domingo, 11 de noviembre de 2018

BOHEMIAN RHPASODY BRYAN SINGER


Reconozco que no soy un gran admirador de la música del grupo Queen, algo más lo soy del director, Bryan Singer, pero nada más salir de ver Bohemian Rhapsody, no he podido resistirme a escribir unas palabras sobre ella.  La palabra que mejor define el acto cinematográfico disfrutado es entusiasmo. No sé si es la música, las interpretaciones, no solo del entregado  Rami Malek, sino de todo el reparto,  la energía que el director emplea en contarnos la historia del nacimiento de Queen y de la popularidad de su cantante Freddie Mercury, un hombre hecho a sí mismo, o hecho a la imagen y semejanza de sus sueños, aunque luego el paraíso no resulte ser tan confortable ni habitable como uno imaginaría que debería serlo. Es algo más que un biopic al uso. Es algo más que una película con números musicales. No sabemos si lo que se nos cuenta fue así o no, pero acaso importa. La factura es impecable,  hay humor e ironía, el argumento se sostiene y sobre todo el retrato psicológico del protagonista - un  protagonista que no es un personaje perfecto, sino con virtudes y defectos-, aparentemente fuerte y con las ideas claras sobre lo que quiere ser en la vida, pero profundamente manipulable en sus carencias emocionales, que cuando deja de reprimir sus instintos e impulsos sexuales cae en el extremo contrario. Todo eso está en Bohemian Rhapsody, pero sobre todo vayan a verla al cine porque es una experiencia que vista desde la pantalla plana de un televisor posiblemente pierda parte de las grandes virtudes que posee. 

