Llega puntual al segunda parte de la a ratos perturbadora y a ratos meditabunda "Nymphomaniac". Quienes esperaban más sexo obtienen más sexo, pero no sexo como gratificación y disfrute. Si en la primera parte la vida sexual de Joe contada por ella misma adquiría dimensiones exultantes y a ratos liricos por todo lo que implicaba de liberación individual, de aceptación de nuestra propia idiosincrasia sexual y del único instinto que la hipócrita sociedad en la que vivimos es incapaz de dominar y domeñar. En esta segunda parte tanto lo que se nos cuenta como la forma de ser contado es mucho más oscura. Uno puede sacar la impresión de que Lars von Trier nos sermonea sotto voce. Ni la sociedad actual ni los personajes que la habitan salen muy bien parados de este retrato sexual en negro carnal por así decirlo. No recuerdo si es la protagonista o no la que en un momento dado afirma que la principal virtud del ser humano es la hipocresía. Somos seres a imagen de la sociedad que hemos creado. Nos otorgamos reglas para luego romperlas. Que a algunos timoratos puedan molestar o sobresaltar un primer plano de una polla erecta mientras la narradora relata como en la mil y una noches una historia de pederastia o la discusión entre dos hermanos negros medianamente dotados sobre quién se folla a la protagonista por delante y quien por detrás sería concederle a "Nymphomaniac" un poder revulsivo y renovador del que carece. Lo importante está en las palabras. Lo que dicen los personajes es lo verdaderamente revolucionario. Claro que a veces se nos escapa el mensaje entre tanto cuerpo desnudo o entre tanta provocación con tendencia al horror vacui. Y luego ese final que no hace sino corroborar los capítulos anteriores. Uno no sabe bien si aplaudir a Lars von Trier o mandarle a paseo. Claro que tanto para aplaudir como para denostar es necesario haber visto la película. Y eso no está al alcance de todos. Algunas mentes son demasiado estrechas para pasar por esa puerta.
domingo, 26 de enero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
AGOSTO JOHN WELLS / TRACY LETTS
Podría afirmar que me ha gustado "Agosto" [2013] John Wells, pero quizá no tanto como hubiera podido gustarme. Uno ve el potencial dramático de la obra de teatro y comprende que la película se queda corta, muy corta; casi si vuelo a pesar de la encomendable aportación de sus interpretes. Hay tantas sugerencias desaprovechadas, que uno piensa en lo que hubiera podido y no es. Sin embargo tenemos lo que tenemos. A Mery Streep en plan Meryl Streep versión Elizabeth Taylor / ¿Quién teme a Virgina Woolf? O sea en plan estrella desaforada y sublime y maravillosa y divina de la muerte a pesar de aparecer con el cabello casi al rape por la quimioterapia del personaje y un jersey oscuro arrugado y con manchas y una pelucas imposibles. Ella es la estrella del espectáculo. Todo gira a su alrededor. Ella es la madre, la gran devoradora y castradora de la función. Un personaje digno de Lilliam Hellman. Baila, grita, insulta, vomita, es adicta a los fármacos, se pone gafas de sol y lo sabe todo. Todo. Qué terrible palabra. Saberlo todo, incluso los pequeños secretos de familia. Es Violet. Un nombre muy apropiado. Se podría ver un eco lejano de la Violet Venable de "De Repente el último verano"[1958] de Tennessee Williams. Otra madre castrante y dominante. Por cierto en la película dirigida por Joseph L. Mankiewicz sobre esa obra también andaba la Taylor, aunque la madre fue mi adorada Katharine Hepburn. A lo que iba. Qué hay muchos teatro y del importante detrás de "Agosto". No me olvido de la influencia principal: Eugene O´neil y su doloroso e íntimo "Largo viaje del día hacia la noche" [1941]. Y que casualidad la madre drogadicta de la función cuando la obra fue adaptada al cine por Sidney Lumet fue también Katharine Hepburn. Lo importante de "Agosto" no es solo lo que se dice, sino lo que no se dice; lo que queda entre líneas. Y se dicen bastantes cosas y bastante crueles y duras. Pero son la sugerencias las que dotan de fuerza toda la podredumbre y la mierda que los personajes principales se echan los unos a los otros. Madre adicta a los fármacos. Beverly, el padre profesor y poeta alcohólico y suicida. Tres hijas con una infancia difícil que intentan sobrevivir cada una a su manera. Dos que se marchan, una que se queda pero que también desea marcharse y se ha enamorado de su primo. Un cáncer. Barbara la hija díscola y con talento, la gran decepción del padre según la madre, con un matrimonio fracasado por la infidelidad del marido con una chica más joven, pero intentando aún aferrarse a los restos aunque no sirva de nada. La hija desorientada. La hermana descarriada interpretada por una Juliette Lewis zarandeada por la vida, que en "El cabo del miedo" [1991] interpretó un papel similar al de la hija adolescente de Julia Robert. Un entramado de celos, decepciones, engaños, culpas y traiciones. Y de fondo la soledad y la desolación humanas. Dos personajes totalmente desaprovechados que daban a para una obra completa ellos solos son la hermana y el cuñado de Violet. Pero eso sería obra obra. Desde luego la familia será la base de la sociedad, la célula primigenia, pero en una sociedad como la actual, las familias no son una solución, sino un problema. Nunca los han sido, pero ahora menos que nunca. Como bien afirma uno de los personajes de la película, las familias apenas la componen unos seres que han nacido allí por casualidad. El concepto de seno familiar es una estupidez. Y como afirma el padre poeta refiriéndose a un verso de T. S. Eliot: La vida es muy larga.
