En una sola sala de toda la capital: "La gran belleza", 142 minutos de Paolo Sorrentino [Nápoles 1970] "La gran belleza" habla de Roma, pero sobre todo habla del fracaso. De los sueños y del fracaso. De ese fracaso íntimo que conduce a la nausea y a la parálisis, cuando los demás nos ven como un triunfador y nosotros nos descubrimos seres ruines, apáticos y desahuciados. La película es un gran fresco de una ciudad moribunda. Desde ese comienzo deslumbrante repleto de travellings que van y vienen de un monumento a otro, de la cara de un turista a una escultura, o que simplemente deja que la cámara se deslice por encima del agua de una fuente acariciándola como si fuese la piel de un deseo, pasando por corte a una fiesta nocturna y hortera en una terraza con música de Raffaela Carrà y personajes grotescos exhibiendo sus miserias y apurando una lejana juventud perdida; hasta esos paseos del desencantado protagonista acompañado de una striper cuarentona igualmente desencantada por los palacios de la ciudad de la mano de un hombre de confianza de las dueñas. O esos nobles venidos a menos que se alquilan para cenas por horas o por noches. Estamos ante un fresco grandioso y desproporcionado. Algo más grande que la vida. Muy al estilo de Federico Fellini [Rimini 1920-Roma 1993]. No solo del Fellini de "La dolce Vita" [1960] sino también el Fellini de "Ocho y medio" [1963] o "Roma" [1972]. Un periodista, palacios, la noche, droga, imposturas, snobs, artistas de medio pelo y otros que ni siquiera soportan una mirada o saben explicar que es una vibración. Una monja que come raíces y duerme en el suelo. Una directora de periódico enana que parece sacada de la parada de los monstruos o de otra película de Fellini: La Strada [1954]. Una fauna pintoresca y deleznable. Son tantas las referencias. Y no digamos nada del besamanos a la monja que come raíces escenificado como el desfile de diseños de modelos papales de "Roma" [1972]. Decadencia y caída. El hedor de una ciudad en descomposición y sin embargo bella y paralizante. Letal. Una ciudad donde la apariencia cuenta. Una ciudad de viejos y turistas. Esas princesas jugando a las cartas a la luz de las velas en sus lujosos palacios a oscuras. La gran belleza tiene mucho de danza de la muerte, de ballet para espectros. La lucidez de su protagonista contrasta con el entorno donde todos juegan a engañarse. Como bien dice el seductor periodista y fracasado escritor: lo que más me gusta de nuestras congas es que no conducen a ninguna parte. Como todo gran fresco hay fragmentos que funcionan mejor que otros, pero el resultado final es tan brillante, a pesar de alguna imagen cursi sobre el gran amor juvenil del protagonista que merece la pena verla no solo una vez sino un par de veces para captar todos sus detalles y sentir cómo se ahonda ese poso de tristeza que queda al final.
viernes, 21 de febrero de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
BANALIDADES BRANE MOZETIC
En mi reciente viaje relámpago a Córdoba además de la media docena larga de poemarios que me regalaron aproveché para comprar otros libros, lo suelo hacer en todos mis viajes, principalmente poemarios, de autores de la ciudad, pero no pude resistirme a comprar el poemario que ha traducido la ediotorial Visor del poeta y activista esloveno Brane Mozetic [Ljubljana, 1958]. En la contraportada del libro Yolanda Castaño habla de "crudeza eslava" y el prólogo del inefable Luis Antonio de Villena se titula significativamente "Brane Mozetiv, poesía de sexo y desolación". Poesía, sexo, crudeza y desolación. Qué quieren que les diga. Un cóctel molotov al estilo esloveno. Cincuenta poemas, setenta y seis páginas. Poesía narrativa con mucha droga e intercambio de fluidos por en medio. Sólo a miles de kilómetros de ti / me atrevo a reconocer que, entonces, / me enamoré de tu esperma, de la muerte que traía. Pag. 38. ...En el cuarto hay laberintos, todo / huele a popper, el sudor por las paredes, te metes entre/ el gentío, sus pollas cargadas te rozan, miran a ver/ si tienes un culo apretado.../ Pag. 57. Dijo que tenía dieciséis años y que llevaba / años follando por allí. En realidad no sabía /que hacer consigo mismo / Pag. 26. Es como si el poeta, como todo poeta verdadero, hurgase en la herida de su vida con un cuchillo de cocina. Los versos son abruptos y poco condescendientes tanto con el autor como con el posible lector. Mozetic nos habla de los poetas colocados. De cerrar los ojos y fingir que uno