jueves, 1 de noviembre de 2018

CARTA ASTRAL OSCAR NAVARRO


Lo primero que llama la atención no es el título del poemario sino la edad del autor. Publicar a cierta edad tiene sus riesgos. Que Oscar Navarro se haya atrevido a publicar a la edad en la que otros poetas comienzan a recopilar y publicar sus obras completas o casi, solo indica el respeto que el autor tiene por esa labor callada, solitaria, y metafísica que es la poesía. La poesía entendida como echar un vistazo al mundo y a las circunstancias que nos rodean. Nada que ver con la poesía como compulsivo desahogo sentimental o sentimentaloide preadolescente.  La espera ha merecido la pena. La poesía de Oscar Navarro tiene eso tan preciado y apreciado por los buenos lectores de poesía como es un estilo. Un estilo propio y apropiado.
Pero en poesía no todo es el estilo.
La poesía que es solo estilo acaba siendo nada.
Hay que tener también una mirada y algo que decir. Oscar Navarro posee ambas cosas: algo que decir y una mirada propia, como su estilo, que es fruto no solo de su experiencia vital sino de sus múltiples lecturas, lo que hace que “Carta astral” no solo sea un poemario sobre la experiencia vital  de un hombre inmerso en el río de la vida, sino también un poemario con un hondo y acendrado culturalismo que en ningún momento ahoga el curso del fluir de sus versos ni el  sereno ritmo de sus discurrir. La poesía de Oscar Navarro atesora una forma de mirar la vida y un mundo propio y original, que es lo que se le pide a  un  buen poeta; que no quiera repetir moldes ni seguir corrientes anquilosadas.
Dice David Sarrión Galdón que la poesía es un hombre lobo que se alimenta de sus propias heces. Lo que me lleva a otro pensamiento, este más ortodoxo, extraído “Asinara” la obra dramática de Thomas Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. El poeta como un hombre lobo que se alimenta de los restos de su propia devastación, de sus sueños y de sus fracasos y el hombre como un lobo para sí mismo y para el resto de sus congéneres.  La idea de que la poesía nace de lo que llevamos dentro y queremos sacar fuera de nosotros porque si no la vida se nos haría todavía más intolerable e insoportable. Y la idea de que el hombre es un ser en conflicto consigo mismo y con el resto de sus congéneres y que vivir es un estado de lucha y crisis permanente. Toda poesía nace de ahí  de esta doble relación del hombre consigo mismo y con el resto del universo.  La poesía de Oscar Navarro va de lo intimo y personal a lo general y universal. O a la inversa. En alguna entrevista que ha dado he leído que, el noventa por ciento del poemario se sustenta sobre la invención de un personaje poético, pero eso no quita para que la verdad del poemario siga siendo la verdad del poeta que lo ha escrito, a pesar de que disperse su voz en cada poema, quizás por pudor o quizás como forma de tomar distancia con respecto a los hechos que relata. Aunque no se sabe si realmente lo dijo, estoy muy de acuerdo con aquel aserto de que “Madame –Bovary c ést moi”  atribuido a Gustav Flaubert.  O sea, que “Carta Astral” es Oscar Navarro, porque a poco que se analice el poemario uno encuentra en él la radiografía del pensamiento y la forma de estar y entender el mundo del poeta que lo ha escrito.
En un verso, Pedro Alberto Cruz dice: La vida es una mala imitación de la muerte, y en el primer poema del Carta Astral, Oscar escribe: Cerré los ojos y quedé dormido / como dormido. / Cerré los ojos y entonces la muerte./ Y en este punto habría que terminar / el poema, tendría que terminar / pero es literatura / donde morir no es seguro.  De un golpe es poeta nos arranca de la realidad y nos introduce en el territorio de las palabras, en el lugar donde todo es posible. Incluso lo imposible. Y lo imposible es el eterno retorno a lo posible. El poema se titula “Aries o el Renacimiento”, y  habla de la muerte, quizás de una muerte entendida como muerte espiritual, y también habla de un renacimiento, del renacimiento del poeta silente a la poesía que una vez abandonó: También ese turista con maleta de cola que retorna al antiguo idilio con su cuaderno de tapas flexibles. / No olvida. / No reniega. / Bebió de aquellas mismas copas donde navegaba / un jirón de nubes rojas, ardiendo por levante.
No, no voy a comentarles todo el poemario poema por poema, solo pretendo, dar unas pinceladas sobre lo que yo he intuido o he querido ver  e intuir en esta Carta Astral de Oscar Navarro. Y de paso resaltar dos o tres asuntos curiosos sobre este poemario. Una carta astral debería hablarnos del futuro, es un mapa natal que predice lo que nos va a ocurrir, pero Oscar Navarro, utiliza esta estratagema para hablarnos de lo que ya le ha pasado, de lo que le está pasando, porque el futuro, su futuro y el del resto de la humanidad, ya lo tiene claro hace mucho, mucho tiempo: Somos la hez, el final y el virus de la tierra / somos enfermedad  incurable / a menos que veamos la amputación como método de cura y solución definitiva para el desastre / y lo mejor es desaparecer / antes de que sea demasiado tarde.  En otro poema es todavía más contundente: La muerte llegará, sin duda alguna, / con cronometro y claqueta colgando de la mano…
Oscar Navarro nos propone un  juego, el juego de la vida y para ello se sirve de la estratagema, el diseño de una carta astral donde combina los doce signos zodiacales con once planetas y objetos menores. Con los 12 signos del zodiaco escribe doce poemas  más o menos extensos con un verso libre, amplio, que deja respirar al lector, con asociaciones e imágenes irracionales y un tratamiento del ritmo sincopado; mientras que con los once poemas dedicados a los planetas, el poema se abrevia, se concentra, se adensa, se torna esencia y claridad. Lo curioso es que Oscar  no se ciñe a la idea de Carta Astral con 12 signos y 11 planetas, sino a 12 signos y 10 planetas. No solo  prescinde de Plutón, que no es un planeta astronómico, sino que introduce a Quirón, que es un cometa, por Urano. Quirón el centauro inteligente y gran educador. Quiero pensar o interpretar, tal y como está escrito el poema, que el centauro un trasunto del padre muerto, figura que aparecen en otro poema sobre la enfermedad. Por tanto, no estamos ante una carta astral ortodoxa, sino ante el capricho de un poeta para engarzar su versos y estructurar su visión del mundo, que mucho me temo es lo más contraria a una carta astral, porque no creo que Oscar Navarro sea partidario de la predestinación del hombre, sino más bien de la libertad individual del ser humano. Con sus aciertos y sus errores. Con sus dudas y certezas. Y luego para ir a la cama, / solo preguntas. Y / luego, al despertar, / perplejidad / y miedo.
El miedo me parece otro gran tema de este poemario. Así lo atestigua “Géminis o la conciencia propia”. El único miedo que comprendo es el miedo al propio miedo. Parafraseando a Cortazar: todos los miedos el miedo.  El miedo a la vida. El miedo a perderlo todo, el miedo al fracaso. Y aquí nos encontramos con la figura de Ulises. Un “ulises” con minúsculas, genérico, anodino.  Y no sabemos si se trata del mítico Ulises homérico o ese otro Ulises moderno diseccionado con maestría por Joyce. Algo del Ulises del Joyce hay en la estructuración del poemario. Posiblemente Oscar utilice al personaje homérico - joyceano como símbolo del hombre perdido que se enfrenta al mundo  kafkiano armado tan solo con la antorcha de su miedo. La lucha de Ulises contra el tiempo. La lucha de Ulises por recuperar el tiempo perdido y todo lo que tenía antes de perderlo todo. Ulises es un  héroe infeliz, como todo ser humano, es un antihéroe. Como nos recuerda el pasaje de Polifemo, Ulises utilizará una treta que es un símbolo de su propia esencia como personaje. Vence a Polifemo haciéndose llamar Nadie y de este modo, puede ser cualquiera, cualquier ser humano, todos o ninguno: nadie. En el dédalo gris rosa que es mi cerebro / no es diferente al de los otros, no es diferente del tuyo tampoco / se esconde la imagen de un cuerpo / ulises; tu torso desnudo sin sombra de culpa, / desnudo y cubierto con gotas saladas después.  // Ulises, aquí Polifemo extrañándote. /
Creo que Oscar se ha esforzado y ha forzado la rígida estructura del poemario para darle un sentido conceptual a su visión del mundo, un sentido casi místico, estoico de eterno retorno, donde los acontecimientos siguen reglas de causalidad, donde hay un principio del tiempo y un fin del tiempo que genera otro principio, otro comienzo, repetido y semejante. Lo que nos lleva de Nietzsche y su Gaya Ciencia donde plantea que no solo los acontecimientos se repiten inexorablemente sino también los pensamientos, los sentimientos y las ideas. De ahí el planteamiento circularmente perfecto del poemario que acaba con La disolución:  Ahora me dirijo a quien sepa / escuchar y quiera leer. / Ahora descanso y cierro los ojos. Y que comienza con El renacimiento: Un día cerré los ojos / o tal vez / me los cerraron, como se apagan las luces y se cierra la puerta …
Esto nos lleva a Dios, o mejor a la ausencia del Dios.
Nos lleva a Platón y el mundo de las ideas: Porque no hay dos mundos en el mundo. Pero sobre todo nos lleva a imprecar directamente a Dios: Quiero agradecerte, Dios, que no existas. // Quiero darte las gracias, Dios, porque no eres necesario, / porque no hace falta que existas salvo cuando, / algunas noches, / miro al cielo y me pregunto por el extremo de esa oscuridad. // Quiero darte las gracias, Dios, o dios, o numen, o idea de lo inefable, o consuelo, o quimera salvífica y bella, o inexistencia, o atribución de todo bien y todo mal. // Gracias por estar no estando. Si me he detenido en seleccionar unos fragmentos de este, el último poema del libro, es porque a pesar del pesimismo que cruza los versos del poemario como un relámpago que ilumina un instante la existencia / inexistencia de este Ulises condenado de antemano a regresar al origen de su destino, al final queda un aliento de esperanza que es quizás lo único que separa al hombre del lobo.  Y es que todos estamos condenados a volver al origen. Ya como anuncia el poema dedicado a La luna: Dibujo circunferencias // me gustan las cosas redondas, // me gusta la suavidad de la curva: // Me gustan las cosas que son redondas, / como el cálido útero primero.  El útero el lugar del origen. 
Y la ausencia / presencia de Dios al final del poemario es contradictoria. Por eso, estimo que a pesar de renegar de Dios con la boca pequeña, el poemario está repleto de versos oraculares que son como plegarias,  oraciones  o cantos salmódicos que bordean hábilmente la frontera que separa la mística de la metafísica.
Y es que “Carta Astral” es un libro de poemas especular, que juega – ya he dicho antes que Oscar juega con el lector-, a doblar y desdoblar la realidad, a reflejarla de un poema a otro, invirtiendo o subvirtiendo a veces los significados y las imágenes que se van repitiendo a veces como pautas dramáticas. Por ejemplo, los niños coperos y las copas, las ciudades – Lisboa, Paris, Ginebra-, las referencias musicales- en especial  Olivier Messiaen-, los diamantes, el blanco…Incluso los títulos de los poemas tiene esa idea de duplicidad y el autor utiliza no solo el signo zodiacal  sino también lo que simboliza ese signo, por ejemplo; Cáncer, la familia; Piscis, la disolución; Capricornio, la sabiduría. Podría haber hecho eso mismo con los planetas que utiliza como contrapunto, pero no lo hace. Y es significativo ya que muchas veces los planetas simbolizan lo mismo que los signos del zodiaco. Por ejemplo: La luna simboliza la familia, Júpiter la sabiduría y la comprensión, Neptuno, la disolución. Y podría existir una clara correspondencia entre ambos, pero Oscar crea su propio horóscopo poético colocando los planetas o descolocándolos no donde armónicamente podría corresponder – por ejemplo Júpiter en Capricornio o la Luna en Cáncer-, sino donde percibe que mejor le funcionan las similitudes, las contradicciones y  las discrepancias que conllevan astros y signos. Tanto es así que el antihéroe Ulises acaba convirtiéndose en Polifemo: Porque / desconozco mucho, casi todo, / pero hace tanto que dejé de ser ulises / para devenir Polifemo…
“Carta Astral” es un poemario existencialista y antiexistencialista, que busca trascender la vida o la falta de vida a través de las palabras, de la palabra,  de la poesía, del poema,  porque el tiempo son palabras, son olores, son caricias, son palabras.  Pag. 29.  Estoy herido de literatura. / Tengo fe en que solo en la escritura puede hallarse el fármaco cuando la enfermedad no es conocida. / Estoy herido de letras…Pag. 37.  seguiré luchando y escribiendo y apostando / a la casilla más difícil, al número más raro. / Puedo perder, por supuesto, / porque apostar es señal / de que aún queda esperanza.  Pag 44.  Oscar apuesta por el poema, por la poesía, por la palabra como única fe, como única esperanza para perpetuar el posible sentido al absurdo de la vida: Quedarán las palabras / nombrando / todas las inspiraciones, / testificando, bellas, / la memoria. Pag. 45
La poesía como testimonio del tiempo de fluye. La poesía como única esperanza de eternidad. La eternidad lo único a lo que no puede aspirar el hombre, tan frágil , tan hecho de tiempo. Y si hasta ahora he hablado desde el poeta,  en ciertos poemas el poeta se abre a lo que le rodea, no solo a la familia, sino también a aspectos sociales, como la relación del hombre con la máquina o en como la vida rutinaria nos transforma o transmuta en seres sin sentimientos en robots. ..soy un robot que a veces sueña y tengo miedo. Un verso que remite directamente a Isaac Asimov, y sus “Sueños de robot”, donde se afirma que los robots no sueñan. Pero no quiero  ser exhaustivo y pretendo dejar algunos aspectos del poemario a su criterio para que ustedes los disfruten como yo he disfrutado de la lectura de Carta Astral.
Un poemario donde Oscar Navarro se permite el guiño de un heterónimo y donde podemos rastrear influencias aquí y allá, no solo en las citas sobre la felicidad  del epigrama 31 de Catulo que encabeza “Géminis, o la conciencia propia”, o la cita de Thoureau  sobre el tiempo y el retraso que preside “Leo, o la fuerza vital”, sino también en un sinfín de versos que son como agujas que se clavan en la memoria, como aforismos y, a veces, citas encubiertas o no de otros autores: Los niños / tendrían siempre que ser niños / o no ser. //  Pag. 15  Solo de  lo de adentro puedo proclamar que es mío. Pag 23. El tiempo no nos tiene en cuenta en su dibujo. Pag 24. El miedo me sirve para saber que aún estoy viva. Pag. 25.  …porque todo lo que tiene un nombre tiene también una flaqueza. Pag 25. …mi cuerpo es una isla lejana y sin arrugas Pag. 26. Que alude a unos versos de Odyseas Elytis  de Salmo XVII y XVIIi de la pasión: A tierra lejana y sin pecado / a Tierra lejana y sin arrugas.  Seguimos con los aforismos: La belleza transparente de la muerte, Pag. 28. Referencia a Javier Cercas en “La Velocidad de la luz”: Después de haber conocido la belleza transparente de la muerte. Más versos aforísticos: En la salvación estaba oculto su enemigo. Pag. 32. Todo es nada y vuelve después a empezar.  Pag 36. La poesía es el camino más seguro, más recto, / hacia la cordura. Pag. 37. …La vida no es un obsequio sino un préstamo. Pag 37. La mecánica de esta época se opone a la belleza. Pag. 38 Desear intensamente ser eterno. Pag. 46. …quedará por aquí polvo de estrellas, / memoria de la nada Pag. 46  Versos que reelaboran a Carl Sagan y aquella frase de que Estamos hechos de polvo de estrellas…y no hay nada más. Y un par más para terminar de completar esta visión de un poemario rico en recovecos, alianzas y conjeturas. Aunque nada es nunca para siempre y todo conduce siempre a la nada  Pag. 56  Solo acaba en victoria la batalla / que nunca se ha librado. Pag 57.
Oscar Navarro ha librado su batalla y ha escrito el poema, los poemas de esta “Carta Astral” que refleja con solvencia una visión propia y matizada de su forma de entender la vida y de estar en la vida.  Una poesía que aúna la perplejidad con la belleza, la conciencia de la propia mortalidad con la fe en la inmortalidad que quizás solo es posible en la poesía. Oscar Navarro es un poeta honesto, que escribe desde su verdad más honda, y que como Sísifo se pregunta ¿Cuánta mentira es capaz de sostener sobre su espalda el ánimo / elusivo de una sola persona honesta?  La respuesta está entre las páginas de esta “Carta Astral” que ustedes ya están tardando en ir a comprar en su librería más próxima. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

LAS DISTANCIAS ELENA TRAPÉ


Hay películas que te hacen volver al pasado. "Las distancias", segunda película de Elena Trapé [Barcelona , 1976], es una de ellas. Me ha recordado a los años setenta y al cine que producía Elías Querejeta. Si estuviera vivo quizás la hubiese producido él. "Las distancias" es una radiografía. "Las ditancias" es un retrato generacional sobre una generación arrasada por la crisis. Una no generación. Si no se titulara como se titula, debería titularse "No future" como si fuera una canción de los Sex Pistols. Tenemos cinco personajes en busca de autor, pero sin  futuro y casi sin presente.Tienen algo de muertos vivientes. Si se habían planteado un feliz  fin de semana de cumpleaños en Berlín, nada sucede como esperaban. Las cosas nunca son como esperamos. La vida nunca es como la soñamos. La insatisfacción es la norma. Ser borde no ayuda a ser mejor. Los recuerdos del pasado tampoco. El amor se pudre en los recuerdos. Emigrar a Alemania no es sinónimo de triunfo. Todos somos aprendices de fracasados. ¿Qué hacer cuando no sabes que hacer con tu vida? O como diría Almodovar ¿Qué he hecho yo para merecer esto? El cumpleaños de uno de los personajes es la excusa para un drama íntimo de unos personajes que se consideran amigos y quizás los fueron en otro tiempo, pero ya no lo son. El tiempo es la distancia más corta entre el fracaso que fuimos y el que seremos. La línea recta de la desolación. "Las distancia" es una película repleta de miradas y de silencios. De personajes que huyen. De personajes que escapan de sí mismos, que no terminan de verse de cuerpo entero ni de valorar sus virtudes y defectos. Puede parecer fría, pero los personajes están a la distancia exacta. No sucede casi nada y sucede todo en este fin de semana en un Berlín poco tópico y más bien sucio y gris. No se puede escapar de la realidad.  No hay más futuro que el presente. Ningún futuro será mejor que ahora. "Las distancias" es una película triste, casi claustrofóbica. Necesaria en un país donde todo lo que se nos vende es happy flower. Felicidad enlatada. Trapé ha tardado diez años en volver a la dirección desde su primera película, "Blog" [2008], pero la espera ha merecido la pena. No había demasiados espectadores en la sala, pero merece la pena darse un triste baño de realidad social y de fracaso generacional. Anímense, vayan al cine. Y si es cine español y de la calidad y precisión de "Las distancias", mejor que mejor. 

