domingo, 22 de septiembre de 2013

LA HABITACIÓN CERRADA MAJ SJÖWALL/ PER WAHLÖÖ


He escrito varias veces sobre mi admiración por esta pareja de escritores de novela policíaca [Söjwall, Estocolmo, 1935- Wahlöö, Gotemburgo 1926-Estocolmo 1975] que no volveré a insistir sobre lo que ya he insistido en demasía. Esta vez se trata de  comentar su octava novela de la serie de diez dedicadas al inspector Martin Beck: La habitación cerrada, -cuyo titulo parece un remedo de una de las maravillosas novelas de mi también admirada Agatha Christie-, trata de un muerto en una habitación cerrada, como indica el título, pero también de atracos a bancos; pero nada de esto es importante. Lo importante es el diagnóstico de una sociedad que se pudre por donde no debe, por la cúpula política y por el poder de los que manejan los hilos de la estructura social a su antojo. Martín Beck es un comisario más triste que de costumbre. El humor es un arma hilarante por momentos. Pero el punto fuerte de esta novela es el análisis social de una época, principios de los setenta, que  es un anticipo de la sociedad donde mal morimos actualmente con la ficticia broma de una crisis económica que no hemos creado nosotros sino los políticos y banqueros que, más que gobernarnos, intentan someternos con clausulas contractuales y abusivas,  cuando en realidad son ellos los que deberían pagar los platos rotos  de este caos financiero y social en las próximas elecciones. Somos la sociedad que tenemos. O mejor somos, la sociedad que los políticos y banqueros nos han obligado a elegir. La mayoría de la gente corriente no piensa porque ha sido educada para no pensar, o para pensar poco; lo justo. Y así nos va. De puta madre. Sjöwall y Wahlöö detectaron y se anticiparon a esta realidad que nos rodea hace cuarenta años.  Servirán algunos fragmentos de la novela para constatar la actualidad de su argumento y la modernidad de estos autores críticos con la sociedad en la que les tocó vivir. El problema es que su diagnóstico continua vigente. Pag. 77 ...hubo alguien en la policía que descubrió la posibilidad de utilizar un simple, pero no transparente, método  de control de las estadísticas de la criminalidad, de manera que resultaran del todo engañosas sin, no obstante, ser manifiestamente incorrectas. Se empezó solicitando una fuerza policial  más militante y homogénea, más recursos técnicos en general y un amplio equipo armamentístico en particular. Para conseguirlo, era necesario exagerar los riesgos de la profesión. Como los disparates generalizados no bastaban como medio de presión política, se recurrió a otra salida: manipular las estadísticas. // En este sentido, las manifestaciones políticas organizadas durante la segunda mitad de los años setenta ofrecieron grandes oportunidades. Los manifestantes abogaban por la paz y eran sofocados por la fuerza; casi nunca iban armados con algo más que pancartas y sus propias convicciones, pero eran recibidos con gases lacrimógenos, cañones de agua y porras de goma. Casi todas las manifestaciones no violentas desembocaban en caos y alboroto. Las personas que trataron de protegerse fueron golpeadas y arrestadas. Luego, acusadas de "violencia contra funcionarios públicos" o de "resistencia virulenta", ...Cada vez que se enviaba un centenar de policías a repartir palos en una manifestación, la cifra de supuestos atentados contra los agentes de la autoridad se disparaba. Les suena a presente repetido una y otra vez en este país y otros. Los mecanismos del poder son siempre los mismos, en el pasado y en el presente. Puede que ahora se hayan aliado con el poder económico que es quien sostiene a los políticos. No nos engañemos.  Pag. 92. Envejecer solo, pobre e incapaz de arreglárselas por uno mismo significaba que, después de una larga vida de trabajo, de pronto uno se veía privado de su dignidad e identidad, condenado a esperar el final en alguna institución , junto con otros ancianos marginados y exangües. // Las instituciones ni siquiera se llamaban así, ni siquiera se llamaba residencias de ancianos. Ahora tenían que llevar el nombre de "hogar del jubilado" u "hotel para jubilados", y eso para pasar por alto el hecho de que en la práctica, la mayoría de los ancianos no vivían allí por voluntad propia, sino que simplemente habían sido condenados a ese tipo de cuidado institucional por un denominados Estado del bienestar que ya no quería saber nada de ellos. // Una dura sentencia para el delito de ser demasiado viejo. Cuando se es un desgastado engranaje de la maquinaria social, a uno le pueden tirar a la basura.  Añado yo que, antes, ahora y mañana.  Pag. 196. La única rama del cuerpo que tenía más recursos que delitos que combatir era la policía de seguridad, que realmente no desempeñaba tarea alguna, ya que aún se ocupaba casi exclusivamente del registro de comunistas y, tercamente, ignoraba las diversas y más o menos exóticas organizaciones de ultraderecha. Pag. 197. ...ocurre que cuando la clase alta bebe, se le llama "cultural del licor", mientras que cuando los ciudadanos de clase baja tienen necesidades similares inmediatamente son etiquetados de dipsomaniacos o enfermos que precisan asistencia social, tras lo cual nadie los asiste. Pag. 210. Los guardianes de la moralidad se lamentan de que los niños, especialmente, las niñas empiezan a follar a los trece años. Idiotas. Todo el mundo sabe que uno se empieza a poner cachondo a los trece o así, pero con la píldora y el DIU una chica está más protegida que Fort Knox. Pag. 215. Habló un poco de generalidades, sobre todo del precio de la comida y de las trampas con las fechas de caducidad. Tengo la impresión de que están hablando de algún ministro del ramo o similar. Pag. 237. La tasa de desempleo, mientras tanto, era cada vez mayor, tanto que incluso los universitarios y los profesionales altamente cualificados no tenían trabajo y debían pelearse por empleos mal renumerados y muy por debajo de sus capacidad. Pag. 239. Su hija le preocupaba enormemente...Quería que creciese en un ambiente cálido, seguro y humano, donde la obligación de perseguir el poder, el dinero y el estatus social no convirtiera a las personajes en enemigos, y donde las palabras "comprar" y "tener" no se considerasen  sinónimas de felicidad. Pag. 240. Quería a toda costa salir del país: se  sentía cada vez más a disgusto con él y había comenzado a odiar esa sociedad que alardeaba de un bienestar que estaba reservado solo a unos pocos privilegiados, mientras que para  la gran mayoría el único privilegio era empujar la rueda que mantenía  la maquinaria en movimiento.  Yo, a veces me pregunto si la gente, el trabajador de a pie no se dará cuenta que el poder para mantener a la sociedad tal cual o cambiarla está en sus manos y no solo con el voto sino también porque es la fuerza que genera riqueza y si la fuerza que genera se niega a trabajar entonces todo se paraliza y es posible empezar de nuevo en igualdad de condiciones. El análisis de Sjöwall y Wahlöö es impecable y certero.  Parece que no hubieran pasado cuarenta años. Se publicó en 1972. Está de rabiosa actualidad No le tengan miedo a la realidad aunque provenga del pasado.

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