no existe. De que algo debe fallar en nosotros cuando a los cuarenta y cinco años no se tiene en quien pensar con amor. De que no nos han dado nada que nos ayude a subsistir ni fe ni esperanza. Ni siquiera amor. La poesía no salva, el sexo no ayuda. La vida es una mierda. Directamente. Una cloaca inmunda. ¿Para qué fingir? ¿Cómo soportar la inclemencia de estar vivo? Quizá debería tomar fuerzas y matarme / de una u otra forma. Pag. 39. No existe el paraíso en estos poemas. No. Hombres que saltan encima de la barra / y se desnudan. Cuerpos elaborados, pieles bronceadas, / músculos....Bailarines que se inyectan/ una jeringuilla en la polla antes de subir/ al escenario para que las masas se asombren / Pag. 48. La potencia poética del autor es tal que eleva los materiales de derribo con los que construye sus versos a un nivel superior. Siempre se ha dicho que no importa tanto el tema que se trata cómo la forma de tratarlo. Un poeta es la mirada que arroja sobre la realidad que le toca en suerte. Es cierto que son demasiados poemas y que no todos están a la misma altura. Pero si aplico mi norma de que un verso salva un poema y un poema salva un poemario, éste debería ser salvado bastantes veces, pues hay al menos media docena de poemas excelentes. Y aquí el sexo no es una excusa banal para el erotismo festivo, sino un tema alrededor del cual giran la vida, la decepción, el fracaso, la desolación vital, el absurdo de vivir. Yo no sé ustedes, pero cada cierto tiempo volveré a los versos de este poemario que irónicamente se titula "Banalidades". Quizá el autor que no carece de humor podría haberlo titulado: "Analidades". No desmerecería. ...Me paro.../ después escribo despacio, con titubeos, / que mordisquea mis pezones, luego bajas hasta.../ mi polla y se la mete en la boca. Desliza / por ella su lengua rosada, se la mete/ en el culo y, así, se mece encima de mí. / Pag. 43. No se equivoquen, desesperación, intensa desesperación en estado puro.
sábado, 8 de febrero de 2014
ADICCIONES / PHILIP SEYMOUR HOFFMAN
La mayoría de la gente tiene sus adicciones. Solo que unas son más peligrosas que otras. Beber es una adicción, el sexo compulsivo es una adicción, la televisión basura es una adicción, drogarse es una adicción, fumar es una adicción, ver películas interpretadas por Philip Seymour Hoffman [ 1967, Faiport- 2014 Nueva York ] también es una adicción. Únicamente que unas adicciones son más peligrosas que otras. Seymour Hoffman acaba de morir víctima de su adicción. Era una adicción íntima, quizá insensata, pero era la suya, la que él habita elegido para sobrellevar el dolor de su vida.Se levantan las campanas al vuelo. Por quien doblan las campanas. Doblan por él, pero también como dice el poema, doblan por mí. Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Yo también tengo mis adicciones. Casi todas menos peligrosas, aunque alguna de riesgo. Siento la muerte de este inmenso actor. Algo más que un simple actor secundario. Repaso la lista de películas suyas que he visto a lo largo de estos años: Boogie Nights [ 1997] ; El gran Lewoski [1998]; Happiness [1998]; Magnolia [1999]; El talento de Mr Ripley [1999] una versión irrelevante dirigida por A. Minghella, sobre la maravillosa novela de Patricia Highsmith, cuando ya existía una adaptación mucho más interesante dirigida por Rene Clement en 1960 "A pleno sol" con Alain Delon; Casi famosos [2000]; Dragón Rojo [2003]; Cold Mountain [2003]; Capote [2005]; Misión Imposible III [2006]; Las idus de marzo [2011] y El último concierto [2013]. Me quedé con las ganas de ver "The master" [2012] Un actor camaleonico, seria la forma de definirlo. Poco importa ya. Uno es lo que hace mientras vive y cómo se le recuerda tras su muerte. Hasta aquí hemos llegado. Me sobras las plañideras periodísticas de los últimos días. Las adicciones son una parte de la vida. Peligrosas, pero qué es vivir sino un constante morir minuto a minuto.Quizá los artistas -actores, cantantes, escritores- sean más propensos a las adicciones peligrosas porque para ellos la vida es más insoportable. Y no se trata de eso que se llama tener una sensibilidad especial, sino más bien de ver la vida desde el borde del abismo; desde el privilegiado lugar del desahuciado que no lo parece. Ni pena ni lástima. La mejor manera de honrar al actor es volver a ver sus interpretaciones porque en ellas puso lo mejor de sí mismo, el dolor lo guardó para él, para la intimidad. La moralidad no entra en estas líneas.