lunes, 27 de agosto de 2018

EL VIAJE DE NISHA DE IRAM HAQ



Hay películas que nos golpean porque lo que relatan nos incumbe personalmente, pero también hay otras películas que nos golpean, incluso cuando lo que nos relatan apenas pertenece a nuestra iconografía particular. Hace tiempo que abandoné la adolescencia, o que la adolescencia me abandonó a mí. Por eso una película como "El viaje de Nisha" podría ser una de esas películas que no entran dentro de la órbita del cine que me interesaría ver. Quizás el titulo en español despista. Viene a decirnos que la protagonista, una adolescente  de familia pakistani plenamente integrada en la sociedad noruega, que sin embargo tiene que hacer equilibrios en la cuerda floja para aceptar las imposiciones familiares, sera obligada a realizar un viaje físico y emocional para aprender a apreciar las tradiciones del país de origen de sus padres. Si me la venden como una película de aprendizaje interior, me interesa poco, menos o nada. Quizás por eso me interesa más el titulo con el que se ha estrenado en Francia "La Mala reputación", un poco al estilo de la canción de George Brassens. Porque con ese titulo, si se incide en el problema base de la historia, la relaciones familiares entre un padre y una hija, sobre el fondo de la hipocresía social de una sociedad machista y represora. Así, este viaje, este secuestro realizado por el padre y el hermano de la protagonista, se convierte no en una crónica de un viaje interior de aceptación de la protagonista como ser humano con emociones, ideas y sentimientos propios, que lo es también, sino en una radiografía de la sociedad tradicional anquilosada y enferma, donde la familia es un núcleo de represión que se retroalimenta infinitamente, y del que resulta difícil escapar, que en el fondo todos queremos pertenecer a una familia. Y es duro aceptar que la familia te rechaza porque les molestas, porque la has deshonrado según su concepto. Es duro que te alejen, que te condenen, que te repriman, que te obliguen a mentir.Todo eso está en este viaje de Nisha, lo que la convierte en una película de terror.  Y no solo por dos o tres secuencias clave, sino porque el terror, no es que te encierren en una habitación sin comer, que te obliguen a desnudarte en la calle porque te han pillado besándote con tu primo, que te quemen el pasaporte, que quieran casarte con alguien a quien no conoces y enviarte lejos para que no les estorbes, o que te pidan que te suicides arrojándome por una montaña. Sí, la mala reputación. La hipocresía social. Pero ojo, no se trata solo de hablar de machismo y el concepto de los hijos como una posesión de la familia. Ese es un problema colateral. Lo que da miedo, más miedo, lo que de verdad produce terror, son la mujeres, la mentalidad de las mujeres, de la madre y  de la tía de la protagonista. Esas mujeres que tan asimilado tienen el machismo que acaban convirtiéndolo en matriarcado. Esas mujeres que gobiernan  sus hogares desde el silencio. Siempre he pensado - y supongo que mucha gente no estará de acuerdo con esto-, pero seguiré pensándolo, que el machismo se mama. Que un padre puede ser un mal ejemplo, pero que son las madres, esas terribles madres hitchcokianas, las que educan a los hijos y los convierten en lo que son.  La madre de está película es un ejemplo perfecto de madre castradora  y machista encantada de ser haberse conocido.  Hermoso y doloroso ese plano final, ese esa perturbadora despedida en silencio entre el padre en la ventana y la hija en la calle.  La cicatriz, la herida.

domingo, 3 de diciembre de 2017

TIERRA DE DIOS FRANCIS LEE




En poesía, creo que es en la austeridad donde mejor se demuestra la emoción.  Encontrar una película como "Tierra de dios" de Francis Lee  [1969] que desde el naturalismo más extremo, el fango, el estiércol, el frío y la brutalidad y dureza de la vida rural logre emocionar hasta lo más hondo es en sí mismo un milagro. El milagro que siempre se espera del cine o del poema o del arte en general.  La posibilidad de alcanzar la emoción del corazón. Así queda cursi, pero tal y como lo expresa en imágenes el director la historia de amor entre  Josh O´Connor y Alec Secareanu es un portentoso equilibrio entre la llamada de la carne y el instinto y la delicadeza de deseo. Todo ello desarrollado en un paisaje de una belleza telúrica y con unos condicionamientos personales de los personajes que nos hablan de la vida como un contrato en desventaja con Dios. Hemos venido a este valle de lágrimas a llorar y a malvivir y Dios no nos va a perdonar ni una sola de las lágrimas, ni uno solo de los padecimientos que nos tiene reservados. Dios debería haber puesto a la entrada de la vida un cartel que dijera: perded toda esperanza. Los protagonistas de esta historia lo tienen todo a la contra, pero logran encontrar una grieta para la ternura dentro de la rutina de una vida que como todas las vida es un esfuerzo por sobrevivir día a día. Las interpretaciones son excepcionales. Cualquier tentación de compararla con "Brokeback Mountain" [2005] de Ang Lee irán en contra de la película americana, donde todo era demasiado bello, pulido y fotogénico. Aquí el sexo es brutal y liberador. Y el sentimiento puro, como deberían ser todos los sentimientos. Nos habla del amor de una manera universal, aunque emplee la particularidad de que sea una historia de amor homosexual.  La contención de la imágenes y la verdad de la emociones que trasmitirte, la convierte en conmovedora.  No apta para aquellos que suelen ver programas del tipo Granjero busca esposa o Alguien quiere casarme con mi hijo.  

domingo, 26 de noviembre de 2017

LIQUIDACIÓN IMRE KERTÉSZ


 Continúa la liquidación general, y no tengo ganas de participar. Me he convertido en espectador. Liquidación [2003] del premio Nobel Imre Kertész [ Budapest, 1929 - 2016] es una gran novela a pesar de su brevedad. En esta edición, 157 páginas. Y es una gran novela porque aspira a ser alta literatura, no solo por los temas que trata sino por la forma de tratarlos. No hay que ponerle las cosas fáciles al lector. No hay que darle el asunto triturado y listo para ser deglutido. No.  Kertész es un autor hábil con las tramas, aunque casi no las necesite para hablar del tema de siempre. Su tema. Porque Imre Kertész es un autor pétreo, monolítico. Para él no puede existir literatura después de Auschwitz si no es sobre Auschwitz. Y sobre los efectos del Holocausto habla "Liquidación". Sobre cómo las elecciones de los padres las pagan los hijos. Bé es el personaje ausente alrededor del cual gira toda la trama. Es un suicida filosófico. Un existencialista sartriano. Su madre  judía húngara se hizo pasar por presa política eslovaca para que así su hijo tuviera alguna oportunidad de sobrevivir tras el parto. Pero el hijo superviviente no le encuentra sentido a vivir en un mundo que considera un campo de concentración. Además del escritor suicida hay un editor que opina que se puede vivir como un gusano mientras uno sea capaz de escribir como los dioses. ¿ Nos justifica la literatura? El escritor opina que no. Hay una novela desaparecida. Y una elegante utilización la primera y la tercera persona. Incluso de los cambios de narrador. Y restos de una obra de teatro que trata el tema desde otro punto de vista. De todo eso habla liquidación. Del sinsentido de la vida, no tras el Holocausto, que también, sino cada día que nos levantamos y nos enfrentamos al espejo de nuestra propia mediocridad. Y como de costumbre algunas frases para alentarles a la lectura: El estado es siempre el mismo. También hasta ahora solo ha financiado la literatura para liquidarla. El apoyo estatal a la literatura es la forma estatalmente encubierta de la liquidación estatal de la literatura. / ..el que no tira la vida por la borda simplemente carece de talento. / El pasado como comunidad casual de destinos amontonados con un rastrillo. / En su opinión todos somos supervivientes, con lo cual condiciona nuestro mundo intelectual perverso y atrofiado. / Sólo por nuestras historias podemos saber que nuestras historias  han llegado a su fin. / Quien nace nunca es responsable de haber nacido. / No aceptéis las palabras prefabricadas y baratas. / ...la literatura es la trampa en la que uno cae. o, para ser más exacto, la lectura.  La lectura como droga  que difumina agradablemente los perfiles implacables de la vida que nos domina. / ...y los escritores concluyen sus obras, consistan ellas en miles de páginas o en pocas líneas. Un escritor no deja una obra inacabada. / Vivimos en la época de la catástrofe, cada ser humano es portador de la catástrofe.../ Cada frase era como un tiro en la nunca.../ ...creía en la política, y la política lo engañó, como hace con todo el mundo. /...el estilo acaba siendo el hombre. / ...es más fácil odiar que amar y ...el amor de los perdedores es el odio. / El escriba es más que un talento, el escriba es más que un buen escritor.  / ...escribía, porque era su único medio de expresión. Sin embargo, el verdadero medio de expresión del hombre es la vida...Vivir la vergüenza de la vida y callar: tal es el logro más grande. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

