional es lo que nos deja la vida cuando ya nos ha arrancado los sueños y las esperanzas que nunca debimos soñar ni tener. "Nada es reparable en la vida, / Nada persiste tras la muerte". Ni siquiera el amor que alguna vez justificó la vida, porque el amor  acaba antes, se pierde antes. "Perder el amor es también perderse a uno mismo.// Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento." Pero a pesar de todo nos aferramos al sufrimiento, nos aferramos a la vida, porque no nos queda otra cosa a la que aferrarnos. "Quienes temen morir temen, de igual modo, la vida". Puede que el problema esté en nosotros, en los poetas, en esos seres desgarrados que viven la vida preguntándose su sentido y que, quizás, lo sencillo sería, aceptar las cosas tal cual vienen, sin preguntas, sin respuestas. "La vida está ahí, casi dócil, / Simplemente no he tenido suerte". El poeta sigue a vueltas con la vida. "Es la cara B de la existencia". "Cualquier futuro es necrológico". "La vida no tiene nada de enigmático". "Y la fascinación es una segunda vida". "Mi vida es un fiasco total".  Alguna gente se  aferra al amor o a la religión o a las drogas o a cualquier atisbo de luz en mitad de la penumbra de este valle de lágrimas. Houellebecq no. " No existe el amor / (No el de verdad, no lo suficiente) / Vivimos sin ayuda, / Morimos abandonados". Así vista, la existencia se convierte en pura desesperación en las páginas de un libro " Escrito por un cabrón / Y leído por cretinos".  En esa existencia el autor escenifica su propia muerte. " Una muerte suave y deliciosa / En un aeropuerto pequeño // Pon tu lengua sobre mi polla / Antes de que no haya nada de nada". El pesimismo radical del autor se ajusta muy bien a la estructura en ruinas de la vida. Y para rematar o dejo el poema que más me ha gustado de esta "Configuración de la última orilla". Poesía para náufragos.
                     
                         Existir, percibir

                         Existir, percibir,
                         Ser una suerte de residuo perceptivo  (si se puede decir así)
                         En la sala de embarque de la terminal 2D de Roissy,
                         Esperando el vuelo con destino a Alicante
                         Donde mi vida proseguirá
                         Durante algunos años aún
                         En compañía de mi perrito
                         Y de las alegrías (cada vez más breves)
                         Y del aumento regular de las dolencias
                         En esos años que preceden de forma inmediata a la muerte.