domingo, 2 de febrero de 2014
INDIGNO DE SER HUMANO OSAMU DAZAI
Dicen que lo breve, si bueno, breve, o sería mejor decir que lo bueno, si breve, mejor. Es el caso que nos ocupa. Osamu Dazai [Kanagi, 1909-Tokio, 1948] Vida breve con suicidio de por medio y obra no demasiado extensa, muy pegada a su propia vida o a sus propias vivencias. Un hombre atormentado. El décimo hijo de una familia acomdada que podría haber tenido una vida cómoda y feliz, pero que en cambio militó en el movimiento comunista clandestino, fue encarcelado, torturado, desherrado por su padre, acosado por las mujeres, drogadicto, alcohólico y suicida en potencia con cuatro intentos. Si destaco estos datos de su biografía es porque gran parte de ellos le son atribuidos al protagonista de este breve, muy breve y dolorosa novela "Indigno de ser humano" publicada en 1948 pocos meses antes del suicidio del autor con su amante arrojándose al río Tama. Vida y arte se entremezclan. La novela en forma casi de diario se compone un un prólogo y un epílogo junto con tres cuadernos. El primero de los cuadernos comienza: Mi vida ha estado llena de verguenza. De ahí en adelante el protagonista desgrana un descenso a los infiernos del auto conocimiento con drogas, mujeres, alcohol y renuncias. Si se cambia la profesión del protagonista tenemos un autoretrato en negro negrisimo del propio Osamu Dazai. Autor moderno y feroz consigo mismo, despiadado también. Cruel, irónico. Capaz de ver la viga en el ojo propio antes que la paja en el ajeno. No suceden grandes cosas a nivel narrativo, en cambio a nivel introspectivo la novela es una sucesión de mareas internas. El autor va anotando sus pensamientos, casi nunca positivos: Podría decirse que todavía no he comprendido lo que mantiene vivo al ser humano. // Por lo general, las personas no muestran lo terribles que son. // Mi idea de alguien respetado consistía en una persona que había logrado engañar a los demás...// Las personas se engañan unas a otros del modo más natural y, sorprendentemente, sin resultar lastimadas. // En mi vida, muchas veces, he deseado ser asesinado, aunque ni una sola vez he pensado que quitar la vida a nadie.// ...la mujeres saben disfrutar de los placeres más que los hombres...// Comprender los sentimientos de cualquier mujer es más complicado y desagradable que estudiar las emociones de un hombre.// Las personas que temen a otros seres humanos desean ser espectros de apariencia todavía más horrible.// Las prostitutas no me parecían ni personas ni mujeres, más bien me daban la impresión de seres idiotas o locos; por eso, me sentía muy a salvo en su compañía. // Sentía que la sociedad humana no era solo economía, sino que en el fondo acechaba algo misterioso.// La irracionalidad...me producía un cierto placer.// Existe la apalabra "marginados" que denota a los infelices, a los fracasados y a los descarriados en la sociedad humana; pero yo creo que lo soy desde el momento que nací. // Hasta cierto punto, logré acostumbrarme a fingir descaro.// Los cobardes temen hasta la felicidad...a veces, hasta la felicidad les hiere. // El tercer cuaderno acaba: En mi existencia ya no existe la felicidad o el sufrimiento. Todo pasa. Esa es la única verdad en toda mi vida, transcurrida en el interminable infierno de la sociedad humana. Muchos seres humanos suscribirían estas palabras tal y como está montada actualmente la sociedad humana. Aunque cada caso es único. Osamu Dazai nos expone con detalle y brevemente, pues de lo contrario sería insoportable, inaguantable, el dolor de la vivencia. Una novela que escarba en la conciencia interior de un hombre incapaz de asumir las contradicciones de vivir entre lobos.