EL MUÑECO DE NIEVE, TOMAS ALFREDSON


El sustantivo es decepción. Una auténtica decepción es lo que he sentido al ver la película dirigida por Tomas Alfredson [1965, Lidingo] basada en una de las novelas de la serie Harry Hole, del escritor Jo Nesbo [19650, Oslo] Tomas Alfredson, un buen director que ha dirigido dos películas de género que me han gustado bastante "Déjame entrar" [2008] casi una obra maestra y "El espía que sabía demasiado" [2011] fracasa esta vez estrepitosamente al adaptar esta novela de casi 500 páginas. Reconozco que soy un admirador de Nesbo, de quien he leído: Petirrojo [2000], Némesis [2002], La estrella del diablo [2003], El redentor [2004], El leopardo [2009] y la que nos ocupa, publicada en 2007. Reconozco que es difícil trasladar una novela tan larga a una película de duración convencional. Reconozco que los paisajes son espectaculares, que el reparto no está mal y que algunos detalles de la película se aproximan al escalofrío que sientes al leer la novela, pero no, al final, la película me deja tan frío como los paisajes que frecuenta. Y eso que en líneas generales el argumento y la trama se ciñen  a la novela, pero estando todo lo que tiene que estar, el final se me antoja totalmente anticlimático. No sé lo que falla, pero algo falla. No hay tensión narrativa ni sentido del ritmo. Es una película plana emocionalmente. La relación de los personajes no funciona. En especial entre Hole y la nueva inspectora. Y toda la parte del personaje interpretado por Val Kilmer, que en la novela era desasosegante, aquí resulta impostada y grandilocuente. Si algún despistado desea verla, pues que acuda al cine, pero que no espere nada parecido a lo que el novelista consigue solo con sus palabras. Esta vez una imagen no vale más que mil palabras.

viernes, 3 de noviembre de 2017

LA TRILOGÍA DE DEPTFORD ROBERTSON DAVIES


De algunas historias no te saldrías nunca. Podrías instalarte a vivir allí. Es lo que ocurre con las novelas escritas por el canadiense Robertson Davies [1019-1995] en su Trilogía de Deptford: El quinto en discordia [1970] Mantícora [1072] y El mundo de los prodigios [1975], 1200 páginas que son al mismo tiempo una representación del mundo y el mundo en sí mismo. No, no voy a contar los vericuetos de la trilogía. Creo que el argumento siendo importante no es fundamental en estas historias. Lo fundamental es lo que hay detrás de las historias, la psicología de los personajes y las ideas. Porque Robertson Davies, con ese aspecto de Dickens a destiempo es una narrador colosal que maneja el ritmo de las historias con una maestría que pocos escritores actuales poseen. Pero además de eso, es un escritor culto; un escritor que viste a la vida con el ropaje de la paradoja y el azar para que la vida adquiera el empaque  que  la realidad no posee. Sus novelas son novelas de ideas más que de acciones. La vidas anodinas de algunos personajes se convierten así en espejos de otras vidas donde nos reflejamos todos, cada uno a su manera y en su individualidad más profunda. Hay derrota y pesimismo y sexo en todas sus variantes y feminismo y teatro y mito. Hay una mirada sobre la educación y las clases sociales. Sobre la culpa. Sobre el egoísmo y el victimismo y una reflexión sobre el interior del hombre. Sobre su alma. Claro, el autor se toma su tiempo. Y por supuesto los detalles son importantes. No es mi intención hablar largo y tendido, solo reivindicar a un narrador puro, que no necesita argucias para enganchar al lector, que te deja con más preguntas que respuestas y con unas cuantas ideas sobre las que reflexionar. Pocas novelas actuales están a la altura de esta trilogía. Y para incitar a su lectura algunos pequeños apuntes dispersos aquí y allá: Ser rico es ser una persona de tipo especial. / Cualquier persona es única. Nadie ha sufrido nunca del modo en que sufre usted, sencillamente porque nadie ha sido usted hasta ahora. Sin embargo, somos también integrantes del género humano, y nuestra condición de seres únicos e irrepetibles tiene ciertas limitaciones. / ...te voy a dar un consejo que te ha de servir para toda la vida: no compres nada a menos que realmente lo necesites. / Esas figuras literarias, como usted sin duda sabe, nos proporcionan una abreviatura excelente para hablar de ciertos aspectos de nuestra propia personalidad, y resulta que todos abarcamos unas cuantas. /  Un verdadero artista jamás hace nada gratuito, jamás lo hace para resultar desconcertante.../  El sexo era un placer, por descontado. Podía llegar a ser un deber, desde luego. Por eso no era algo que estuviera divorciado del resto de la vida; la actitud que uno tuviera  respecto al sexo era parte de la actitud que uno tenía respecto de las amistades, de sus deberes hacia otras personas, de su vida pública. /  Ser un cínico no es lo mismo que evitar la ilusión, pues el cinismo es otra clase de ilusión. Todas las fórmulas para hacer frente a la vida, e incluso muchas filosofías, son vanas ilusiones. El cinismo es una ilusión de las peores. / Las coincidencias son una suerte de juego de palabras espiritual. / El héroes moderno es el hombre que vence en su pugna interior. / El aburrimiento es terreno abonado para que crezcan toda suerte de rencores y de feos sentimientos. / ...el humor. Se trata de algo absolutamente vital para la vida misma. Es uno de los sellos distintivos de la civilización. La humanidad no sería humanidad si no fuera por el humor. / el humor es con la misma frecuencia un indicativo de la verdad como una nube que ocluye la verdad. / Los chistes más bestias sobre judíos y negros eran los que oí contar a los propios comediantes judíos y negros. / Todos abrazamos nuestras cadenas. No hay hombres libres./ si uno termina por ser un cínico con uno mismo, el siguiente paso es el suicidio, que es la otra mitad de esa misma forma de autodestrucción. / Todo el mundo es más parecido que diferentes entre sí. / ...el mito es la reducción de la experiencia universal a su esencia misma. / El teatro es eso: mostrar al público lo que desea que sea verdad. / Un egotista es una criatura absorta en sí misma, encantada consigo misma y, además, dispuesta a contar al mundo entero cómo es esa apasionante historia de amor que  vive. Un egoísta...es algo infinitamente más serio, un ser que hace de sí mismo , de su instinto, de sus anhelos y de sus gustos, la piedra angular de cualquier experiencia. / Nadie puede robarle a otro hombre su ego, pero puede aprender de él./  El arte como jarabe que endulza. / Dicho de manera muy simple: ningún acto se pierde para siempre, nada de lo que hagamos carece de resultado. /  La vida me ha hecho ser consciente de lo mucho que se fían los mezquinos de la generosidad ajena. / La educación es para la gente vulgar, pues fortalece la vulgaridad. Les hace útiles, cómo no, de una manera normal y corriente.  Y acabo con un par de reflexiones sobre la poesía y sus alrededores. Un poeta puede plasmar una grandiosa encarnación de un mito, pero es la masa de la humanidad la que sabe que el mito es una verdad espiritual, y esa es la razón de que se aprecie tanto el poema. / Acababa yo de empezar a ver que la poesía trata de la vida, y no de la vida normal y corriente, sino de la esencia, del milagro que subyace a la vida misma. Pues eso, que uno se quedaría a vivir en la inteligencia literaria de Robertson Davies. En su clarividencvia. En su nada complaciente visión de ese animal de costumbres que es el hombre. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

CONFESIONES DE UNA MÁSCARA, YUKIO MISHIMA



Releo después de más de treinta años "Confesiones de una máscara"  de Yukio Mishima [1925-1970] para el club de lectura en el que actualmente estoy.  Siempre he sentido fascinación por el autor. Tanto es así que en mi primer poemario "Quedan las palabras" le dediqué uno de los poemas.  Uno quizá no debería volver a releer aquellos libros que alguna vez le marcaron de por vida. Como tampoco se debería volver a los lugares donde se ha sido feliz. Si analizo ahora el texto de Mishima lo encuentro frío, a pesar de que trata de asuntos que siempre me han interesado: la necesidad compulsiva de la escritura, el sadomasoquismo, la homosexualidad, el concepto de máscara como refugio ante un mundo hostil, la relación entre el deseo y la culpa. O su ausencia. Lo cierto es que ahora el relato me deja indiferente. Y tengo la certeza que cuando lo leí por vez primera no fue así. La vida nos conduce a lugares extraños. Nos aleja de aquel que fuimos o quisimos ser. Recuerdo que vi en su momento "Mishima: una vida en cuatro capítulos" dirigida por Paul Schrader en 1985 y que coquetee con el ensayo que Marguerite Yourcenar le dedicó al autor de "El marinero que perdió la gracia del mar"; "Mishima o la visión del vacío" [1980].  Y con  esa biografía psicológica de Juan Antonio Vallejo-Nagera "Mishima o el placer de morir" [1978]. Qué queda en mí de todo aquello. Un poema en un libro y el titulo de un relato con el que fui finalista en un concurso de relatos de tema marino: "El farero que perdió la gracia del mar". Esto sería falsear en cierto modo la realidad. Quedan más cosas. Al menos un modo de mirar la vida desde el punto de vista del monstruo que todos llevamos dentro. Porque el protagonista de "Confesiones de una máscara" se ve en todo momento como fuera de la norma. Un ser aberrante, incapaz de reconciliar sus deseos y pulsiones sexuales con lo que la sociedad le impone como normal. Y claro, esos destellos que como desgarraduras propias de Cioran rasgan la prosa del autor japones. La infancia es un periodo en el que el tiempo y el espacio se mezclan. /  ...ansiamos cosas que en realidad no deseamos en modo alguno. /  Confundía el feroz e imposible deseo de no querer ser yo con el deseo sexual de un hombre de mundo, con el deseo que nace de ser uno mismo. / ...yo gozaba imaginando los curiosos dolores de una persona que deseaba morir, pero que era rechazada por la Muerte. / ...¿no es verdad que hay cierto remordimiento que precede al pecado? ¿Era remordimiento por el mero hecho de existir? / ...la imaginación que sigue la línea de menor resistencia ninguna relación  guarda con la crueldad, por muy cruel que parezca. No es otra cosa que que el producto de una mente perezosa y tibia. / En la muerte había descubierto el verdadero "destino de la vida". / Las personalidades románticas están penetradas de una sutil desconfianza hacia el racionalismo, y eso conduce, a menudo, a este acto inmoral que se llama soñar despierto. /  La costumbre es una horrible realidad. / Ni siquiera una persona normal puede regir el comportamiento únicamente mediante la voluntad. / El criminal condenado a muerte no se suicida. / La persona que jamás ha conocido la felicidad  carece de derecho a burlarse. / Mi cinismo nacía de mis deseos de impresionar al prójimo y de mi necesidad  de defenderme.../  La mojigatería es una forma de egoísmo, un medio para protegerse de uno mismo, impuesto por la fuerza de los propios deseos.  Solo son frases, destellos como puñaladas en un texto cerebral, elaborado desde la distancia que produce la separación del yo que se mira al espejo y contempla en él el alma corrompida de la bestia interior. No en vano una de las primera citas que hay en el libro es a un poema de Oscar Wilde y referencias a sus cuentos. No deberiamos olvidar que Wilde es también el autor de esa obra maestra que es "El retrato de Dorian Gray" [1890]. Mishima puso mucho de sí mismo en el personaje de estas confesiones, que si no es él se le parece mucho. 


