Este fin de semana fui al cine. Cada vez voy menos al cine por razones personales y porque cada vez me aburre más el tipo de cine que se rueda actualmente. Me decidí por "El sexo de los ángeles" de Xavier Villaverde. Confieso que no soy un admirador del cine español, desde que ciertos directores que admiraba entraron en decadencia. Me quedé en los noventa. Se ha multiplicado el número de directores que acceden a la dirección, pero en cambio, casi ninguno tiene nada interesante que decirme. Elegí "El sexo de los ángeles" porque desconocía a su director y porque estaba atrapado por las imágenes del rostro de [Rai] Álvaro Cervantes. Una película de tríos es algo muy visto. Poco importa que sean dos hombres y una mujer, que dos mujeres y un hombre, que el matiz sea hetero u homosexual. Nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, la película sobrevive en mí. Por supuesto es imperfecta y a ratos depende tan sólo de la interpretación de los actores, especialmente del seductor Rai. Pero es ese tipo de película necesaria a pesar de sus posibles defectos. Dentro de poco, con las nuevas leyes del gobierno entrante no podrán realizarse este tipo de películas, no solo por el tema, sino porque no encontraran financiación. Se permite incluso jugar con dos finales, el que nos hubieran ofrecido hace unos años y el que cierra le película. Me gusta porque no existe el concepto de culpa. Porque la perfección no existe si no es en un rostro. Y, cosas de la crisis económica, me pude permitir el lujo de ver la película yo sólo en una sala vacía. Un lujo y, también, una auténtica pena. Esperemos que fuera tan sólo porque fui a la sesión de las cuatro un sábado por la tarde.
martes, 8 de mayo de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
EL MENOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO
Algunas personas no terminamos de llegar a nada en la vida por la sencilla razón de que somos incapaces de creer en nosotros mismos, en nuestras posibilidades y nuestras cualidades. Estamos condenados al fracaso de antemano. Otras tienen tanta confianza en sí mismas que se las ve venir enseguida. Y de lejos. Ése es el caso de Félix J. Palma [1968, Sanlúcar de Barrameda] Uno de esos casos de precocidad literaria innata. De joven quisó ser escritor y a fuerza de talento y perseverancia lo ha logrado concienzudamente. Confieso que soy un firme admirador de aquel chico con el que coincidí apenas un par de horas en la gala de entrega de los premios Jara Carrillo de hace ya muchos, muchos años; allá por 1996. Él había obtenido un accésit con su relato "Mensajero" y yo era finalista en poesía. Volvimos a coincidir - la foto es de aquella ocasión- en el año 2001. Félix J. Palma era el ganador del certamen en narrativa con "El hombre tras la cortina", el presidente del jurado era Antonio Soler y una de las finalistas en narrativa era Mercedes Cebrián con su cuento "Señoritas". Yo como de costumbre era el eterno finalista en poesía. Aquel año le iban a conceder el premio Tiflos. Recuerdo que estaba a punto de fallarse o se falló durante la gala. De entonces para acá yo he publicado una docena de libros de poemas, una antología e incluso un libro de relatos, pero me sigo considerando un fracasado. Nunca he llegado dónde pretendía llegar y, muchas veces, el fracaso es tan subjetivo, que no se mide por nuestros logros sino por nuestras carencias; por aquello que nunca logramos alcanzar. No es el caso de Félix J. Palma; que ahora publica con gran éxito de crítica, público y ventas en Plaza y Janes "El mapa del cielo", tras su aplaudida obra anterior "El mapa del tiempo". Pero yo no quiero recomendarles sus novelas que se recomiendan solas y además están perfectamente situadas en el engrasado engranaje editorial de nuestro país. No, yo sigo prefiriendo al autor de relatos que me deleitó y sorprendió en "El vigilante de la salamandra" [1998, Pretextos; "Las interioridades" [2002, Castalia]; "Los arácnidos" [2003] o este último "El menor espectáculo del mundo" [2011, Páginas de espuma] Nueve relatos estupendos, nueve estupendas disquisiciones narradas con el talento habitual de este autor que nos cuenta hechos aparentemente absurdos o grotescos o fantásticos de manera precisa y realista. Como si un laborioso doctor Hyde diseccionara con luz y taquígrafos los restos de un unicornio de los que habitan en la luna. Se podría hablar de mirada perpleja, de reflexión inaudita o de conciencia del asombro. Ninguna definición delimitaría los contornos del material con el que trabaja este autor. Mientras uno lee estos verídicos relatos inverosímiles, uno pierde la perspectiva lienal del tiempo, atrapado por el vértigo helcoidal de un humor que atenúa la tristeza que impregna el final de algunos de estos relatos.; Un libro de relatos de un prodigioso pesimismo poético.