domingo, 5 de febrero de 2017

LA PASIÓN SEGÚN DIONISIO, PEDRO JUAN GOMILA MARTORELL


La poesía, como la pasión, no es monolítica. No es una certeza. No es respuesta y casi siempre es duda, herida lacerante, grieta honda, carne apaleada y piel magullada. Dicho esto, existen muchos tipos de poesía. Tantos tipos de poesía como poetas. Sin embargo, hay una poesía insurgente que es riesgo y verdad, símbolo y rabia, meditación y fuego, culturalismo y vida, realidad inhóspita  y deseo insatisfecho. Una poesía que es en sí misma una enmienda a la totalidad, una apuesta a cara o cruz, pues es revelación y sacrificio, principio y fin; una poesía que no sucede sino que se forja en el alma y se piensa en el corazón y provoca los sentidos. A ese tipo de poesía clandestina que ni da certezas ni deja indiferente porque aunque se forje en el alma y se piense en el corazón se escribe con lágrimas y sangre derrama, con esperma y con ira y la mayoría de las veces con las tripas y otras vísceras, a ese tipo de poesía que es como la violación de la intimidad del poeta y está escrita con una mezcla de pudor e impudor, pertenece la poesía de Pedro Juan Gomila Martorell [Palma, 1967] cuya última entrega hasta el momento es “La pasión según Dionisio”, editorial La Lucerna 2016. Una vuelta de tuerca más al ritual de la carne desde la multiplicación de los espejos poéticos, “Arcadia desolada” [2013] y  “En la tierra de Nod” [2015], donde el espectro del poeta se dobla y se desdobla entre la razón de la sinrazón y el instinto, entre la crudeza, la violencia y la belleza del lenguaje  y la metástasis de la angustia existencial. Desde aquella Arcadia a esta Pasión, Pedro Juan Gomila Martorell  ha trazado con sus torrenciales y encendidos versos iracundos un itinerario que está previsto que acabe entre las llamas del fuego purificador y redentor de “Las hogueras de la carne”. O no, quién sabe.  No están demasiado lejos el paraíso del infierno; el útero de la fosa, la madre castradora del hijo  mutilado y exangüe, en los tenaces versos de este poeta  a contracorriente de la aséptica y epidérmica poesía virtual y virtuosa –entendida como dominio de la técnica, pero también como ajena al vicio, que es el sustrato de mucha de la mejor poesía que se ha escrito-,que se practica hoy en día y que las editoriales manufacturan como agua de mayo y producto de lujo para adolescentes emocionalmente narcolépticos.  No, la poesía de Pedro Juan Gomila Martorell, duplicado entre el ser y el no ser, procede del dolor y se sustenta en el dolor, nace de la lucha encarnizada entre el yo y el otro, entre el hombre muerto que camina como un zombi por el mundo y el hombre nuevo que aspira a vivir la plenitud de su deseo prohibido y marginado. Ese es el origen del que fluye el torrente poético de este autor que se debate entre no solo entre el yo y el otro sino entre el nosotros y el yo mismo –entre el no-es-otro-y-soy-yo-mismo-, soy mi  propia prisión mi propia cárcel, la víctima y el verdugo. Claro que la familia ayuda, y la sociedad también. Pero en el fondo, el  dilema  moral e inmoral y la desgarradura carnal son internos, una grieta en el alma, una laceración de los sentimientos. No hay cura para el estigma de la vergüenza. Se lee en alguna parte. Eso lo sabe bien el poeta y con cada entrega poética ha ido colocando los pilares  para construir un puente utópico que no sabemos bien si acabará en la liberación  o en la destrucción total del personaje poético. No hay medias tintas ni versos incruentos, equidistantes o tibios.  La apuesta, ya lo anuncié, es a todo o nada. O conmigo o contra mi naturaleza. Contranatura.  Los cimientos de este puente ni tiemblan ni se agrietan. Son sólidos pues se sustentan sobre la cadencia clásica de un verso barroco y sinuoso, curvilíneo y sagaz que se retuerce sobre sí mismo como un san Sebastián asaeteado por la lujuria de la reflexión. Hay en las tres entregas un anhelo de una patria que es todas las patrias  como un cuerpo es todos los cuerpos. La Arcadia perdida de la infancia cede paso al destierro  del paraíso. “La pasión según Dionisio” apunta soluciones provisionales: Nuestra patria halla su lar en nuestro pecho / que palpita sin temor junto al amado, / consumiéndonos con besos, con abrazos…./ Dejaremos la ceniza de los cuerpos / tras la danza deleitosa del esperma… ¿Acaso vivir no implica encontrar soluciones provisionales para seguir viviendo y sufriendo nuestra herida? Cada cual la suya. La de Pedro Juan Gomila Martorell es la de la carne profanada que maldice en la casa del Instinto.  Hay en todo poema un gesto de impotencia y todo poema acaba siendo al final el monólogo de un espectro, una fantasmagoría, un juego de voces y ecos, de símbolos sacros y profanos, de profanaciones y hierofanias, de fluidos varios y de amputaciones. Los poemas están repletos de sombras deslumbras y de mitologías subyugantes, de referencias no siempre fáciles de entender para le dócil lector actual de poesía precocinada –de ahí el abundante aparato de notas-, de versos contrariados cargados de furor y rabia, la del poeta que se despezada en el poema y trasciende el poema y se ofrece en carne viva, palpitante, en un refinado y ritual sacrificio en forma de auto sacramental sacrílego donde la profanación del yo alcanza la belleza de la palabra enajenada, de la palabra del otro. Porque los poetas, los verdaderos poetas, como los amantes, solo pueden ser y trascenderse en el otro;  porque somos en el espejo del cuerpo ajeno, en el dolor del otro que es el nuestro. Porque siempre somos el otro y el que nos margina. Si la raigambre de la niebla es la materia, la materia del poema es el propio poeta entregado en cuerpo y alga, lo sacro y lo profano ardiendo en la misma llama, lo bello y lo siniestro - ¡Trinchad el pene hervido en los calderos! / Mas mío el corazón. Y es suficiente.-, la brutalidad y la ternura en una misma pasión funesta.  Según Dionisio, o según Pedro Juan Gomila Martorell.