No me resisto a reproducir aquí el poema publicado en "Quedan las palabras" [2000]  Instituto de Cultura Juan Gil-Albert.
                         Confesiones de una máscara o monólogo final de Yukio Mishima antes
                         del Hara-kiri, el 25 de noviembre de 1970

La teoría es el goce de los impotentes
Jean Pierre Enard

                        Cada cual elije su destino.
                        Y prefiero la espada a la palabra,
                        el honor al silencio.
                        Al yugo  prefiero el sacrificio.
                        Dulce es la muerte asumida
                        cuando vivir es arrastrarse,
                        reptar a los pies del invasor,
                        ofrecer nuestras geishas,
                        olvidar el color del crisantemo.
                        Que no llore nadie,
                        pues elijo la muerte a la derrota.
                        No es ya la edad de la palabra,
                        ni es la edad de los vencidos.
                        La muerte, a veces, es victoria.
                        La juventud se aleja en la marea
                        y la vejez como una cortina
                        de pájaros  que cubriese el crepúsculo,
                        es el imperio de la decadencia.
                        Ni un rastro de la belleza queda.
                        Es mejor terminar en un instante,
                        antes de que las lilas se marchiten
                        y, corrupto el perfume, pierdan
                        la esencia nítida de su fragancia.
                        Mi sacrificio no es en vano.
                        Un gesto digno a tiempo
                        puede trocar la vida en arte.




domingo, 7 de mayo de 2017

NEFANDO, MÓNICA OJEDA


"Para escribir hay que ser uno mismo porque es lo único que podemos ser". Kiki Ortega.

 Pocas cosas eran tan importantes como encontrar la palabra expresiva, se lee en la primera página de "Nefando" [Editorial Candaya, 2016] escrita por Mónica Ojeda [Guayaquil, 1988] y, en qué otra cosa consiste la literatura sino en encontrar la palabra expresiva. En la página siguiente, se vuelve a reflexionar sobre el acto de escribir y, creo yo, se nos da una de las claves de esta breve e intensa novela:" ¿Qué tan difícil podía ser escribir sobre la sexualidad de tres niños? Una novela sobre la crueldad, una novela destinada a perturbar. Algo como Las tribulaciones del estudiante Törless, pero mezclada con Historia del ojo". Empezamos bien, Robert Musil y George Bataille en la misma coctelera. Un cóctel así puede ser complejo de combinar. El escritor siempre está al borde del abismo, resbalando por el filo de una navaja, entre la alta literatura y la pornografía elegante con pretensiones de ir un poco más allá de lo que se narra: "Con metáforas, quizás, podría salvarse de las construcciones ajenas. Ellos serían las moscas. Lo único que quería era decirse con su propia lengua. Los bichos que caen en telarañas no son inocentes. Lo único que quería decirse.  Mis personajes serán lo real y yo una ficción." En estas primeras páginas que en la novela se suponen escritas por Kiki Ortega, 23 años. Becaria FONCA, uno de los seis personajes principales de "Nefando" se hallan la esencia y algunas de las estrategias del texto escrito por Mónica Ojeda. " Tenía que ser posible crear un lenguaje que no se remordiera. Su intención, la más honesta de todas, era la de explorar lo inquietante; la de decir lo que no podía decirse. ¿Hay algo más humano que los deseos y los temores y la indiferencia a los deseos y a los temores del otro? En los prohibido estaba todo principio creador." Otra cosa es que lo que viene  después nos guste más o menos. He leído algunas reseñas que la proponen como una obra maestra y quizás crean unas expectativas desorbitadas con respecto a lo que la novela ofrece, que es mucho y de alta calidad y perturbador y original, pero que para mi gusto - solo soy un lector frente a la historia que se me cuenta-, no termina de ser una obra redonda. Pero quién necesita obras redondas y perfectas. Alguien afirmó alguna vez en un poema que la perfección es estéril porque no puede procrear. No se trata de que la historia que se nos cuenta sea perfecta, cerrada y redonda, porque quizás de ese modo nos excluya, sino de que nos  coja por alguna parte del cuerpo, a ser posible pudenda, y nos implique en lo que se nos cuenta. En ese sentido Mónica Ojeda lo logra, con esta historia de seis personajes que comparten piso, secretos y parafilias en Barcelona. La ya mencionada Kiki Ortega, aspirante a escritora de novelas pornográfica, Iván Herrera, 25 años,  master en Creación Literaria y con tendencias sadomasoquistas; el Cuco Martinez, 29 años, hacker, scener, diseñador de videojuegos y y ladrón de turistas en ratos libres, y los hermanos Terán:  Irene, Emilio y Cecilia sometidos a todo tipo de vejaciones sexuales por su progenitor. La novela se podría ver como una especie de seis personajes en busca de autor, pero es muchas cosas. La novela se articula en forma de entrevista  a los diversos personajes en torno a una investigación sobre el videojuego que da titulo a la obra. Dice A. Olmos en su reseña  de la novela que no hay escritor joven que haya podido escapar del influjo de Roberto Bolaño. La estructura remite a él, pero intercala la novela breve que escribe Kiki Ortega, y hay un capítulo contado por Emilio Terán, que en sí mismo es un cuento con todas las de la ley. Hay referencias literarias, cinematográficas y de otro tipo que intentan barnizar la dureza de lo que se nos cuenta: kafka, Hemingway, Onetti, Sade, Mishima, Eric Rohmer, Sterne, Sebold, Montaigne, Thomas Mann, Alina Reyes, S. Masoch, Philip K. Dirk, Moebius, Asimov, H.G. Wells, Dario Argento, Milo Manara, Russ Meyer, Armonia Somers,  Ralf König, Ursula K. Leguin, Ayn Rand, Griselda Gambaro, Alejandra Pizarnik. Cada referencia es una especie de caramelo o recompensa para el lector. Cada referencia abre una puerta a un mundo paralelo. Como excavar un pasadizo en el pasillo de ese piso  compartido donde quizás el sexo alternativo, la pornografía, la pedofilia, el incesto y la degradación conviven con unos personajes que se asumen a través del acto literario. Lo mejor de la novela o entre lo mejor de la novela es el desparpajo  y la convicción  y la mano firme con los que la autora se aplica a narrar los hechos por muy bizarros que estos puedan ser. Nadie en esa clase sabía cuánto odiabas tu pene erecto, cuánto querías arrancártelo y tirarlo al váter. Era una enorme sanguijuela  chupándote la vida de la pelvis. En la página siguiente, se da una buena definición de literatura como un vómito eyectado por gente como tú, llena de duplicidades y máscaras. Interesante es también la reflexión sobre la escritura y el propio cuerpo: Sabías  que la escritura no podría hablarte de tu carne. Solo el dolor era capaz de construir un discurso del cuerpo-no-tuyo, pero el dolor era intransferible e inexpresable para el lenguaje.  Son por este tipo de reflexiones sobre la escritura y el sexo en toda su amplitud por lo que "Nefando" me interesa especialmente y se puede considerar una novela de alto voltaje literario. El otro tema, el de los seis personajes y sus soledades y frustraciones encerrados en el laberinto de un piso en Barcelona, es la trama para la reflexión, como la estructura de entrevista de la novela es el armazón que sostiene reflexiones que raramente dejarán impertérrito al lector que se acerque a estás páginas -apenas 200-, escritas con un estilo preciso y sinuoso. Como muestra un botón: ¿Qué diferencia hay entre una santa mística y una mujer que le pide a su pareja que le eche cera caliente en la espalda y que le meta el puño por el culo? La pregunta tiene una solución en la novela, pero para los que no la han leído, la dejo en el aire, por si buscan alguna respuesta alternativa. La novela está cuajada de este tipo de hallazgos deslumbrantes que van un paso más allá de lo políticamente correcto. Cuánta dureza la de las oraciones gramaticalmente correctas. Me pregunto si tendré el valor de suficiente para escribir mal. // La adultez es la pérdida de lo frágil. // ...la escritura se parece a la infancia. // La irreverencia se parece a la escritura que bebe de los tropiezos. // Tropezar es imprescindible para narrar lo caído.// Quiero escribir para darle justicia a mi vergüenza. //...mi vergüenza será el bastión de mi lengua novelada Eso es lo maravilloso de leer una novela, cuando la leemos y la subrayamos escribimos la novela que para nosotros hay dentro de la novela que ha escritor el autor. Cada lector puede encontrar su propia novela dentro de una buena novela. "Nefando" lo es. Una novela que te salpica y te remueve y no te deja indiferente. Tengo una amiga a la que no le gustó y otra a la que le ha gustado tanto que dice que le faltan cien páginas. Para mi gusto quizás le sobren diez o quince páginas. No sé. Solo es una impresión. Por lo demás ofrece tanto  esta novela que uno debería volver a leerla de vez en cuando para no olvidarse de que:  Los poemas no son agradables, al menos no los que son buenos. La poesía que verdaderamente vale la pena es la que te deja caer. Imposible no salir quebrado de eso. Pues ya lo saben. Un poema en prosa sobre los deseos más oscuros del ser humano. Una narración hipnótica que te resquebraja poco a poco hasta romperte por dentro y arrojarte al pozo de tus propios miedos, esos que nacen en la infancia y de desarrollan  y reflejan en la literatura.