domingo, 26 de enero de 2014
NYMPHOMANIAC VOL II LARS VON TRIER
Llega puntual al segunda parte de la a ratos perturbadora y a ratos meditabunda "Nymphomaniac". Quienes esperaban más sexo obtienen más sexo, pero no sexo como gratificación y disfrute. Si en la primera parte la vida sexual de Joe contada por ella misma adquiría dimensiones exultantes y a ratos liricos por todo lo que implicaba de liberación individual, de aceptación de nuestra propia idiosincrasia sexual y del único instinto que la hipócrita sociedad en la que vivimos es incapaz de dominar y domeñar. En esta segunda parte tanto lo que se nos cuenta como la forma de ser contado es mucho más oscura. Uno puede sacar la impresión de que Lars von Trier nos sermonea sotto voce. Ni la sociedad actual ni los personajes que la habitan salen muy bien parados de este retrato sexual en negro carnal por así decirlo. No recuerdo si es la protagonista o no la que en un momento dado afirma que la principal virtud del ser humano es la hipocresía. Somos seres a imagen de la sociedad que hemos creado. Nos otorgamos reglas para luego romperlas. Que a algunos timoratos puedan molestar o sobresaltar un primer plano de una polla erecta mientras la narradora relata como en la mil y una noches una historia de pederastia o la discusión entre dos hermanos negros medianamente dotados sobre quién se folla a la protagonista por delante y quien por detrás sería concederle a "Nymphomaniac" un poder revulsivo y renovador del que carece. Lo importante está en las palabras. Lo que dicen los personajes es lo verdaderamente revolucionario. Claro que a veces se nos escapa el mensaje entre tanto cuerpo desnudo o entre tanta provocación con tendencia al horror vacui. Y luego ese final que no hace sino corroborar los capítulos anteriores. Uno no sabe bien si aplaudir a Lars von Trier o mandarle a paseo. Claro que tanto para aplaudir como para denostar es necesario haber visto la película. Y eso no está al alcance de todos. Algunas mentes son demasiado estrechas para pasar por esa puerta.
sábado, 25 de enero de 2014
AGOSTO JOHN WELLS / TRACY LETTS
Podría afirmar que me ha gustado "Agosto" [2013] John Wells, pero quizá no tanto como hubiera podido gustarme. Uno ve el potencial dramático de la obra de teatro y comprende que la película se queda corta, muy corta; casi si vuelo a pesar de la encomendable aportación de sus interpretes. Hay tantas sugerencias desaprovechadas, que uno piensa en lo que hubiera podido y no es. Sin embargo tenemos lo que tenemos. A Mery Streep en plan Meryl Streep versión Elizabeth Taylor / ¿Quién teme a Virgina Woolf? O sea en plan estrella desaforada y sublime y maravillosa y divina de la muerte a pesar de aparecer con el cabello casi al rape por la quimioterapia del personaje y un jersey oscuro arrugado y con manchas y una pelucas imposibles. Ella es la estrella del espectáculo. Todo gira a su alrededor. Ella es la madre, la gran devoradora y castradora de la función. Un personaje digno de Lilliam Hellman. Baila, grita, insulta, vomita, es adicta a los fármacos, se pone gafas de sol y lo sabe todo. Todo. Qué terrible palabra. Saberlo todo, incluso los pequeños secretos de familia. Es Violet. Un nombre muy apropiado. Se podría ver un eco lejano de la Violet Venable de "De Repente el último verano"[1958] de Tennessee Williams. Otra madre castrante y dominante. Por cierto en la película dirigida por Joseph L. Mankiewicz sobre esa obra también andaba la Taylor, aunque la madre fue mi adorada Katharine Hepburn. A lo que iba. Qué hay muchos teatro y del importante detrás de "Agosto". No me olvido de la influencia principal: Eugene O´neil y su doloroso e íntimo "Largo viaje del día hacia la noche" [1941]. Y que casualidad la madre drogadicta de la función cuando la obra fue adaptada al cine por Sidney Lumet fue también Katharine Hepburn. Lo importante de "Agosto" no es solo lo que se dice, sino