"Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", escrito
por Diego Sánchez Aguilar [Cartagena,
1974], doctor en literatura, profesor de
enseñanza secundaria y poeta y narrador a tiempo indefinido, es un libro de
relatos insólito y solidario, un libro
de relatos que descoloca y para dejar las cosas claras desde el principio un
estupendo y brillante libro de relatos sobre la hipocresía social y sexual. Y
para afirmar que se trata de un brillante y estupendo libro de relatos no hay
que ser un lince ni un adivino ni un vidente, ya que su calidad viene avalada
por la concesión del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en
2016. Y además es el primer libro de relatos del autor. Este libro habla de
sexo explicito, implícito y polivalente
y, también, de cosas que tienen que ver
con el sexo y sus alrededores: masturbación, voyerismo, relaciones
extramatrimoniales, penetraciones varias, conducción temeraria, celos, pornografía, drogas, turismo sexual,
mulatos, pero sobre todo habla de
literatura y de para qué coño sirve la literatura, suponiendo que la literatura
sirva para algo. Si piensan que esta reseña está un poco subida de tono,
esperen a leer el primer párrafo del primer relato. José Luis tiene una erección tremenda. Si uno reseña un libro que
empieza así, tiene que estar a la altura, o un poco por debajo. No conceden el
premio Setenil a la mejor reseña del año. Eso lo tengo claro. No me hago
ilusiones al respecto, pero el amor propio es la primera ley del sexo no
correspondido y de la literatura universal.
Y sexo no correspondido y literatura hay mucha en estos siete relatos de
palpitante actualidad e insatisfactoria realidad. Y aquí introduzco el término
realidad que es parte fundamental de la ecuación narrativa que propone Sánchez
Aguilar. El otro, el sexo, ya lo habrán
intuido ustedes a poco que sean poco
intuitivos a estos niveles. Realidad
sexual, sexualidad real, el orden de los términos si altera el producto y además
nos aleja del objetivo que late en el fondo de la propuesta de este libro, aunque
sí que hay un aspecto o una derivada que interesa: la realidad y el sexo se
llevan a patadas, o a contrapié o son algo contranatura. Elijan ustedes el
concepto que más les guste. Como su propio título señala–por muy irónico y sardónico que sea-, este es un libro de tesis, un libro de
relatos de tesis pero sin moral ni moraleja, en el cual el sexo es el macguffin
como en las películas de Hitchcock. Así
nos aproximamos confiada y festivamente a esa cruda realidad edulcorada con aromas afrodisiacos y carnales por el autor que además pretende vendérnosla envuelta en celofán,
como el tahúr que sabe que está vendiendo gato por liebre. Sánchez Aguilar se
disfraza de entomólogo social y de antropólogo sexual y selecciona un pequeño pero certero catálogo de personajes reales y mediocres
como la vida misma para viviseccionarlos y mostrarnos sus vicios y virtudes al
natural. Sobre todo sus defectos,
porque, quién lo duda, el hombre es imperfecto por naturaleza y cuando esa
naturaleza es de orden sexual, entonces, la imperfección es doble. Ya que en el ser humano, el sexo es la
distancia más corta entre la realidad y el deseo. De eso hablan estos relatos, de lo que los
seres humanos desean o creen que desean y de lo que obtienen en realidad y de
las consecuencias y daños colaterales
que eso genera en el entorno: soledad, frustración, ira, incomunicación. El autor fiel a su aplicada tarea de
entomólogo antropológico o de antropólogo entomológico, se ha propuesto abrir
en canal la banalizada sociedad actual y utiliza el sexo como el bisturí con el
que diseccionar la realidad de una clase
social, la clase media, una clase social desclasada, inclasificable, y sin
conciencia de clase media, y recurre a la ironía y al sarcasmo como anestesia para que el lector no salga por
pies y espantado ante el resultado del diagnóstico. Para ello ha seleccionado
un exquisito catálogo de ejemplares mediocres, vulgares y anodinos que cubren todo el espectro de la
grama de grises que abunda en la clase
media y ha elegido esos momentos típicamente tópicos –una cena de empresa, un
viaje de mujeres solas a Cuba, un encuentro de antiguos alumnos de instituto- dónde el alcohol y la nostalgia y
el rencor por la deudas pendientes de la vida nos muestren ese animal malherido
emocionalmente que es el ser humano en general.