miércoles, 19 de abril de 2017

EL SOLDADO ASIMÉTRICO, ANTONIO MANUEL


"El soldado asimétrico" es un título magnifico. Estoy a favor de los narradores y poetas que saben titular sus obras. El título es la mitad del libro o del poemario. En este caso, la novela escrita por Antonio Manuel [Almodóvar del río, 1968] y publicada por Berenice, responde a lo que su título y  la primera línea que aparece en la contraportada promete: "Mi vida se fue a la mierda el día que lo conocí".  Se nos vende como una novela sobre el amor y la traición, sobre la guerra civil y la política, sobre la moral de unos personajes sin aparente moral y sobre todo se nos vende como una novela con un profundo aliento poético. Cuando uno escucha aliento poético junto al término novela lo mejor es poner pies en polvorosa. No es el caso. De todo lo que prometen el título y la contraportada hay en sus apenas 144 páginas que relatan la vida fragmentaria de un protagonista sin nombre que ha perdido un pie y se ha enamorado de que hombre que en la Copa de las Naciones  de 1964 debía asesinar al Generalísimo. Contado así el argumento de la novela es un puro dislate, una locura maravillosa, donde la casualidad o la no casualidad son parte intrínseca de la trama. Leída resulta conmovedora a ratos y brutal en otros momentos porque radiografía el alma de un ser humano con sus contradicciones. Luces y sombras de un amante desequilibrado. Los capítulos son cortos, no se agobien, aunque densos.Tampoco se agobien. Los párrafos han sido  limados hasta construir frases de una sola palabra o de dos o tres, que dicen mucho más con sus abruptas elipsis, que un párrafo descriptivo completo. Y luego esparcidos por el entramado de la novela página si y página también aforismos contundentes. A veces la trama es lo de menos, a veces lo importante es lo que queda cuando uno se desentiende de la trama y repasa lo subrayado durante la lectura. " Me duele la vida que debí haber vivido", "Con la muerte, la persona se convierte en cadáver y su patrimonio en herencia", "Nadie puede escapar la único dilema del destino, o eres lo que pareces, o pareces lo que eres", "La culpa y la decadencia son hermanas siamesas", " La depresión es un melanoma invisible que carcome la luz de los ojos hasta convertir el alma en un pozo", "La ignorancia no está reñida con la mala fe", "Tener razón sin tener en cuenta al otro equivale a un asesinato emocional", "No ser consciente del daño que haces más que disculpa es agravante", "El amor que obvia la opinión de sus destinatario es egoísmo", "Los estados son un espejo de las personas que los toleran", "El mal se halla en la esencia de las cosas", "El lenguaje de los gestos es infinitamente menos confuso que el de las palabras", "Las alcantarillas y la guerra están llenas de  fosas comunes que hablan más y mejor de lo que fuimos que cualquier informe arqueológico", "No hay nada más vejatorio que vivir en vano", "El poeta es el soldado más herido", "Amante es quien ejerce el amor con  fuerza centrifuga", "La geometría espacial de los amantes admite poliedros de caras infinitas", "La realidad es que todos los seres humanos tienen derecho a ser cobardes y muy pocos el deber siquiera de parecer valientes", "El héroe, como el gilipollas, es un amante universal de todos menos de sí mismo", "El silencio es el ruido de la ausencia", "Niños y amantes solo reivindican tiempo y existencia", "La culpa es la medida del tiempo", "Las relaciones personales son por definición deficitarias"...Y así podría seguir extrayendo estos aforismos que puntean la trama y la enriquecen para el lector interesado. También hay más de una interesante reflexión sobre la poesía, sobre el fracaso de la poesía y del poeta. "Brindemos. Por la poesía. Y por ti (mirándome), por vosotros, falsos poetas. Porque si en verdad lo fueseis, deberíais condenadores a vivir. A destruir y destruiros. Porque no hay poesía sin vida, ni vida sin libertad, ni libertad sin destrucción, ni destrucción que no fracase y termine con la muerte del poeta".  La destrucción empieza por uno mismo. Y la poesía también. Como la mayor parte de la literatura, de la buena literatura. "El soldado asimétrico" lo es en un porcentaje bastante elevado, aunque no este al alcance de todos los públicos. Quien la lea habrá comenzado su propia demolición. 

lunes, 17 de abril de 2017

MÁS ALEMÁN QUE HITLER GUILLERMO FADANELLI


Algunos libros se deberían vender con una faja que indique algo así como "Solo apto para lectores insensibles".  "Más alemán que Hitler" de Guillermo Fadanelli, publicado por la editorial Cal y arena en 2001, es uno de ellos. Solo apto para lectores insensibles, aunque los lectores insensibles siempre son los más sensibles y los más críticos. Literariamente. Yo suelo ser bastante insensible, pero aún así este libro de relatos me ha perturbado considerablemente. Perturbación moral y literaria, se entiende. Hay que aprender a leer obviando el tema. Este libro contiene un tipo de tristeza residual que como ciertas enfermedades de transmisión sexual resulta difícil de erradicar. Son catorce relatos breves que te empujan contra las paredes de tu zona de confort y que te golpean donde la piel se te ha endurecido y encallecido. Estos relatos duelen porque están escritos desde una visión nihilista del mundo. Algunos confundiendo fondo y forma, voz y mensaje, dirían que incluso machista. Se habla  del sexo como aniquilación o dominación. Se habla del dolor de la vida como pérdida y fracaso, entrega y limitación. A ciertos lectores quizás se les indigeste la crudeza del lenguaje con el que están escritos. Como si estuvieran escritos con sangre y esperma, vitriolo e ironía. Pueden que algunos no capten la ironía y se queden en la crudeza del lenguaje. "Si me acosté con ella fue por equivocación", comienza uno de los relatos. Más adelante afirma: "Era fea como un escupitajo, pero muy elegante". Viva lo políticamente correcto. Algun lector se rasgará las vestiduras, pero quién crea buena literatura ateniéndose a lo políticamente correcto. Pues eso. Y un poco después culmina: "...fue ella la que me arrebató los pantalones y comenzó a propinarme unos cariñosos mordiscos en la verga, tan dura como sus piernas morenas." Es un cuento que habla sobre una simple confusión. Casi un chiste comparado con otros que hablan de por ejemplo de un marido que se acuesta con el cadáver de sus esposa, de dos medio hermanos que se acuestan juntos  o de una adolescente huérfana sorprendida mientras practica sexo en los baños del colegio.  Algunos de los relatos son delirantes, como por ejemplo "Me llamo Urbana". Un relato sobre herencias morales y culpa donde el humor encubre en parte lo abyecto de aquello que se nos cuenta. La elección -entre fray Luis de León y Pierre Louÿs-, de la cita del anuncio en el periódico para elegir dama de compañía para un familiar que es un despojos humano desde que nació y que recuerda en cierto modo al soldado mutilado de "Johnny cogió su fusil" de Dalton Trumbo, pero con el don de la palabra es impagable.  Pero además "Más alemán que Hitler" posee otra virtudes. La Virtud de no tomarnos por lectores estúpidos y ofrecernos la frase exacta y el aforismo adecuado:  "Los estúpidos se entienden bien entre ellos, no cabe duda, y si se entienden a la perfección es que son más estúpidos todavía". Si no les he animado a la lectura compulsiva de estos relatos poco aptos para mentes sensibles, beatas y bienpensantes, aquí les dejo las primeras líneas del primer relato, que da muy bien el tono medio del libro y es toda una declaración de principios: "Hay una infeliz durmiendo plácidamente en mi recámara. No se trata de una extraña, sino de una mujer que ha vivido conmigo los últimos dos años de mi vida." Lo que viene después les está esperando en este libro publicado en 2001, pero cuya vigencia no ha decaído.