domingo, 25 de marzo de 2012
PASOS EN LA NIEVE, JOSE LUNA BORGE

En otras ocasiones he afirmado que soy un discreto lector de diarios. Algo en ellos me subyuga. Los pequeños detalles. La mezcla de géneros. A ratos fragmentos de poesía, de relato puro, de ensayo, de chismorreo, de conversaciones cazadas al azar. A ratos crónica del desasosiego personal. Casi siempre, una visión personal del mundo. Acabo de terminar de leer el diario que José Luna Borge [Sahagún, 1952] dedica al año 1995. Comienza el volumen diciendo que "Un diario puede ser una costumbre como la de tomar un café y fumar un ciagarrillo después de comer". Creo que me gusta leer diarios o dietarios, como prefieran, porque soy un hombre de costumbres. Las rutinas me procuran seguridad. Siento un placer especial en hurgar en las vidas de los demás. Incluso si lo que me cuentan esaburrido e insustancial. Este diario de Luna Borge propende a la melancolía. Una pertinaz melancolía de lluvia empapando de nostalgia los recuerdos. El autor no se propone participar en un campeonato nacional de dietarios, solo pretende "dejar constancia de las cosas vistas o entrevistas al paso, de cosas que me han pasado; divagaciones o fantasías de un paseante curioso que a ratos le gusta soñar..."Algo de todo eso hay en estas páginas. Y mucho de reflexión sobre la vida en general: "...la familia es uno de los lugares en los que el tiempo destruye más la vida". Hablando de poetas suicidas afirma: "Es como si la buena literatura nos la proporcionaran aquellos artistas que han llegado al límite de la vida o aquellos que han llevado su vida al justo límite más allá del cual está el abismo, el infierno o las tinieblas". Los libros. "Un libro es una ventana a la esperanza, de las pocas que hoy van quedando, a la que siempre es grato asomarse". Más adelante vuelve sobre el tema: "Un libro puede ser una de esas llaves secretas que logran abrir las puertas a mundos desconocidos y maravillosos". Cita con destreza Luna Borge. A Chamfort: "La mayor parte de los libros del presente tienen el aire de haber sido escritos en un día, con los libros leídos la víspera". A Ernest J. Gaines: "Copiar a uno es plagio pero copiar a todos es de genios". A Marguerite Duras: "Todos vais derechos hacia la soledad. Yo no, yo tengo los libros".Y se pueden extraer reflexiones muy pertinentes para un día electoral como el de hoy: "¿Cómo es posible que de unas elecciones impecables, democráticamente hablando, salga elegido un alcalde o un presidente que se salte a la torera todos los mecanismos de control democrático una vez instaurado en el poder?". Existen también atinadas intuiciones: "Los ingleses fueron los primeros en convertir el cinismo en un arma afilada y entretenida con la que supieron combatir su secular tedio e hipocresía". Para no escapar de mis rutinas ahora que mi padre está ingresado en el hospital y las horas de esperan se alargan y parecen no terminarse nunca, acabado el diario de Luna Borge comienzo el de Katherine Mansfield.
lunes, 5 de marzo de 2012
¿Y AHORA DÓNDE VAMOS? NADINE LABAKI

Si algunos libros nos reconcilian con la literatura, ciertas películas nos reconcilian con el cine. Es el caso de esta maravillosa y espléndida película de Nadine Labaki que es una metáfora perfecta sobre la posibilidad de convivencia en tiempos de guerra; de cualquier guerra sea de religión o no. Un cuento agridulce y esperanzador sobre cómo sería una sociedad sin religiones y sin fanatismos. No hay culpables, solo víctimas inocentes. A ratos recuerda a Berlanga; el discurso del alcalde ante el televisor. A ratos es una comedia y a ratos la tragedia sin levantar la voz hace acto de presencia, de puntillas. Esa madre escondiendo a su hijo muerto en el pozo para no echar más leña al fuego del rencor. La penúltima secuencia con los dos representantes de las religiones dominantes viajando en el autobús de la "artistas" rusas es ejemplar. La pena es que en la sala apenas éramos una veintena de personas y eso que era el día del espectador. Ineludible.