El reparto de protagonistas no tiene desperdicio: José Luis, 39 años, empleado de banca, casado con una hija;
Anselmo Alonso, 41 años, soltero, tímido, cien kilo, trabajador de correo;
Aurora, cuarenta años, separada
trabajadora de La Caixa;
Francisco y Marta, matrimonio en la cuarentena con un hijo que viven ya
dentro del apacible mundo sin sexo; Paula González, 40 años, casada con hijos,
trabajadora en un hospital; Vicente, 30 años casado, culto, moderadamente
feminista y liberal, pero celoso; y
Fernando, 30 años , 184, soltero, sin ideales políticos, fotógrafo
publicitario. Con este reparto y contándonos las historias en presente
inmediato, porque todos sabemos que el presente anterior es pasado y el presente
posterior se confunde con el futuro y que el presente inmediato nos permite meternos de cabeza en la
historias y verlas y sentirlas y vivirlas desde dentro como si nosotros
fuésemos parte de lo que sucede, como si nosotros fuésemos José Luis teniendo una tremenda erección
mientras piensa si Cristina lleva o no lleva las bragas puestas e incluso cuando la historia transcurre en dos
tiempos distintos, separados entre sí 20 años – por ejemplo “Injusticia”-,
ambas historias se relatan en presente, como si se buscase la inmediatez del
sexo rápido, brutal y urgente. Sánchez Aguilar orquesta esta socio-radiografía
sexual en tres dimensiones que deja transparentar muchos de los graves
problemas endémicos que aquejan a la
sociedad moderna en la que estamos insertos: la soledad, la insatisfacción, la
incomunicación, la frustración y los placebos sociales, como son: las drogas,
el alcohol, los eventos deportivos, el turismo todo incluido, los edificios con
materiales de primera calidad, la pornografía, la publicidad. Para ello tira de escuadra y cartabón y
utiliza una prosa elegante, fría, exacta y minuciosa, donde cada palabra está
colocada con la precisión de quien construye una bomba de relojería de efecto
retardado. Una bomba que no estalla cuando la estás leyendo sino cuando tiempo
después vuelves a pensar en ella y te olvidas de esa primera erección de José
Luis o de si Cristina llevaba o no llevaba bragas en la cena de empresa. Lo que perdura cuando se agotan los fuegos de
artificio del sexo, es la amargura de unos personajes estafados por la vida,
que nunca han tenido el tipo de sexo que la publicidad les vende, que viven en
apartamentos cuyas hipotecas tendrán que heredar sus hijos, que apenas hablan
con sus parejas de lo que desean, que apenas desean, que sobreviven atrapados
dentro de su propia frustración. El
único triunfador de estas historias es Fernando, el fotógrafo de la última
historia, que en el fondo es un triunfador a medias y un triunfador a medias es
un fracasado, al que le gustaría tener una Harley Davidson XR 1200 pero no se la compra por el accidente en el que
murió su hermano y le gustaría ser un
indignado, pero no lo ve coherente con sus trayectoria económica, ya que es un tipo con dinero heredado de la
especulación inmobiliaria. Este personaje, que graba sus encuentros
sexuales con las modelos que fotografía para luego retocar las
imágenes publicitarias y añadirles ese matiz vital que solo se produce cuando
uno se abandona en el orgasmo, aunque para él, el mejor orgasmo es el que mejor
interpretado está, se me antoja una reflexión metaliteraria sobre la propia
obra narrativa, donde la realidad perfectamente fotografiada palabra a palabra
es luego retocada por el autor para otorgarle
ese halo de vitalidad que la palabra por sí misma no tiene. De todo esto no habla este libro de relatos
titulado “Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino” y publicado por la editorial
Balduque, pero que si no fuera porque deduzco que el titulo es una necesaria
provocación para estimular las ventas, bien podría haberse titulado muy adecuadamente