sábado, 18 de enero de 2014
KEEP THE LIGHTS ON, IRA SACHS
Continúo con mi tendencia a ver el cine en casa en DVD. Sobre todo el que no se estrena en los cines. Le toca el turno a "Keep The Lights On" dirigida por Ira Sachs en 2012. Otra historia de amor entre dos hombres, pero a diferencia de "Weekend", esta historia dura algo más de un fin de semana. Una década. El encuentro de los personajes masculinos no es muy diferente del encuentro producido en "Weekend". Unos ligan en un bar y los otros quedan por teléfono para follar. Sexo. Nada que objetar. No hay muchas esperanzas de repetir, pero reinciden y al final se van a vivir juntos. Y claro comienzan los problemas. La convivencia genera roces y disensiones. ¿Pero quién dijo que los gays no tienen problemas y menos si viven o conviven en pareja? Por los visto la homosexualidad es el colmo de la vida despreocupada. "Keep The Lights On" intenta desmentir esto. O no. Los gays felices son una utopía. Supongo que como las parejas heterosexuales felices. La felicidad es una utopía. Si se trata de amor el equilibrio es difícil y complejo. Si se trata de sexo, estamos al cincuenta por ciento. Los gays y los heterosexuales. Tanto da. Lo que si me molesta y mucho es esa asociación gays y drogas que se da tanto en "Weekend" como en la película de la que hablo. Drogas, porros, crack...de todo un poco. No digo que la imagen no responda en parte a una realidad. Cualquiera que viva la noche lo sabe, pero la asociación termina siendo un tópica, que no es lo mismo que utópica. El reparto está bien, la música es excelente. Y de fondo la eterna compañera de cualquier persona -hombre o mujer- que no se limite a pasar por la vida sino que piense en el sentido de la vida: la soledad. La eterna soledad. Nacemos solos, morimos solos. Y casi se podría decir que vivimos solos, aunque nos engañemos matando el tiempo que nos mata con cenas, comidas, cine, música, literatura o sexo. La vida es un contrato en desventaja. Sobre todo para los hombres que aman a otros hombres. Por descontado en versión original con o o sin subtítulos como en una sesión de cine de arte y ensayo.
lunes, 6 de enero de 2014
EL MUÑECO DE NIEVE JO NESBO
Termino el año con Jo Nesbo [Oslo, 1960] y su policía de andar por casa: Harry Hole. Me gusta Nesbo como escritor. Como cantante no puedo opinar. Me gusta Hole como personaje. Y sobre todo me atraen los argumentos que diseña el autor noruego. Argumentos complejos, sólidos, crueles y alambicados donde existe eso que se llama la justicia poética. También me gusta que se intuya quien es el asesino antes de que el propio autor nos lo desvele. Nesbo no juega a esconder, sino que da mano y deja pistas para que le sigamos el paso e incluso nos adelantemos a él. Confía que la pericia y la bondad de la trama nos entretengan y nos obliguen a seguir adelante. Desde la primera entrega en "Petirrojo" [2000] he seguido las complicadas y azarosas aventuras y desventuras de Harry Hole en "Némesis" [2002], "Estrella del diablo" [2003], "El redentor" [2005] hasta la actual " El Muñeco de nieve" que es de 2007. Quedan tres más por traducir. Las esperaré con ansiedad. La serie es adictiva y autodestructiva, aunque corremos el riesgo de ir perdiendo partes del detective en cada nueva entrega y que la final se nos quede en nada. Esta vez ha perdido un dedo y parte de otro. Por lo menos la parte alcohólica la ha controlado bien y al menos recupera al amor de su vida. Por el momento.Me gusta la imagen de Nesbo y su manía de introducir canciones en los argumentos. Me gusta que los finales no sean del todo felices y los personajes secundarios. Incluso si son negativos. Me gustan la tristeza y la soledad que se respira. Y por supuesto me entusiasma la radiografía social, moral y política y económica de una sociedad tan moderna y avanzada como es la Noruega. Y esos apartamentos lóbregos donde malviven los personajes. Incluido el propio Harry Hole. Ya saben quinientas páginas de un tirón y sin desperdicio.