domingo, 19 de marzo de 2017

LOCAS DE ALEGRÍA, PAOLO VIRZI


Algunas películas parecen poca cosa.  Incluso parecen lo que no son. Como algunas personas. Algunas películas confunden.  Mucho y mal. “Locas de alegría” [2016]  película de Paolo Virzi [Livorno, 1964] es una de esas películas que llevan a engaño. No son lo que parecen o no parecen lo que son. Sobre todo si nos dejamos llevar por el cartel que nos vende la película. Ese coche rojo, esas dos mujeres huyendo hacia ninguna parte. ¿Una mala fotocopia de Thelma y Louise de Ridley Scott,  veinticinco años después?  Qué mala manera de ofertar el producto. Sobre todo cuando “La pazza gioia” [La alegría loca],  bastante mejor titulo el original, se vende sola y bien. Aquí tenemos dos mujeres y una fuga, pero los parecidos con la película de R. Scott acaban en el enunciado. Valeria Bruni Tedeschi [Turín, 1964]– absolutamente deslumbrante, como casi siempre- y Micaela Ramazzotti, se fugan de unos de esos manicomios que por hipocresía social se denominan casas de reposo.  Legalmente están locas. Son personas que han perdido el norte y los papeles. Queda bien que sean unas sin papeles. No tienen dinero ni documentos. Su huida hacia ninguna parte es una sucesión de desastres más o menos cómicos entre los que se filtra el drama de ambos personajes. En este sentido es una comedia dramática perfecta.  La comicidad nace de la diferencia  de edad, social y de carácter de ambas mujeres, pero lo que se nos cuenta es de una dureza extrema, devastadora –la locura en estado puro-, aunque se nos cuente con guante de seda. Y es que en una obra de arte sea, narrativa, poesía o fílmica, lo que se nos cuenta es importante, pero cómo se nos cuenta es todavía más importante. La forma y el tono lo son todo. Aquí tenemos dos mujeres marginadas por la buena sociedad bienpensante porque en algún momento de sus vidas cometieron un error, perdieron los papeles, ya lo he dicho, y una vez que se pierden los papeles no hay vuelta atrás. El personaje de Micaela intenta suicidarse con un hijo pequeño para evitar que se lo quiten, el interpretado por Valeria Bruni Tedeschi  hija de familia noble y casada con un abogado relacionado con las altas esfera se enamora perdidamente, pierde el juicio, por un estafador macarra que la desprecia. Ambas tienen que asumir sus errores y sus miedos, aunque no los entiendan racionalmente.  La película destila humor y a ratos una ironía hiriente, el personaje de la madre noble de Valeria, pero se impone una ternura más agria que dulce. Queda un retrato convincente de dos personajes perdidos, no tan  ajenos a la realidad como parecería, que a falta de los demás se tienen a sí mismas. El viaje a ninguna parte que emprenden al comienzo de la película ambas mujeres la devuelve al punto de partida, pero ya no serán las mismas que escaparon, han aprendido por el camino y en el aprendizaje está la fuerza para afrontar el futuro.  Yo no sé de ustedes, pero si tienen algún cine a mano donde la hayan estrenado compraría un billete. Es un viaje que merece la pena.

EL VIAJANTE, ASGHAR FARHADI



 La última película de Asghar Farhadi [Khomeyni Shahr, 1972] no es una película cómoda ni complaciente para pasar una tarde de sábado en el cine. Tampoco cualquier otro día de la semana. Plantea dilemas, sobre todo dilemas morales. Intenta que el espectador piense y piense del modo correcto y se esfuerza por contarnos una historia compleja, con aristas y sin maniqueísmos. Con cambios del punto de vista, aunque haya un punto de vista predominante. La historia de este matrimonio, Emad y Rana,  al que un error nimio conduce a un infierno de dimensiones cósmicas está trazada  con exquisita elegancia y un sofisticado guión donde la palabra es primordial. No es vano Emad es profesor de literatura y actor en un grupo de teatro y Rana actúa en el mismo grupo. Están representando "Muerte de un viajante" de Arthur Miller. La obra tiene un peso específico en el desarrollo de la acción. Casi toda la acción transcurre en interiores, apenas se ve la ciudad, Y cuando estamos en el exterior los planos son cerrados. Los que transcurren en el coche, por ejemplo. Tras el incidente que provoca el drama, solo hay dos opciones: olvidar o incidir en la herida. Rana, quizás más inteligente que Emad opta por la primera opción, pero su marido entra en una espiral  que convertirá el drama personal de los personajes en una tragedia. Estamos ante una historia dura sobre el alma del hombre, sobre lo que nos mueve y cómo los condicionantes sociales y culturales nos empujan hacia las zonas más oscuras  e inhóspitas de nuestra alma. Lugares sin posibilidad de regreso una vez que se ha traspasado una determinada frontera. Es lo que aquí sucede. Emad es incapaz de ponerse en el lugar del otro y empatizar, cuando descubre quien es el causante de los hechos.  Se siente humillado, no comprende el silencio de su mujer y tampoco entiende su forma de afrontar la realidad. Lo que ha sucedido es un acto vergonzoso. Él es incapaz de olvidar, su egoísmo le conduce a la obsesión, a intentar resarcirse a través de la venganza. No por le honor de su mujer sino  por cómo le afecta socialmente a él lo que le ha sucedido a ella. Llevar la venganza hasta sus últimas consecuencias implica la destrucción de su relación con Rana. El final es sobrecogedor, los dos personajes frente a frente, mirándose a la cara, mientras los maquillan para representar la obra de teatro de Miller, pero también la farsa que a partir de ese momento será su matrimonio, porque cada uno sabe ya como es el otro. Un infierno compartido. Nadie gana, todos pierden.

sábado, 25 de febrero de 2017

LUCIÉRNAGA ALBA CERES


*Composición  8 de la serie Suturas

“…como si acabara de enterarme de que las luciérnagas hacían señales descifrables en beneficio de los espíritus extraviados…”   Pálido fuego  Vladimir Nabokov


Tener más de medio siglo y escribir heptasílabos y endecasílabos parece que es un impedimento para poder apreciar “Luciérnaga”  Kriller71-Kokoro [2017], el primer poemario de Alba Ceres [Nápoles, 1986] O al menos así lo interpreto, cuando al comentar que iba a leerlo, me dijeron: pero no te va a gustar. Supongo que uno es uno y sus limitaciones, pero que, a cierta edad, ya se te vea como alguien, anquilosado y esclerotizado mentalmente, duele aunque sea un poco. Y de dolor  va este texto. O de qué hacer con el dolor  y la enfermedad cuando se convierten en cuerpo, cuando se encarnan en un cuerpo amado –en este caso la madre-, y lo va destruyendo hasta aniquilarlo.  Con su dolor, Alba Ceres ha elaborado un poemario. Y digo elaborado porque no se trata de un desahogo sentimental vomitado en un instante de rabia e impotencia ante la pérdida de un ser amado. No. Alba Ceres ha despojado al dolor del alarido de la hojarasca, del griterío de las ramas, del aullido del tronco y lo ha dejado en la  esencia de la raíz.  “¿hay/ un tú/ en la/ ceniza/ algo/ cáncer/ algo/ suave?”. La autora de estos versos ha tomado entre sus manos el dolor y la ausencia y los ha transmutado en poesía susurrada, murmurada, casi entredicha.  “Luciérnaga” es un poemario desnudo, descarnado e intimista, que sobrecoge por su ritmo y por su singularidad. Se puede intuir por lo que llevo escrito que el poemario sí que me ha gustado, aunque el adjetivo no me parece el más adecuado, pero ninguno de los sinónimos de gustar se ajusta tampoco a lo que quiero expresar. Encontrar la palabra adecuada en poesía es siempre el problema. Pero lo fundamental no es que la palabra sea la adecuada sino que el poema nazca de una necesidad, de una grieta, de una herida. Poesía para cicatrizar la herida, pero no una poesía de apósitos y vendas circunstanciales sino una poesía meditada, casi gélida, que cicatrice la herida desde dentro. Así son los versos que ha escrito Alba Ceres. “arrastrado/ de sí/ el mundo/ ya no/ contiene/ palabras/ como moles / no sujetan/ la flaqueza/ de envolver/ lo que/ no es/…” Son versos que nacen de la aceptación, que nada tiene que ver con la resignación, donde la ausencia se torna presencia y la enfermedad tránsito.  Versos donde la autora ha suprimido todo lo anecdótico, todo lo trivial y baladí, incluidos los adjetivos y los artículos. Poesía desarticulada. Poesía de verbos y sustantivos. Poesía sustantiva y honda donde, en cierto modo, todos somos enfermos terminales y la luciérnaga deviene símbolo de precariedad existencial. “luciérnaga/ que/ pálida/ en el/ rastro/ dura/ duras/ lejos/ en la / muerte/ amas/ tierno/ tan/ aquí”.  La luciérnaga se extingue, pero su luz perdura, pálida y tierna, y cuando los adjetivos se utilizan adquieren una prestancia y una significación muy lejana al adorno y muy cercana a lo primordial y al sentimiento en estado puro. “Luciérnaga” de Alba Ceres es un poemario que habla de un tema tabú como es el cáncer, pero no es un libro impúdico, sino que no habla desde el pudor más hondo y con la metáfora más exacta. Se inscribe en una tendencia actual de poemarios que  hablan de la enfermedad como si quisieran contradecir aquella afirmación de Susan Sontag, a quien tanto admiro, de que no se puede hacer literatura sobre el cáncer, y que todavía me parece válida, ya que ella la utiliza en el sentido de que escribir sobre sobre la enfermedad estigmatiza y condena al enfermo desde el punto de vista social. Un tendencia actual que incluye poemarios tan diferentes como “La sentencia” de Santiago Castelo [Visor, 2015] o “El mal” José Daniel Espejo [Balduque, 2014].  Contradiciendo a Susan Sontang y también, porque no a Primo Levi, sí que se puede escribir poesía después del horror y desde el dolor y la enfermedad.  Nada hay aquí de exhibicionismo ni de golpes de pecho, hay canto, canto  roto, fúnebre si se quiere, pero no, es sobre todo canto, porque como decía Machado, se canta lo que se pierde, canto susurrado, balbuceo, poema, poesía. Les dejo con la  exquisita luz de esta luciérnaga y les recuerdo que solo existen 300 ejemplares. Adquieran una de ellas antes de que se extingan y la oscuridad del abismo vuelva a rodearnos.