“Nuevas teorías sobre la frustración de la clase media en tiempos de crisis”,
claro que entonces quizás hubiésemos pensado que se trataba de un sesudo tratado económico, en lugar de un estupendo
y brillante y demoledor primer libro de
relatos
sábado, 4 de febrero de 2017
domingo, 22 de enero de 2017
MUNDO CRUEL, LUIS NEGRÓN
Se ve que tengo un principio de año poco constructivo. Me gustaría decir algo agradable sobre los relatos de "Mundo cruel" de Luis Negrón, pero debo de tener el espíritu critico por las nubes. Estos cuentos venían envueltos en cierta aura. La faja afirma que es una espléndida colección de relatos sobre las variedades de la experiencia homosexual. Pero a mí solo me ha parecido una colección de relatos sobre las variedades de la experiencia homosexual. Creo que le sobra el espléndida. Los relatos no están mal, quiero decir, que tienen voluntad literaria, pero se quedan en eso; en la voluntad literaria. Monólogos intrascendentes que parten del tópico dan un salto en el vacío y se estrellan en el mas puro vacío. Fuegos de artificio. Alguno incluso bordea lo cursi sin aportar la suficiente distancia irónica. Hay un par de buenas ideas, pero poco más. Y un prólogo laudatorio de Ignacio Echevarría que va de la página 9 a las 23. Teniendo en cuenta que el libro tiene 103 páginas con los agradecimientos y el índice y que incluye 9 relatos. Poca cosa, nimia. Poca cosa para el precio que cuesta. Le precede su fama. El libro se publicó en 2010. Que no me guste no significa nada. soy un simple lector que opina. La idea de "Mundo cruel" el relato que da titulo a la colección es buena, pero está desaprovechada. Del resto solo me ha interesado la historia de ese padre que quiere emigrar a Estados Unidos porque intuye que su hijo es gay y quiere darle al menos la posibilidad de vivir en un país donde pueda desarrollarse sin que le repriman. Contado así parece un chiste macabro. Pero es que por mucho virtuosismo que uno ponga es difícil trabajar con materiales de derribo y que te quede una casa funcionaL y decente. No todo el mundo puede ser Eduardo Mendicutti . Quizás esperaba demasiado de estos relatos y mi decepción ha sido proporcional a mi anhelo.
viernes, 6 de enero de 2017
EL EDITOR DE LIBROS MICHAEL GRANDAGE
A veces tienes la sensación de que te gustaría salvar algo porque consideras que tiene suficientes virtudes para ser salvado, pero al mismo tiempo te invade la sensación contraria de que quizás sería mejor dejar que eso que te gustaría salvar permanezca en el olvido porque no llegó a estar a la altura de lo que esperabas de él. Algo así me sucede con "El editor de libros". Esperaba más mucho más de ella, dada mi fascinación por el tema que trata y por el autor Thomas Wolfe, el autor de "El ángel que nos mira". La película es correcta, pero ansías que hubiera sido algo más que correcta. El reparto es estupendo a pesar del desequilibrio que supone la actuación de Jude Law que casi contagia a Nicole Kidman, aunque no del todo. Lo que se cuenta es interesante y trascendente: el papel de manipulador del editor, de creador de una obra propia a partir de una obra ajena. ¿El editor poda el árbol plantado por el escritor o simplemente lo mutila? No es cuestión menor cuando se habla de derechos de autor y todas esas zarandajas. El problema es que la película es tan fría que no emociona ni siquiera cuando debe emocionar. Parece manufacturada en serie. Podemos creernos la pasión de los personajes, pero esta no se transmite en la pantalla. Ni la de Wolfe escribiendo ni la de su amante entregada incondicionalmente a él, ni la del editor por la obra del autor novel. Y una película de este tipo que no emocione es como un ramo de flores que carece de olor. Bello, pero innecesario. Eso sí, queda el marchito perfume de lo que hubiera podido ser esta historia en otras manos.