domingo, 29 de diciembre de 2013
WEEKEND ANDREW HAIGH
Saben lo que es una película minimalista? "Weekend" de Andrew Haigh lo es. Una película minimalista gay. En realidad es una historia de amor clásica, muy clásica. Chico encuentra chico, chico se enamora de chico, chico pierde chico. Así de simple. Solo que en plan gay que queda más moderno y más trasngresor. Esta historia se podía haber contado perfectamente con una pareja heterosexual y no hubiera ocurrido nada. Casi hubiera pasado desapercibida. La gracia está en que son dos hombres los que viven la trillada situación de partida y entonces todo parece nuevo. Hay mucho plano fijo de edificios y árboles y cielos. Hay muchos planos sin música. Muchos planos del maravilloso Tom Cullen en silencio. También hay abundante alcohol y algunas drogas. Y conversaciones sobre la soledad. La soledad, el tema de fondo del asunto. En el fondo todos estamos solos. Hay una orfandad implícita de los personajes. Un movimiento de huida. Es difícil huir de lo que somos. Negar lo que nos mueve. Aceptar nuestras imperfecciones y nuestras ineptitudes. Como anuncia el título la película transcurre en un fin de semana. Chico conoce a chico, chico se enamora de chico, chico pierde a chico. Entre el conocimiento y la perdida, una vida. Se puede vivir toda la vida recordando un gran amor de un solo fin de semana y follar con cuatro o cinco mil personas en una vida y no haber sentido nunca nada por nadie. Andrew Haigh acierta a contarnos esta pequeña historia de amor homosexual y universal al mismo tiempo. Los actores tienen eso que se llama química. Bromeando podría decir que se trata de química orgánica. O bromeando un poco más que se trata de física y química. Yo me lo he pasado en grande viendo la película. Es una película triste. Los finales felices casi nunca interesan, más que a los cristianos ortodoxos que tienen el cielo ganado hagan lo que hagan y a los partidarios de los partidos de derechas que necesitan finales felices para soportar su propia mediocridad. La vida no suele proporcionar finales felices. Sobre todo si eres gay. Por supuesto no busquen la película en los cines. La he visto en DVD. En versión original subtitulada. Como hay que ver el buen cine.
viernes, 27 de diciembre de 2013
NYMPHOMANIAC LARS VON TRIER
Si fuésemos uno de los hermanos Marx diríamos eso de primera parte de la primera parte contratante...pero claro, solo somos un espectador que ha ido a ver "Nymphomaniac. vol 1" de Lars Von Trier [Copenhague, 1956] Pone sobre aviso que digan que se trata de una versión que tiene la aprobación del director pero en la que no ha intervenido para cortarla. Esperaremos a la segunda parte de la parte contratante que parece que se estrenará el 24 de enero. La película promete más de lo que da. O quizá da cosas diferentes de las que promete. Los diálogos son mejores que las escenas sexuales. A nadie le escandaliza ya ver la polla de un actor en erección. Resulta más llamativo que una actriz diga a las primeras de cambio que descubrió su coño a los dos años. La verbalización del sexo es más estimulante que su plasmación en imágenes. No podía ser de otro modo si la protagonista es una mujer que mantiene ocho o nueve relaciones sexuales cada día. El sexo acaba convirtiéndose en algo mecánico. Ella se culpa, a pesar de no ser religiosa. Eso es interesante. A mi la culpa siempre me ha parecido que tenía mucho que ver con la represión religiosa. Si no uno es religioso no debería sentirse culpable. La película es lenta. Se divide en capítulos y uno no sabe muy bien a que carta quedarse. Como melodrama tiene momentos, pero como comedia resulta impagable. Me refiero por ejemplo a toda la secuencia interpretada por Uma Thurman o toda la comparación entre la caza y captura de hombres en un tren con las técnicas de la pesca con mosca. La técnica ésta, la de la casa con mosca, que ha dado lugar también a alguna que otra película "El río de la vida" Robert Redford [1992] Ya digo me interesa más las película por lo que se dice que por lo que se practica. El director se ha buscado una de esas actrices con cara de ángel para representar el papel de Charlotte Gainsbourg durante su adolescencia y primera juventud. Un tópico de todo hombre: la ninfómana con cara de ángel capaz de los actos más abyectos con el mayor impudor. La actriz cumple a la perfección mientras una machacada Gainsbourg va desgrananado con parsimonia ante Stellan Skarsgand los hitos de su frenética vida sexual entre teorías de pesca con mosca, música de Rammstein y de Bach, elucubraciones sobre Fibonaci y alguna recreación visual de cuadros de Balthus. Y entre secuencia y secuencia de sexo y alguna felación con regusto a esperma fugitivo, frases como " el elemento secreto del sexo es el amor". Ahí queda eso. O una que me gusta un poco más: " todos estamos esperando permiso para morir". Lars Von Trier en estado puro. Quizá en este país nuestro con leyes tan restrictivas como la que acaba de aprobar el gobierno sobre el aborto y ministros tan cínicos y casposos, además de retrógrados y una iglesia ortodoxamente ultraconservadora puede que la película levante alguna polémica absurda. Por lo demás creo que somos lo suficientemente adultos como para ver una película que abre grietas sin romper moldes.
