sábado, 26 de diciembre de 2009

JOSÉ VIÑALS



La muerte de José Viñals [Corralito, Córdoba, Argentina, 1930- Málaga 2009] a principios de diciembre me pilló con el pie cambiado. Desde entonces he querido escribir unas líneas sobre él, pero por hache o por be no me ha sido posible hasta hoy. Sólo unas palabras para dejar constancia de que la poesía puede ser luminosa y tierna, pero también revolucionaria y concienciada. Viñals es uno de los escasos poetas importantes que he conocido personalmente aunque fuese por unas horas. Coincidimos en el aula de poesía José Luis Sampedro de Aranjuez que dirigía por entonces Juan Carlos Rodríguez Burdalo. Viñals iba de invitado y yo como ganador del premio de poesía que convocaba el aula. Viñals se mostró en todo momento acogedor y cercano, tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar dedicado de "Transfiguraciones" con el que acababa de ganar el premio Jaime Gil de Biedma en el año 2000 y departimos durante un rato largo en la posterior cena oficial. Me habló de la importancia que para los poetas hispanoamericanos de su generación tuvieron la poesía y la figura de Miguel Hernández y yo escribí meses después un artículo sobre él titulado : "El hijo del panadero" que se publicó en la revista Empireuma. Viñals siguió publicando aceleradamente, aunque muchos de sus libros ya eran obras de referencia: "Entrevista con el pájaro" [1969]; "Padreoscuro" [1998]. Opinaba que la poesía " prepara el espíritu para la revolución; y si no lo prepara, de una manera traidora, para el silencio y la complicidad..." Cito de memoria. Y en tiempos en los que los poetas tienden a la comodidad de la lírica difusa que no compromete a nada ni con nada ni nadie,también dijo que "La poesía si no es de izquierdas no es de vanguardia". La suya lo es. Y mucho.

domingo, 22 de noviembre de 2009

JO NESBO


Un fin de semana típico por atípico. Pasar de la esperanza a un estado parecido a la desolación en un instante. Estados de ánimo que no ayudan a sobrevivir. El viernes acudí a cine con dos amigos para ver una película que apenas me interesaba por el simple hecho de pasar un par de horas en su compañía, sabiendo que no volveré a verlos hasta el próximo fin de semana. El sábado una lectura poética en la librería 80 Mundos en la que a falta de amigos de toda la vida acudieron algunos de mis conocidos imprescindibles y dos o tres nueva amistades que espero consolidar. La amistad es una sustancia frágil, como la poesía. Y anoche, después de las despedidas me quede leyendo hasta las cuatro de a mañana para acabar "Némesis" la segunda novela de Jo Nesbo (Oslo, 1960) publicada en castellano por RBA. Ya había leído el año pasado "Petirrojo" y tenía ganas de volver a encontrarme con Harry Hole, el protagonista de ambas novelas. Ni pizca de decepción, al contrario. La trama atrapa desde el primer instante y no te suelta hasta a última página. Además incluye magníficos personajes secundarios y altas dosis de sentido común. La debilidad es humana. Quizás sea el único rasgo que nos humaniza. Si no fuésemos capaces de demostrar debilidad terminariamos perteneciendo a la categoría de los que siempre creen que tienen razón e intentan imponer sus ideas por a fuerza. Las novelas de Nesbo nos salvan del fascismo cotidiano y de un mal fin de semana; un fin de semana donde las esperanzas no están a la altura de nuestras decepiones.

domingo, 15 de noviembre de 2009

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN


Reconozco que Ricardo Menéndez Salmón [Gijón, 1971] me recuerda físicamente a un buen amigo, pero eso no es determinante a la hora de los afectos literarios. Lo primero que leí suyo fue un cuento. Uno de esos cuentos con los que ganó un premio. Luego leí "La ofensa"[2007]. La obra me gustó sin terminar de convencerme. Uno siempre es crítico, a veces, en exceso con los artistas a los que admira; tanto como con uno mismo. Este pequeño vicio me bloquea a la hora de escribir. Es como si supiera que pudiendo escribir un poema mejor o un cuento más perfecto fuese incapaz de ponerme a ello. Resultado: la postergación perpetua, sobre la que Benedetti afirmaba que era un crimen en sí misma. Soy el verdugo de mi propio talento. Los cuentos que componían el volumen "Gritar" me reconciliaron con el autor. Especialmente uno de imagen brillantísima: "La vida en llamas"; título que se corresponde también con un poemario de Luis Alberto de Cuenca. La última obra de R. M. Salmón "El corrector" es un cubo de agua fresca sobre el rostro adormecido de una sociedad resignada y claudicante. Casi un curso de filosofía aplicada: "La vida privada de los objetos es así, terrible para los mortales. Nosotros cambiamos, ellos permanecen"; "La verdadera maldición de la vida no es el trabajo, ni el sinsentido de la existencia, ni siquiera el dolor y la enfermedad: la verdadera maldición de la vida es el tedio."; "Cuando Platón diseñó su República perfecta, abogó por la expulsión de los poetas. El poeta, decía el filósofo ateniense, genera desorden al trabajar con el lenguaje que es, por definición, ambiguo." "La buena literatura siempre se escribe después de la tormenta". Estoy de acuerdo con el autor, la buena literatura se escribe siempre después de la tormenta y siempre es un refugio, frágil y provisional, pero refugio, contra la tormenta.