domingo, 18 de diciembre de 2016
EL AMOR DEL REVÉS LUISGÉ MARTÍN
Algunos libros hay que leerlos con cautela porque duelen. Y duelen porque algo en ellos hace que te impliques personalmente. Eso ocurre con "El amor del revés" de Luisgé Martín [Madrid, 1962], calificado en la contraportada como "autobiografía sentimental". Y en eso consiste esta obra, en una morosa y detallada disección de la vida sentimental de un hombre que descubre que es homosexual y las implicaciones emocionales y sociales que este descubrimiento íntimo tiene para el autor. Aunque en un momento de la obra el autor afirme: " Este libro es, en cierto modo, el inventario de mis arrepentimientos, de las mentiras que acepté con mansedumbre". El autor es la materia de su obra. Y es complicado ser al mismo tiempo el cocinero y la materia prima que se cocina. Encontrar la distancia narrativa es importante, pero más importante, todavía, es encontrar la voz adecuada para narrar un material altamente inflamable. Luisgé Martín encuentra esa voz desde la cita inicial de Jaime Gil de Biedma "De la vida me acuerdo, pero dónde está" hasta ese presunto final feliz que cierra el libro: "Aunque ningún final es feliz: si es feliz, no es todavía el final". Que deja la puerta abierta al pesimismo del futuro. Porque, como bien se afirma en un momento dado: "La felicidad no se conquista nunca, solo se planea y se divaga". Qué difícil el arte de la felicidad cuando se trata del amor y sobre todo del amor homosexual. Qué difícil al felicidad en general: "Siempre he tenido el convencimiento de que vivir es, incluso para lo seres felices, un error formidable. Una enfermedad crónica que debe ser medicada..." Y de esa enfermedad crónica que ha sido su vida escribe el autor sin complacencia, con una sinceridad que deja ver las grietas, la heridas, el esqueleto atroz del insecto. El insecto no podía ser otro que la cucaracha. Insecto literario donde los haya, pero que le sirve al autor para definir a la perfección la sensación que, en aquellos años en los que está ambientada esta obra, podía sentir una persona que fuese homosexual. La condición de cucaracha no desaparece ni siquiera con los años. Es una condición emocional que se pudre en el alma. La cucaracha miente y sobre todo se miente a sí misma: " Se llega a ser lo que durante mucho tiempo se finge ser". La cucaracha miente porque no desea ser identificada como lo que es. Porque el espejo de la culpa devuelve una imagen deformada del nosotros. La cucaracha es un insecto solitario y atormentado: "...yo siempre sentía una amargura viscosa y enmarañada que hacia que se me detuviera el corazón. Yo era una persona adulta que había aprendido a nombrar las cosas: sabia que aquello era la soledad...a medida que pasaba el tiempo mis tormentos se hacían más grandes". Las confesiones del protagonistas son descarnadas y sin lugar para el indulto ni para el retoque. No se liman aristas: "No le dije que yo también era una cucaracha negra y solitaria, que las mujeres me repugnaban sexualmente, que mi soledad era como la suya". Este retrato de homosexual adolescente se va matizando conforme se suceden las páginas y se acumulan las experiencias y está repleto de pequeñas y acertadas reflexiones en torno al amor y otros demonios particulares. Así se afirma que en el amor homosexual: " Se ama a quien se puede amar, a quien permite ser amado. Es un acto de supervivencia". La malaventura es "un destino contra el que las bestias no podíamos luchar, sólo jactarnos de él". "La crueldad innecesaria es uno de los rasgos de los psicópatas y de los fracasados·". "Los amantes repudiados guardan siempre la ilusión de un acto milagroso, de una revelación mágica que transfigure el corazón de aquellos a quienes aman". "La infancia es la verdadera patria del hombre, como decía Rilke, pero es también su cárcel". "Los amores inventados tienen esa superioridad que los hace invulnerables: la criatura amada siempre posee las virtudes que el amante espera". "Quien renuncia a alguien sólo porque nunca podrá poseerlo no está haciendo otra cosa que reconocer la debilidad y la flaqueza de sus propios sentimientos". "Aprendí que el amor es desleal, que no puede pervivir sin alimento, que se compra o se vende fácilmente por las naderías de la vida"."El egotismo es uno de los estigmas característicos de los homosexuales secretos, de esos hombres que...vivieron su adolescencia encerrados en torres de marfil o en mazmorras aisladas". "La felicidad que solo es íntima, que tiene que ocultarse de la vista de los demás, deja de ser felicidad". "La autocompasión es un sentimiento con poco prestigio, pero a menudo sirve para salvar el alma". Hay una profunda reflexión a lo largo del texto sobre la condición sexual como sustrato sobre el que se asienta lo que somos. La condición sexual nos determina. Somos seres sexuales o no somos. "...la experiencia erótica proscrita y reprobada; la sexualidad torcida. Sólo en él se puede descubrir la hondura verdadera del lo que fingimos ser y de lo que en realidad somos". "Tuve una revelación extraña: comencé a comprender que el sexo abyecto y excesivo era el más humano, el que me distinguía realmente de otras especies zoológicas", "...la sexualidad representa la piedra angular del edificio de la personalidad y...esa piedra debe sostener los arcos y las bóvedas, los muros recios y las paredes finas..." Podemos fingir en todo lo demás, pero nunca en el momento de expresarnos sexualmente. De todos estos asuntos trata "El amor del revés", un striptease literario y sentimental, emocionante a ratos. Un autorretrato en negro, duro, con aristas y diversos tonos de gris. Un retrato matizado detalle a detalles, frase a frase, porque los pequeños detalles son los importantes en la vida y como se dice en algún momento: "Los actos insignificantes son los que determinan la médula de todo. Es un principio literario insoslayable". Y "El amor del revés" está repleto de actos insignificantes pero que sumados en el orden adecuado dan como resultado uno de los mejores libros que uno haya leído durante este año que se nos va muriendo.