sábado, 4 de febrero de 2017

NUEVAS TEORÍAS SOBRE EL ORGASMO FEMENINO, DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR


"Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", escrito por Diego Sánchez Aguilar  [Cartagena, 1974],  doctor en literatura, profesor de enseñanza secundaria y poeta y narrador a tiempo indefinido, es un libro de relatos  insólito y solidario, un libro de relatos que descoloca y para dejar las cosas claras desde el principio un estupendo y brillante libro de relatos sobre la hipocresía social y sexual. Y para afirmar que se trata de un brillante y estupendo libro de relatos no hay que ser un lince ni un adivino ni un vidente, ya que su calidad viene avalada por la concesión del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2016. Y además es el primer libro de relatos del autor. Este libro habla de sexo  explicito, implícito y polivalente y, también,  de cosas que tienen que ver con el sexo y sus alrededores: masturbación, voyerismo, relaciones extramatrimoniales, penetraciones varias, conducción temeraria,  celos, pornografía, drogas, turismo sexual, mulatos, pero sobre todo habla  de literatura y de para qué coño sirve la literatura, suponiendo que la literatura sirva para algo. Si piensan que esta reseña está un poco subida de tono, esperen a leer el primer párrafo del primer relato. José Luis tiene una erección tremenda. Si uno reseña un libro que empieza así, tiene que estar a la altura, o un poco por debajo. No conceden el premio Setenil a la mejor reseña del año. Eso lo tengo claro. No me hago ilusiones al respecto, pero el amor propio es la primera ley del sexo no correspondido y de la literatura universal.  Y sexo no correspondido y literatura hay mucha en estos siete relatos de palpitante actualidad e insatisfactoria realidad. Y aquí introduzco el término realidad que es parte fundamental de la ecuación narrativa que propone Sánchez Aguilar.  El otro, el sexo, ya lo habrán intuido ustedes a poco que sean  poco intuitivos a estos niveles.  Realidad sexual, sexualidad real, el orden de los términos si altera el producto y además nos aleja del objetivo que late en el fondo de la propuesta de este libro, aunque sí que hay un aspecto o una derivada que interesa: la realidad y el sexo se llevan a patadas, o a contrapié o son algo contranatura. Elijan ustedes el concepto que más les guste. Como su propio título  señala–por muy irónico  y sardónico que sea-,  este es un libro de tesis, un libro de relatos de tesis pero sin moral ni moraleja, en el cual el sexo es el macguffin como en las películas de Hitchcock. Así  nos aproximamos confiada y festivamente a  esa cruda realidad edulcorada  con aromas afrodisiacos  y carnales por el autor que además  pretende vendérnosla envuelta en celofán, como el tahúr que sabe que está vendiendo gato por liebre. Sánchez Aguilar se disfraza de entomólogo social y de antropólogo sexual  y selecciona un pequeño pero certero  catálogo de personajes reales y mediocres como la vida misma para viviseccionarlos y mostrarnos sus vicios y virtudes al natural.  Sobre todo sus defectos, porque, quién lo duda, el hombre es imperfecto por naturaleza y cuando esa naturaleza es de orden sexual, entonces, la imperfección es doble.  Ya que en el ser humano, el sexo es la distancia más corta entre la realidad y el deseo.  De eso hablan estos relatos, de lo que los seres humanos desean o creen que desean y de lo que obtienen en realidad y de las consecuencias  y daños colaterales que eso genera en el entorno: soledad, frustración, ira, incomunicación.  El autor fiel a su aplicada tarea de entomólogo antropológico o de antropólogo entomológico, se ha propuesto abrir en canal la banalizada sociedad actual y utiliza el sexo como el bisturí con el que diseccionar  la realidad de una clase social, la clase media, una clase social desclasada, inclasificable, y sin conciencia de clase media, y recurre a la ironía y al sarcasmo como  anestesia para que el lector no salga por pies y espantado ante el resultado del diagnóstico. Para ello ha seleccionado un exquisito catálogo de ejemplares mediocres, vulgares  y anodinos que cubren todo el espectro de la grama de grises  que abunda en la clase media y ha elegido esos momentos típicamente tópicos –una cena de empresa, un viaje de mujeres solas a Cuba, un encuentro de antiguos alumnos de  instituto- dónde el alcohol y la nostalgia y el rencor por la deudas pendientes de la vida nos muestren ese animal malherido emocionalmente que es el ser humano en general.  