sábado, 24 de octubre de 2009

SÁNDOR MÁRAI



Acabo de terminar de leer "El último encuentro" de Sándor Márai [Kassa, 1900-San Diego, 1989]. Ya había leído antes "Diarios 1984-1989" [2008] pues siempre me han fascinado los suicidas aunque sean octogenarios. Frente a toda esa gente que se empeña en aferrarse a la vida en el ocaso de ella, aunque sea en condiciones inhumanas, tener la lucidez de pegarte un tiro cuando la vida ya no merece el nombre de llamarse así es un ejemplo a seguir. Márai es un escritor brillante. Un escritor de ideas. Sus novelas se plantean como largos monólogos que cuentan una historia que es sólo parte de la historia, pero realmente lo que importa son los destellos de verdad que disemina en sus novelas. Unos cuantos ejemplos extraídos de El último encuentro. "Uno no puede apropiare de una persona y alejarla de todos los demás sin tener remordimientos"; "Uno siempre conoce la verdad, la otra verdad, la verdad oculta tras las apariencias, tras las máscaras, tras las distintas situaciones que nos presenta la vida"; "La realidad no es lo mismo que la verdad. La realidad son solo detalles"; "La soledad es un lugar lleno de secretos, como la selva"; "Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes...Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo:eso no importa"; "Porque la pasión no conoce el lenguaje de la razón, ni sus argumentos"; "Viviendo en soledad uno lo conoce todo, y ya no le tiene miedo a nada"; "Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano"; "La culpa ya existe antes, la culpa reside en la intención "; "Sólo a través de los detalles podemos comprender lo que es esencial"; "Quien sobrevive a otro es siempre el traidor". Y para finalizar, una definición de poeta: "Mi padre también es poeta, ¿no lo sabías? Siempre está pensando en otra cosa".

domingo, 11 de octubre de 2009

AGOTA KRISTOF

En tiempos de lecturas vacuas y recomendaciones estériles de los suplementos literarios hay que destacar la labor de la editorial El Aleph que viene recuperando la obra literaria de la escritora de nacionalidad húngara, pero afincada en Suiza y escritora en francés Agota Kristof [ 1935]. Tras haber publicado "Claus y Lucas", titulo que recoge la trilogía protagonizada por estos dos hermanos gemelos [ El gran cuaderno, 1986; La prueba, 1988; La tercera mentira, 1992] hace los propio con los relatos de "Ayer" [1995] y " No importa" [2005]. Reivindicar a Kristof es reivindicar la gran literatura. No la banalidad del best seller que no quieren vender las editoriales, sino la literatura que habla desde su verdad y habla de temas importantes con ironía y unas gotas de sarcasmo. Los personajes de Agota Kristof nunca son agradables; solamente son humanos. Sus miedos se reconocen en nuestros miedos, su egoísmo, su hipocresia y su maldad nos son cercanos. Nosotros somos ellos, devastadoramente ellos. Para Kristof el hombre es un lobo para el hombre. Su obra es breve y tardía, pero sabia. Nada sobra en su textos de capítulos cortsos y perturbadores. Va directa al grano y prescinde del sentimentalismo para que no empañe la verdad de los hechos. Ella no cree en las palabras pero, sin embargo, las utiliza como nadie. Cada vez que me pierdo en el laberinto de la realidad vuelvo a mi viejo ejemplar de "El gran cuaderno" y lo utilizo como antídoto contra los falsos sentimientos que la sociedad nos vende como buenos sentimientos. Hay que desconfiar de los sentimientos y de las palabras que los transmiten. Como ha escrito, agota Kristof :" A fuerza de repetidas, las palabras pierden poco a poco su significado y el dolor que nos producen se atenúa". Las obras de esta escritora de mirada dura e incisiva no pierden por mucho que las leas su significado y desde luego, el dolor que nos provocan no se atenúa. En eso consiste una obra de arte perdurable. Esperemos que pronto aparezca en español esa obra autobiográfica que con suprema ironía ella ha titulado "La analfabeta ".