martes, 6 de diciembre de 2016
ANIMALES NOCTURNOS TOM FORD
Fui a ver "Animales Nocturnos" de Tom Ford empujado por el buen recuerdo que guardo de su primera película, la fascinante "Un hombre soltero" [2009], aunque prevenido interiormente porque no me atraen demasiado las películas que son un dos en uno, o sea, esas películas que cuentan una historia dentro de otra historia y más, en este caso, donde una historia sucede en el sofisticado mundo del arte y la beautiful people y la otra historia es un thriller rural cercano a una novela de Cormac Mccarthy de violadores y asesinos nocturnos y descerebrados. Pero debo confesar que el director supera con buena nota y solvencia el encaje de ambas historias, aunque yo le siga prefiriendo en su papel de aplicado ilustrador de hogares de diseño gélidos y vacuos con galerista despiadada y esposa emocionalmente herida. Amy Adams borda ese papel de mujer que descubre demasiado tarde que se ha equivocado de vida al realizar sus elecciones vitales mientras lee la violenta novela que le ha enviado su primer marido. Su forma se vestir, de mirar, de caminar, su peinado, su manera de maquillarse o no, indican más que sus palabras. Sus paseos por la casa apenas iluminada acompañada por la envolvente, seductora y refinada banda sonora de Abel korzeniowski, dicen más sobre su estado de ánimo que cualquier diálogo. La música es fundamental en esta película sobre una doble venganza como nos recuerda un cuadro que aparece en una secuencia del film. La demoledora secuencia final es una buena muestra del exquisito gusto del director para el melodrama influenciado por Douglas Sirk y Vicente Minelli y de la importancia de la música. Una sola secuencia basta a Laura Linney para pergeñar una de esas madres hichtcokianas y castradoras. Pero si la parte sofisticada de de "Animales nocturnos" es turbadora desde la secuencia de apertura de los títulos de crédito, la parte rural con el accidente, el secuestro y la posterior violación de la mujer y la hija del protagonista de la novela que lee Susan, no desmerecen en absoluto. La violencia es en la mayor parte del metraje, latente. Como bien recuerda el investigador del caso, durante el secuestro no hay armas. El miedo, la violencia, el terror nacen de la situación creada, de lo que el director quiere que nosotros pensemos que va a sucederle a esos personajes, que al final es lo que les sucede. Sufrimos con ellos. Y cuando la violencia estalla, en un par de secuencias, es seca y brutal, inevitable y física. Susan se reconce en la mujer de ese hombre apocado e incapaz de defender a su mujer y su hija. Ese matrimonio con hija podrían ser perfectamente ella y su primer marido y el hijo que nunca tuvieron. Pero al mismo tiempo, ella es también parte de los verdugos, porque como comenta en otra secuencia a una empleada " mi primer marido decía que yo era un animal nocturno". El símil está hecho. La novela es una venganza contra ella. Una forma de cautivarla, de hacerle ver que cuando le abandonó destruyó todo su futuro, incluso la posibilidad de ser el gran escritor a que aspiraba porque ella dejó de creer en él. También el protagonista de la novela esperará pacientemente a que aparezcan los violadores para vengarse de ellos. En ese ir de venir de la literatura a la vida y de la vida a la literatura descubrimos algunas verdades sobre el alma del ser humano, sobre la fragilidad de los sentimientos, sobre el instinto animal del hombre, sobre la venganza y el amor. Ese amor que si no se cuida se convierte en odio. Y el odio es más poderoso que el amor. Se diga lo que se diga.