lunes, 23 de diciembre de 2013
ANTOLOGÍA DE SPONN RIVER EDGAR LEE MASTERS
Meses. Llevo meses arrastrando la "Antología de Sponn River" de Edgar Lee Masters [Garnett 1868-Melrose Park 1950] de una ciudad a otra los fines de semana. Cierto son 370 páginas. Pero esa no es la causa. Hay libros difíciles. La antología de Lee Masters lo es, a pesar de que en su momento se consideró un best seller literario. Algo inusual en poesía. Se publicó en 1915. Son en torno a 250 epitafios. Doscientos cincuenta epitafios son muchos para leerlos de seguido; a pesar de la variedad. Atención, un libro de poesía compuesto de epitafios. Una revisitación americana de la Antología Palatina. Cada poema lleva por titulo el nombre de un personaje. Son monólogos, casi siempre paradójicos. Abunda la ironía y la critica social. Masters dibuja un completo y complejo mapa de una sociedad en momento dado. Los poemas se leen como una crónica social de la época. Dan la impresión de ser microrrelatos poéticos. Epitafios en primera persona donde se airean las miserias del difunto. Lo que somos, lo que deseamos ser, lo que aparentamos ser, lo que al final queda de nosotros. Nuestro epitafio. Abundan los apaños sexuales y los líos políticos y los trapicheos económicos. Como la vida misma. La edición completa la ha publicado Bartleby Editores con traducción de Jaime Pride. Uno puede elegir los epitafios que más le gusten. Los personajes epigrafiados pertenecen a todas las clases y categorías sociales. Algunos mueren antes de tiempo otros viven longevas vidas. Hay marido y mujeres, padres e hijos. Cada fallecido deja una moraleja en su epitafio. Seth Compton nos asegura que Nadie sabe qué es la verdad/ si no sabe que es la mentira. Elizabeth Childers exclama que ¡ La muerte es mejor que la vida! Para Ernest Hyde Un espejo agrietado no refleja imágenes. Para Sexsmith, el dentista La moralidad es el hueco de una muela/ que se rellena con oro. Para Margaret Fuller Slack ¡El sexo es el azote de la vida! Y según Lucinda Matlock Hace falta vida para amar la vida. De eso nos hablan estos muertos en sus epitafios, de la vida, ahora que ya la han perdido. Lee Masters debió de pasárselo en grande escribiendo estos poemas en verso libre. Su vida no fue mucho mejor ni más ejemplar que la de algunos de los personajes inventados de esta antología de Sponn River. Treinta años como abogado, dos matrimonios infelices, veinte años malviviendo en una habitación del mítico Hotel Chelsea. Un gran éxito poético que nunca más fue refrendado por sus libros posteriores. La amargura, la frustración, la bebida. La decadencia. Sin embargo a fecha de hoy esta antología de Sponn River está más viva que nunca. Como muestra un fragmento: ¿Por qué surgen siempre los grandes conflictos/ de las cosas más pequeñas y no de las que valen la pena?/ Si los hombres siempre han de obrar de la misma manera, / si el ron ha de ser el medio de liberarse/ de la negación de la vida y de la esclavitud, entonces, pues vale...¡que me den ron! Pasen y beban el ron de esta poesía moderna y social al mismo tiempo. Si fue un best seller fue por algo y ese algo continua latiendo en estos versos colocados como flores frescas sobre las tumbas de los muertos.
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