El reparto de protagonistas no tiene desperdicio: José Luis, 39  años, empleado de banca, casado con una hija; Anselmo Alonso, 41 años, soltero, tímido, cien kilo, trabajador de correo; Aurora, cuarenta años, separada  trabajadora de La Caixa;  Francisco y Marta, matrimonio en la cuarentena con un hijo que viven ya dentro del apacible mundo sin sexo; Paula González, 40 años, casada con hijos, trabajadora en un hospital; Vicente, 30 años casado, culto, moderadamente feminista y liberal, pero celoso; y  Fernando, 30 años , 184, soltero, sin ideales políticos, fotógrafo publicitario. Con este reparto y contándonos las historias en presente inmediato, porque todos sabemos que el presente anterior es pasado y el presente posterior se confunde con el futuro y que el presente inmediato  nos permite meternos de cabeza en la historias y verlas y sentirlas y vivirlas desde dentro como si nosotros fuésemos parte de lo que sucede, como si nosotros fuésemos  José Luis teniendo una tremenda erección mientras piensa si Cristina lleva o no lleva las bragas puestas e  incluso cuando la historia transcurre en dos tiempos distintos, separados entre sí 20 años – por ejemplo “Injusticia”-, ambas historias se relatan en presente, como si se buscase la inmediatez del sexo rápido, brutal y urgente. Sánchez Aguilar orquesta esta socio-radiografía sexual en tres dimensiones que deja transparentar muchos de los graves problemas  endémicos que aquejan a la sociedad moderna en la que estamos insertos: la soledad, la insatisfacción, la incomunicación, la frustración y los placebos sociales, como son: las drogas, el alcohol, los eventos deportivos, el turismo todo incluido, los edificios con materiales de primera calidad, la pornografía, la publicidad.  Para ello tira de escuadra y cartabón y utiliza una prosa elegante, fría, exacta y minuciosa, donde cada palabra está colocada con la precisión de quien construye una bomba de relojería de efecto retardado. Una bomba que no estalla cuando la estás leyendo sino cuando tiempo después vuelves a pensar en ella y te olvidas de esa primera erección de José Luis o de si Cristina llevaba o no llevaba bragas en la cena de empresa.  Lo que perdura cuando se agotan los fuegos de artificio del sexo, es la amargura de unos personajes estafados por la vida, que nunca han tenido el tipo de sexo que la publicidad les vende, que viven en apartamentos cuyas hipotecas tendrán que heredar sus hijos, que apenas hablan con sus parejas de lo que desean, que apenas desean, que sobreviven atrapados dentro de su propia frustración.  El único triunfador de estas historias es Fernando, el fotógrafo de la última historia, que en el fondo es un triunfador a medias y un triunfador a medias es un fracasado, al que le gustaría tener una Harley Davidson  XR 1200 pero no se  la compra por el accidente en el que murió  su hermano y le gustaría ser un indignado, pero no lo ve coherente con sus trayectoria económica,  ya que es un tipo con dinero heredado de la especulación inmobiliaria. Este personaje, que graba sus encuentros sexuales  con las modelos  que fotografía para luego retocar las imágenes publicitarias y añadirles ese matiz vital que solo se produce cuando uno se abandona en el orgasmo, aunque para él, el mejor orgasmo es el que mejor interpretado está, se me antoja una reflexión metaliteraria sobre la propia obra narrativa, donde la realidad perfectamente fotografiada palabra a palabra es luego retocada por el autor para otorgarle  ese halo de vitalidad que la palabra por sí misma no tiene.  De todo esto no habla este libro de relatos titulado “Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino” y publicado por la editorial Balduque, pero que si no fuera porque deduzco que el titulo es una necesaria provocación para estimular las ventas, bien podría haberse titulado muy adecuadamente “Nuevas teorías sobre la frustración de la clase media en tiempos de crisis”, claro que entonces quizás hubiésemos pensado que se trataba de un  sesudo tratado económico, en lugar de un estupendo y brillante y demoledor  primer libro de relatos 