domingo, 13 de noviembre de 2016
EL CIUDADANO ILUSTRE MARIANO COHN / GASTÓN DUPRAT
Algunas películas se ven porque sí y otras porque toca. "El ciudadano ilustre", dirigida por Marinao Cohn y Gastón Duprat se ve porque sí y porque toca y porque es una comedia que podría haber escrito Valle Inclán, una comedia con andares de tragedia griega, pero que se resuelve en un inteligente giro final que viene más o menos anunciado en la película. No llega la sangre al río, quizás porque en Salas, el pueblo al que vuelve el autor premiado con el premio Nobel de literatura, no hay río, aunque si mucha estupidez humana como en todos los microcosmos que no son sino una reducción al absurdo de la hipócrita sociedad actual, donde la mediocridad uniformiza el todo. Que mal soportamos la mirada del otro. Del ajeno, aunque haya sido uno de los nuestros. Qué mal llevamos que metan el dedo en la llaga de nuestras vergüenzas y miserias. De eso habla esta película con un ritmo sosegado y moroso, demasiado, en algunas ocasiones, pero que destila sarcasmo y un notable punto de crueldad y mala leche. El galardonado autor no aspira a convertirse en el ciudadano del año. No tenemos que congeniar con él, es un ser humano con sus defectos y virtudes, pero al menos tiene una moral y una ética, una visión del mundo, unos principios. El resto de los personajes, si exceptuamos quizás a su antigua novia, ahora mujer maltratada, al menos emocionalmente, son unos impresentables de la A a la Z. Desde el inculto alcalde al tonto del pueblo. Todos son un dechado de corrupción y de virtudes poco edificantes. La película tiene varios niveles de lectura. Quizás el que menos me interesa es la reflexión sobre las razones por las cuales no se le ha concedido un premio Nobel de literatura a ningún escritor argentino. Luego tenemos el nivel más evidente, el del costumbrismo social, donde se realiza una disección en toda regla de las corrupción, el amiguismo, la incultura y la miseria moral de un pueblo y sus gentes que en nada desmerecería en una película de Luis García Berlanga. Ese paseo por el pueblo en el camión de los bomberos acompañado del alcalde y la reina de las fiestas. Esa selección de los cuadros para el concurso de pintura en la cual el premio Nobel es presidente del jurado a su pesar. Esa secuencia en la que es nombrado ciudadano de honor de Salas, la entrevista en la televisión local. Y esa otra secuencia del suplicanrte / demandante de una silla de ruedas de 10.000 euros para su hijo, con uno de esos discursos demagógicos y victimistas que tanto abundan en la gente corriente. Impagables todas estas escenas que muestran en carne viva y a golpe de bisturí los defectos y las miserias humanas de los habitantes de este pueblo que, como no, es todos los pueblos. Quizás el nivel que más me gusta es el del ajuste de cuentas del autor con su pasado, única razón por la cual regresa al pueblo del que salió para intentar no volver nunca. Esos momentos atonales, breves, casi líricos, en los cuales no sucede nada y sucede todo. Ese largo silencio dentro del coche con su exnovia, antes de darse un beso completamente insatisfactorio, el momento en que se asoma la ventanal de la antigua casa de sus padres convertida en casposa peluquería, la visita al destartalado cementerio donde recoge una flor amarilla y la guarda en un cuaderno. Pero por encima de todo, está la parte metaliteraria, la reflexión sobre el propio acto de escribir, de por qué se escribe y para qué y desde dónde. Desde el discursos inicial en la entrega del premio Nobel, donde da por concluida su carrera literaria porque se acaba de convertir en un monumento, en una estatua, algo así como en el hombre de mármol de del recientemente desaparecido Andrzej Wajda. En el momento que nos canonizan estamos muertos. Ya solo escribimos para reyes y miembros de jurados y para una sociedad pequeñoburguesa satisfecha y encantada de haberse conocido. Esa reflexión que se une a otras sobre el origen de nuestras neurosis y sobre lo que se necesita para escribir, papel, lápiz y vanidad. Sobre todo vanidad. Un escritor sin vanidad no es nadie. Hay una importante carga de profundidad sobre la función social del escritor, que debe escribir para intentar cambiar la sociedad y sobre la decepción que el triunfo produce cuando comprendemos que por mucho que luchemos, la masa social es una bestia ciega y estúpida. Justo lo que necesitan los políticos corruptos para perpetuarse en el poder. Por eso la cultura no es un bien necesario en la sociedad y ha de ser desterrada de ella, porque molesta al poder, a los corruptos y a los hipócritas. De todo eso y algunas cosas más nos habla "El ciudadano ilustre". Ese que nos honra pero al que es mejor mantener a distancia o muerto, porque molesta menos. Absolutamente recomendable en los malos tiempos que corren.