domingo, 12 de febrero de 2017

CONFIGURACIÓN DE LA ÚLTIMA ORILLA, MICHEL HOUELLEBECQ


Que uno encuentre más vida y más poesía y más humanidad en el quinto poemario del escritor  francés Michel Houellebecq [1958], titulado; "Configuración de la última orilla" [Anagrama, 2016], aunque el poemario original es de 2013, que en la mayoría de los poemarios escritos por poetas españoles se me antoja un signo de hacia dónde se dirige  la actual poesía escrita en castellano. Quiero decir con esto que en los fríos y a ratos provocadores versos de Houellebecq late un dolor sordo, silencioso, un asco vital, una ternura hostil, una mirada desolada y despojada sobre la realidad  y el ser humano que poco tiene que ver con el estado contemplativo y autocomplaciente de mucha de la poesía que se publica actualmente y que parece ensimismada en mirar una piedra y creerse piedra y en abrazar un árbol y sentir el palpito del universo entero en ese abrazo. La poesía debe ser una lucha entre lo previsible y acomodaticio y el animal salvaje que subyace bajo la capa de cortés hipocresía cultural con que nos ha recubierto la sociedad. La mayoría de la poesía que leo últimamente es de un conformismo radical. Incluida la que las editoriales grandes venden como si fuese poesía  emergente, contracultural  y rebelde escrita por adolescentes no tan adolescentes, músicos, raperos, rockeros y adjuntos. ¿Dónde la grieta? ¿Dónde la herida? Sí que he encontrado eso que busco en los poemas del escritor francés. Poemas breves como destellos de un fuego gélido. Poemas que restallan en el aire como el látigo de un domador de monstruos. No es la vida acaso eso, un monstruo que acaba devorándonos. Y de eso nos habla Houellebecq, de la vida. Una vida donde el autor nos comenta que "Por toda compañía tengo un contador eléctrico". La soledad absoluta. La desolación que procede de los años vividos, cuando se aprende que en verdad estamos solos, completa y absolutamente solos, aunque seamos incapaces de vivir sin el contacto de otro ser humano, aunque sea a nivel sexual e instintivo: "Los hombres solo quieren que les coman el rabo". Como afirma el poeta: "Mi vida es un fiasco total".  Uno puede vivir en mitad de la derrota y del caos. Uno se adapta. Ni siquiera el sexo es una liberación  a cierta edad. Más bien se convierte en otra frustración."Cuando ya no te empalmas, poco a poco todo pierde importancia; Poco a poco todo acaba siendo opcional." La vida opcional es lo que nos deja la vida cuando ya nos ha arrancado los sueños y las esperanzas que nunca debimos soñar ni tener. "Nada es reparable en la vida, / Nada persiste tras la muerte". Ni siquiera el amor que alguna vez justificó la vida, porque el amor  acaba antes, se pierde antes. "Perder el amor es también perderse a uno mismo.// Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento." Pero a pesar de todo nos aferramos al sufrimiento, nos aferramos a la vida, porque no nos queda otra cosa a la que aferrarnos. "Quienes temen morir temen, de igual modo, la vida". Puede que el problema esté en nosotros, en los poetas, en esos seres desgarrados que viven la vida preguntándose su sentido y que, quizás, lo sencillo sería, aceptar las cosas tal cual vienen, sin preguntas, sin respuestas. "La vida está ahí, casi dócil, / Simplemente no he tenido suerte". El poeta sigue a vueltas con la vida. "Es la cara B de la existencia". "Cualquier futuro es necrológico". "La vida no tiene nada de enigmático". "Y la fascinación es una segunda vida". "Mi vida es un fiasco total".  Alguna gente se  aferra al amor o a la religión o a las drogas o a cualquier atisbo de luz en mitad de la penumbra de este valle de lágrimas. Houellebecq no. " No existe el amor / (No el de verdad, no lo suficiente) / Vivimos sin ayuda, / Morimos abandonados". Así vista, la existencia se convierte en pura desesperación en las páginas de un libro " Escrito por un cabrón / Y leído por cretinos".  En esa existencia el autor escenifica su propia muerte. " Una muerte suave y deliciosa / En un aeropuerto pequeño // Pon tu lengua sobre mi polla / Antes de que no haya nada de nada". El pesimismo radical del autor se ajusta muy bien a la estructura en ruinas de la vida. Y para rematar o dejo el poema que más me ha gustado de esta "Configuración de la última orilla". Poesía para náufragos.
                     
                         Existir, percibir

                         Existir, percibir,
                         Ser una suerte de residuo perceptivo  (si se puede decir así)
                         En la sala de embarque de la terminal 2D de Roissy,
                         Esperando el vuelo con destino a Alicante
                         Donde mi vida proseguirá
                         Durante algunos años aún
                         En compañía de mi perrito
                         Y de las alegrías (cada vez más breves)
                         Y del aumento regular de las dolencias
                         En esos años que preceden de forma inmediata a la muerte.

domingo, 5 de febrero de 2017

LA PASIÓN SEGÚN DIONISIO, PEDRO JUAN GOMILA MARTORELL


La poesía, como la pasión, no es monolítica. No es una certeza. No es respuesta y casi siempre es duda, herida lacerante, grieta honda, carne apaleada y piel magullada. Dicho esto, existen muchos tipos de poesía. Tantos tipos de poesía como poetas. Sin embargo, hay una poesía insurgente que es riesgo y verdad, símbolo y rabia, meditación y fuego, culturalismo y vida, realidad inhóspita  y deseo insatisfecho. Una poesía que es en sí misma una enmienda a la totalidad, una apuesta a cara o cruz, pues es revelación y sacrificio, principio y fin; una poesía que no sucede sino que se forja en el alma y se piensa en el corazón y provoca los sentidos. A ese tipo de poesía clandestina que ni da certezas ni deja indiferente porque aunque se forje en el alma y se piense en el corazón se escribe con lágrimas y sangre derrama, con esperma y con ira y la mayoría de las veces con las tripas y otras vísceras, a ese tipo de poesía que es como la violación de la intimidad del poeta y está escrita con una mezcla de pudor e impudor, pertenece la poesía de Pedro Juan Gomila Martorell [Palma, 1967] cuya última entrega hasta el momento es “La pasión según Dionisio”, editorial La Lucerna 2016. Una vuelta de tuerca más al ritual de la carne desde la multiplicación de los espejos poéticos, “Arcadia desolada” [2013] y  “En la tierra de Nod” [2015], donde el espectro del poeta se dobla y se desdobla entre la razón de la sinrazón y el instinto, entre la crudeza, la violencia y la belleza del lenguaje  y la metástasis de la angustia existencial. Desde aquella Arcadia a esta Pasión, Pedro Juan Gomila Martorell  ha trazado con sus torrenciales y encendidos versos iracundos un itinerario que está previsto que acabe entre las llamas del fuego purificador y redentor de “Las hogueras de la carne”. O no, quién sabe.  No están demasiado lejos el paraíso del infierno; el útero de la fosa, la madre castradora del hijo  mutilado y exangüe, en los tenaces versos de este poeta  a contracorriente de la aséptica y epidérmica poesía virtual y virtuosa –entendida como dominio de la técnica, pero también como ajena al vicio, que es el sustrato de mucha de la mejor poesía que se ha escrito-,que se practica hoy en día y que las editoriales manufacturan como agua de mayo y producto de lujo para adolescentes emocionalmente narcolépticos.  No, la poesía de Pedro Juan Gomila Martorell, duplicado entre el ser y el no ser, procede del dolor y se sustenta en el dolor, nace de la lucha encarnizada entre el yo y el otro, entre el hombre muerto que camina como un zombi por el mundo y el hombre nuevo que aspira a vivir la plenitud de su deseo prohibido y marginado. Ese es el origen del que fluye el torrente poético de este autor que se debate entre no solo entre el yo y el otro sino entre el nosotros y el yo mismo –entre el no-es-otro-y-soy-yo-mismo-, soy mi  propia prisión mi propia cárcel, la víctima y el verdugo. Claro que la familia ayuda, y la sociedad también. Pero en el fondo, el  dilema  moral e inmoral y la desgarradura carnal son internos, una grieta en el alma, una laceración de los sentimientos. No hay cura para el estigma de la vergüenza. Se lee en alguna parte. Eso lo sabe bien el poeta y con cada entrega poética ha ido colocando los pilares  para construir un puente utópico que no sabemos bien si acabará en la liberación  o en la destrucción total del personaje poético. No hay medias tintas ni versos incruentos, equidistantes o tibios.  La apuesta, ya lo anuncié, es a todo o nada. O conmigo o contra mi naturaleza. Contranatura.  Los cimientos de este puente ni tiemblan ni se agrietan. Son sólidos pues se sustentan sobre la cadencia clásica de un verso barroco y sinuoso, curvilíneo y sagaz que se retuerce sobre sí mismo como un san Sebastián asaeteado por la lujuria de la reflexión. Hay en las tres entregas un anhelo de una patria que es todas las patrias  como un cuerpo es todos los cuerpos. La Arcadia perdida de la infancia cede paso al destierro  del paraíso. “La pasión según Dionisio” apunta soluciones provisionales: Nuestra patria halla su lar en nuestro pecho / que palpita sin temor junto al amado, / consumiéndonos con besos, con abrazos…./ Dejaremos la ceniza de los cuerpos / tras la danza deleitosa del esperma… ¿Acaso vivir no implica encontrar soluciones provisionales para seguir viviendo y sufriendo nuestra herida? Cada cual la suya. La de Pedro Juan Gomila Martorell es la de la carne profanada que maldice en la casa del Instinto.  Hay en todo poema un gesto de impotencia y todo poema acaba siendo al final el monólogo de un espectro, una fantasmagoría, un juego de voces y ecos, de símbolos sacros y profanos, de profanaciones y hierofanias, de fluidos varios y de amputaciones. Los poemas están repletos de sombras deslumbras y de mitologías subyugantes, de referencias no siempre fáciles de entender para le dócil lector actual de poesía precocinada –de ahí el abundante aparato de notas-, de versos contrariados cargados de furor y rabia, la del poeta que se despezada en el poema y trasciende el poema y se ofrece en carne viva, palpitante, en un refinado y ritual sacrificio en forma de auto sacramental sacrílego donde la profanación del yo alcanza la belleza de la palabra enajenada, de la palabra del otro. Porque los poetas, los verdaderos poetas, como los amantes, solo pueden ser y trascenderse en el otro;  porque somos en el espejo del cuerpo ajeno, en el dolor del otro que es el nuestro. Porque siempre somos el otro y el que nos margina. Si la raigambre de la niebla es la materia, la materia del poema es el propio poeta entregado en cuerpo y alga, lo sacro y lo profano ardiendo en la misma llama, lo bello y lo siniestro - ¡Trinchad el pene hervido en los calderos! / Mas mío el corazón. Y es suficiente.-, la brutalidad y la ternura en una misma pasión funesta.  Según Dionisio, o según Pedro Juan Gomila Martorell.