domingo, 22 de enero de 2017

MUNDO CRUEL, LUIS NEGRÓN



Se ve que tengo un principio de año poco constructivo.  Me gustaría decir algo agradable sobre los relatos de "Mundo cruel" de Luis Negrón, pero debo de tener el espíritu critico por las nubes. Estos cuentos venían envueltos en cierta aura. La faja afirma que es una espléndida colección de relatos sobre las variedades de la experiencia homosexual. Pero a mí solo me ha parecido una colección de relatos sobre las variedades de la experiencia homosexual. Creo que le sobra el espléndida. Los relatos no están mal, quiero decir, que tienen voluntad literaria, pero se quedan en eso; en la voluntad literaria. Monólogos intrascendentes que parten del tópico dan un salto en el vacío y se estrellan en el mas puro vacío. Fuegos de artificio. Alguno incluso bordea lo cursi sin aportar la suficiente distancia irónica. Hay un par de buenas ideas, pero poco más. Y un prólogo  laudatorio de Ignacio Echevarría que va de la página 9 a las 23. Teniendo en cuenta que el libro tiene 103 páginas con los agradecimientos y el índice y que incluye 9 relatos. Poca cosa, nimia. Poca cosa para el precio que cuesta. Le precede su fama. El libro se publicó en 2010. Que no me guste no significa nada. soy un simple lector que opina. La idea de "Mundo cruel" el relato que da titulo a la colección es buena, pero está desaprovechada. Del resto solo me ha interesado la historia de ese padre que quiere emigrar a Estados Unidos porque intuye que su hijo es gay y quiere darle al menos la posibilidad de vivir en un país donde pueda desarrollarse sin que le repriman. Contado así parece un chiste macabro. Pero es que por mucho virtuosismo que uno ponga es difícil trabajar con materiales de derribo y que te quede una casa funcionaL y decente. No todo el mundo puede ser Eduardo Mendicutti . Quizás esperaba demasiado de estos relatos y mi decepción ha sido proporcional a mi anhelo. 

viernes, 6 de enero de 2017

EL EDITOR DE LIBROS MICHAEL GRANDAGE


A veces tienes la sensación de que te gustaría salvar algo porque consideras que tiene suficientes virtudes para ser salvado, pero al mismo tiempo te invade la sensación contraria de que quizás sería mejor dejar que eso que te gustaría salvar permanezca en el olvido porque no llegó a estar a la altura de lo que esperabas de él. Algo así me sucede con "El editor de libros". Esperaba más mucho más de ella, dada mi fascinación por el tema que trata y por el autor Thomas Wolfe, el autor de "El ángel que nos mira". La película es correcta, pero ansías que hubiera sido algo más que correcta. El reparto es estupendo a pesar del desequilibrio que supone la actuación de Jude Law que casi contagia a Nicole Kidman, aunque no del todo. Lo que se cuenta es interesante y trascendente: el papel de manipulador del editor, de creador de una obra propia a partir de una obra ajena. ¿El editor poda el árbol plantado por el escritor o simplemente lo mutila? No es cuestión menor cuando se habla de derechos de autor y todas esas zarandajas. El problema es que la película es tan fría que no emociona ni siquiera cuando debe emocionar. Parece manufacturada en serie. Podemos creernos la pasión de los personajes, pero esta no se transmite en la pantalla. Ni la de Wolfe escribiendo ni la de su amante entregada incondicionalmente a él, ni la del editor por la obra del autor novel. Y una película de este tipo que no emocione es como un ramo de flores que carece de olor. Bello, pero innecesario. Eso sí, queda el marchito perfume de lo que hubiera podido ser esta historia en otras manos.