sábado, 12 de noviembre de 2016
ELLE PAUL VERHOEVEN
Nunca hay que vender la piel del lobo antes de haberlo cazado. Hace mucho tiempo que algunos críticos y bastantes espectadores pusilánimes daban por muerto y enterrado a Paul Verhoeven [Amsterdam, 1938], sobre todo a partir de Schowgirls [1995] Pero más de veinte años después de aquella película de la que yo guardo un buen recuerdo y tras tres o cuatro interesantes películas que pasaron con más pena que gloria, se descuelga con "Elle" una película que viene avalada por esa inmensa actriz todo terreno que es Isabelle Huppert [París, 1953] Una actriz impecable sea cual sea el papel que le toque en suerte y han sido muchos a lo largo de su extensa carrera desde los lejanos años setenta del siglo pasado. La lista de directores con los que ha trabajado es para cortar la respiración: Otto Preminger, Bertrand Blier, Bertrand Tavernier, Claude Gorretta, Claude Chabrol, André Techiné, Márta Mészáros, Maurice Pialat, Jean Luc Godard, Michael Cinino, Mauro Bolognoni, Joseph Losey, Marco Ferreri, Diane Kurys, Paul Cox, Andrzej Wajda, Los hermanos Taviani, Oliver Assayas, Michael Haneke, Francois Ozon, Patrice Chéreau, Wes Anderson, o Brillante Mendoza. La Huppert, porque es como Hepburn, o como la Davis, o como la Moreau, es capaz de elevar por encima de la media el material en el que participa. Su actuación en "Elle" es brillante, pero dirigida por Verhoeven su interpretación adquiere unos matices inquietantes. Porque el personaje que interpreta Isabelle Huppert es una metáfora de un estado de ánimo, el de la sociedad actual, de una sociedad que se descompone y que posiblemente no asume que se descompone porque no comprende los motivos del desastre. La violación que sufre al principio de la película es la misma que sufrimos todos nosotros en la sociedad en la que vivimos. Claro que nuestra violación es silenciosa y asumida porque somos incapaces de ser críticos con el sistema. Es un acto atroz pero que la protagonista interioriza de la forma más práctica. Incluso es capaz de contarlo en público. La frialdad del personaje se relaciona directamente con su nivel de sofisticación. Es una mujer empresaria, culta e inteligente, elegante, que se ha forjado a sí misma, con una sexualidad abierta, ambigua e incluso masoquista. Su relación con el marido de su amiga, su flirteo abierto con el vecino casado y católico. La película no nos habla de moral aunque el intento de denunciar al violador una vez que conoce su identidad `pueda parecerlo, sino que nos habla de la hipocresía social en una sociedad satisfecha de sí misma que prefiere ocultar las grietas que han aparecido en sus cimientos. Dime de dónde vienes y te diré hacia dónde vas. Dime de qué desastre provienes y te diré hacia qué abismo te acercas. En la película el pasado es ese padre asesino y esa madre manipuladora y dependiente a nivel emocional. El pasado es el horror, el presente es violencia y aunque el futuro se cierra melancólicamente sellando una amistad como en "Casablanca", es un final ficticio. Un final para los espectadores que solo necesiten ir al cine a ver un thriller elegante, sofisticado e inteligente como la protagonista, pero para los que interpreten la película como una disección de la sociedad actual - la novela negra es eso, el cine negro también debería serlo-, "Elle" es una amarga reflexión sobre cómo la sociedad actual se va al garete a pesar de las apariencias de brillante porvenir y bienestar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)