lo que no se dice; lo que queda entre líneas. Y se dicen bastantes cosas y bastante crueles y duras. Pero son la sugerencias las que dotan de fuerza toda la podredumbre y la mierda que los personajes principales se echan los unos a los otros. Madre adicta a los fármacos. Beverly, el padre profesor y poeta alcohólico y suicida. Tres hijas con una infancia difícil que intentan sobrevivir cada una a su manera. Dos que se marchan, una que se queda pero que también desea marcharse y se ha enamorado de su primo. Un cáncer. Barbara la hija díscola y con talento, la gran decepción del padre según la madre, con un matrimonio fracasado por la infidelidad del marido con una chica más joven, pero intentando aún aferrarse a los restos aunque no sirva de nada. La hija desorientada. La hermana descarriada interpretada por una Juliette Lewis zarandeada por la vida, que en "El cabo del miedo" [1991] interpretó un papel similar al de la hija adolescente de Julia Robert. Un entramado de celos, decepciones, engaños, culpas y traiciones. Y de fondo la soledad y la desolación humanas. Dos personajes totalmente desaprovechados que daban a para una obra completa ellos solos son la hermana y el cuñado de Violet. Pero eso sería obra obra. Desde luego la familia será la base de la sociedad, la célula primigenia, pero en una sociedad como la actual, las familias no son una solución, sino un problema. Nunca los han sido, pero ahora menos que nunca. Como bien afirma uno de los personajes de la película, las familias apenas la componen unos seres que han nacido allí por casualidad. El concepto de seno familiar es una estupidez. Y como afirma el padre poeta refiriéndose a un verso de T. S. Eliot: La vida es muy larga.
sábado, 18 de enero de 2014
KEEP THE LIGHTS ON, IRA SACHS
Continúo con mi tendencia a ver el cine en casa en DVD. Sobre todo el que no se estrena en los cines. Le toca el turno a "Keep The Lights On" dirigida por Ira Sachs en 2012. Otra historia de amor entre dos hombres, pero a diferencia de "Weekend", esta historia dura algo más de un fin de semana. Una década. El encuentro de los personajes masculinos no es muy diferente del encuentro producido en "Weekend". Unos ligan en un bar y los otros quedan por teléfono para follar. Sexo. Nada que objetar. No hay muchas esperanzas de repetir, pero reinciden y al final se van a vivir juntos. Y claro comienzan los problemas. La convivencia genera roces y disensiones. ¿Pero quién dijo que los gays no tienen problemas y menos si viven o conviven en pareja? Por los visto la homosexualidad es el colmo de la vida despreocupada. "Keep The Lights On" intenta desmentir esto. O no. Los gays felices son una utopía. Supongo que como las parejas heterosexuales felices. La felicidad es una utopía. Si se trata de amor el equilibrio es difícil y complejo. Si se trata de sexo, estamos al cincuenta por ciento. Los gays y los heterosexuales. Tanto da. Lo que si me molesta y mucho es esa asociación gays y drogas que se da tanto en "Weekend" como en la película de la que hablo. Drogas, porros, crack...de todo un poco. No digo que la imagen no responda en parte a una realidad. Cualquiera que viva la noche lo sabe, pero la asociación termina siendo un tópica, que no es lo mismo que utópica. El reparto está bien, la música es excelente. Y de fondo la eterna compañera de cualquier persona -hombre o mujer- que no se limite a pasar por la vida sino que piense en el sentido de la vida: la soledad. La eterna soledad. Nacemos solos, morimos solos. Y casi se podría decir que vivimos solos, aunque nos engañemos matando el tiempo que nos mata con cenas, comidas, cine, música, literatura o sexo. La vida es un contrato en desventaja. Sobre todo para los hombres que aman a otros hombres. Por descontado en versión original con o o sin subtítulos como en una sesión de cine de arte y ensayo.
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