domingo, 4 de octubre de 2009

WOODY ALLEN

Como cada año acudo puntual a la cita con la película anual de Allan Stewart Konigsberg [Nueva York, 1935], más conocido como Woody Allen. Es un ritual que comparto con algunos amigos. Poco importa que la película del director neoyorquino sea buena, mala o regular. Ver la película anual de Woody Allen es un ejercicio de profilaxis intelectual. Son muchos años ejerciéndolo para renunciar ahora. Hay costumbres a las que no se puede renunciar de la noche a la mañana. Creo que llegué al cine de Allen en el momento adecuado. Todas las películas anteriores a "Interiores" [1978] la recuperé posteriormente en vídeo o cineclubs y a partir de "Manhattan"[1979] he sido un fiel seguidor del cineasta neoyorquino. Guardo gratos recuerdos de "Comedia sexual de una noche de verano"[1982], "Zelig" [1983], "La rosa purpura del Cairo" [1985], "Hannah y sus hermanas"[1986], "Otra mujer"[1988], y "Delitos y Faltas" [1989]. Creo que esos años son los más creativos del Woody Allen y donde fondo y forma se acomodan mejor. Aunque he visto todas sus películas posteriores, sólo tres o cuatro más han dejado en mí una huella similar a las mencionadas "Misterioso asesinato en Manhattan"[1993], " Poderosa Afrodita"[1995], "Todos dicen te quiero"[1996], "Macht Point" [2005]. No se trata de que las últimas películas de Allen sean peores que las primeras, que por cierto eran bastante malas, sino que después de 44 películas, un director que siempre habla en primera persona de sí mismo y de sus traumas, parece haber dicho todo lo que tenía que decir; pero no. Las películas de Allen valen lo que sus diálogos. Su argumentos se olvidan con facilidad y suelen tener tantos agujeros que las tramas apenas son una excusa para hilvanar reflexiones brillantes sobre temas aparentemente profundos. Los filmes de Allen son como burbujas de champán. Embriagan en el momento, dejan una cierta sonrisa y, a veces, se olvidan nada más salir del cine. Como mucho nos dejan un par de chistes. El humor de Allen es verbal. Uno podría leer sus guiones y obtener el mismo resultado que al ver sus películas. Apenas recuerdo nada de los argumentos de las últimas películas de Woody Allen, pero sin embargo sus frases restallan, repletas de veneno y vitriolo. Su último artefacto cinematográfico se titula "Si la cosa funciona". Y desde luego, esta vez, la cosa funciona. El protagonista, alter ego del director, es un impresentable pesimista, misántropo y maniático al que le tomamos cariño, la joven que se casa con él es de manual de comedia, inepta hasta decir basta,aunque el director al final la redima, y los padres de la joven están dibujados con ácido sulfúrico. La crítica a la sociedad actual no deja títere con cabeza y sales del cines con la convicción de que sería necesario que Woody Allen hiciera un par de películas al año, aunque fueran la mitad de buenas que "Si la cosa funciona". Tiene que ver con la higiene mental de una sociedad como la actual: pacata, homófoba, xenófoba, hipócrita y completamente doblegada por las estructuras de poder, ya sea político, económico o cultural. Woody Allen siempre es un soplo de aire fresco.

domingo, 20 de septiembre de 2009

IAN RANKIN

Para superar la decepción, finalicé agosto eligiendo otra novela policíaca con la que ampliar mis horizontes. Una forma como otra cualquiera de escapar del la realidad, aunque la novela policíaca es en la actualidad una de las mejores formas de radiografiar la realidad social. Uno no aprende de sus errores; y eso es lo bueno de la vida, ya que si aprendiésemos de nuestros errores seriamos insoportables y perfectos y la perfección es espantosa y estéril como proclaman unos versos de S. Plath. El mundo no va a mejor, sino a peor. No hay que ser demasiado perspicaz para darse cuenta, aunque la mayoría de la gente prefiere no darse cuenta, llevar una vida mediocre y gris, pagar un piso que no vale lo que pagan por él y adormecerse con lo bien que le va a nuestra selección de baloncesto, con los triunfos en la Davis y con esa frase tan manida que indica que tenemos la mejor liga de fútbol del mundo. Luego dicen que no existen las drogas duras. Nos pueden despedir de nuestros puestos de trabajo con la aquiescencia de los sindicatos y no ocurre nada; pero supriman el fútbol en abierto y ya veremos qué ocurre. Puede que el pueblo se levante airado y manden a políticos y empresarios donde les corresponde dentro del círculo del infierno y conste que a mi los deportes ni me van ni me vienen. Yo quería hablarles de la novela de Ian Rankin [1960] que he leído "Cuestión de Sangre". El inspector Rebus en estado puro. Una fotografía nítida de los problemas de la sociedad actual. En uno de los capítulos, mientras los personajes vuelan hacia la isla de Jura, hay una conversación con el piloto: [¿Lee alguna vez poesía inspector?. -¿Tengo yo aspecto de leer poesía?. -Francamente no. A mí me gusta mucho Yeats y anoche leí un poema suyo: "Sé que encontraré mi destino entre nubes en el cielo; no odio a quienes combato ni amo a quienes protejo". ¿No es lo más triste que puede haber?...¿Sabe cómo se titula el poema? Un aviador irlandés preve su muerte]. Es lo que tiene leer novelas, de vez en cuando esconden pequeños tesoros. Las posibilidades del destino son infinitas, las del hombre también, a pesar de que el hombre no crea en ellas. Pensé en el libro de poemas que Justo Navarro publicó en 1986 "Un aviador preve su muerte". Pensé en como acaba el poema de W.B. Yeats [1865-1939] "En el recuerdo, todo equilibrado,/ con el futuro no gasto saliva,/ bastante gasté ya con el pasado:/ esta vida, esta muerte, equilibra". Y también he estado dándole vueltas a un par de versos del poemario de Justo Navarro. Uno termina descubriendo como dicen sus versos "la confortable/ dulzura de saber que la vida es en vano ".