miércoles, 29 de febrero de 2012
LOS DISPAROS DEL CAZADOR, RAFAEL CHIRBES
Está bien que algunos autores se pongan de moda. Rafael Chirbes [Tabernes de Valldigna, 1949] se ha puesto de moda tras el éxito de su novela "Crematorio" y de la serie que sobre ella se ha rodado para televisión. Está bien que los buenos autores se pongan de moda y se les reconozca su valía. El próximo viernes viene a Alicante, al ADDA, a las 20.15, dentro del ciclo "Cada cual" que organiza el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert. Para tal ocasión he releído "Los disparos del cazador" [Anagrama, 1994] una novela que se adhiere al genero que denomino la-automoribundia, un poco al estilo de los palabros de Gómez de la Serna. El protagonista desde la última vuelta del camino echa la vista atrás y rememora su vida, su fracaso vital, porque de eso se trata de un fracaso vital en toda regla, aunque parezca lo conctrario, amenizado con el ruido de fondo de la posguerra, época de trapicheos y negocios enlodados, tal cual ahora mismo en este presente nuestro mayestático y quevedesco a parte iguales. Me gusta que "Los disparos del cazador" sólo tenga 136 páginas. Me gusta su economía verbal. No necesita ni una más. Con sólo mostrar las grietas intuimos el abismo. El autor hace de la brevedad virtud. Nadie es inocente. Nadie es culpable. Las culpas se reparten a partes iguales. Ni gritos ni desgarros, el protagonista intenta justificarse sin justificarse y se pregunta " porque no puede haber recuerdos sin memoria". La reflexión sobre la vejez es absolutamente pesimista y certera. Dice el protagonista que la felicidad no se recuerda. También afirma que no es necesario perdonar a quien dice la verdad. Dos definiciones para terminar. Una definición de lo que es la vida: " Uno se pasa la primera mitad de la vida vistiéndose y la segunda mitad, desnudándose". Y otra de para qué sirve, en caso de que sirva para algo en este tiempo de materialismo agónico-dialéctico, la poesía: "...la poesía es necesaria porque te hace vivir por encima, en el espacio puro en que crecen los sueños y las ideas". Quien busque explicaciones sencillasque se vaya a otra parte.miércoles, 8 de febrero de 2012
EL CAPITÁN SALIÓ A COMER Y LOS MARINEROS TOMARON EL BARCO, CHARLES BUKOWSKI

Charles Bukowski [Andermach, 1920-Los Angeles, 1994] me acompaña desde hace mucho tiempo. Mi hermano menor es un fan del autor nacido en Alemania y Bukowski es uno de los pocos autores que he ido leyendo a través de los años en libros prestados -a pesar de que soy uno de esos maniáticos que sólo leen aquello que compran. "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", traducido por Roger Wolfe y reeditado en la colección Compactos de Anagrama en 2012 es el segundo libro de Bukowski que compro tras "Poemas de la última noche de la tierra [ Editorial DVD, 2004]. Y lo he comprado porque se trata de un diario y porque soy adicto a los diarios, sobre todo si son de escritores, y a la música de Paul Morrisey y a otras tantas cosas que no es cuestión de detallar. En estos diarios, escritos con la lucidez de la casi posteridad, aunque el autor siempre escribió más para sí mismo que para los demás, Bukowski es fiel a sí mismo y diría que incluso más fiel que nunca. Reflexiona y disecciona su decadencia con el sentido crítico de un entomólogo literario cínico y nihilista. Sus elucubraciones de septuagenario son como disparos a la cabeza del lector. Certeros disparos: "Un escritor no se debe más que a su escritura". Una obviedad, pero cuántos escritores de tres al cuarto de los que tanto publican actualmente se lo han planteado. "Con el dinero sólo hay dos problemas: tener demasiado o tener demasiado poco"; "La inmortalidad es un estúpido invento de los vivos"; "La mayoría de la gente no está preparada para la muerte, ni la suya ni la de nadie. Les sobresalta, les aterra"; "Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte"; "El dolor no crea la escritura, la crea un escritor"; "La escritura tiene algo que atrae a los farsantes"; "Cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente, simplemente no hay más"; "La vida creativa de la mayoría de los escritores es corta. Oyen los aplausos y se los creen"; "La mayoría de la gente cae víctima del miedo. Temen tanto al fracaso que fracasan"....y así podríamos seguir, porque Bukowski es implacable con el gremio literario y con la realidad social y económica de la época; que parece no era muy distinta de la nuestra. Su análisis de aquellos años podría reutilizarse en este país nuestro que los políticos están terminando de apañar a su gusto y nosotros como borregos sumisamente adoctrinados en los templos del analfabetismo cultural lo acatamos. Palabras clarividentes las de este pasaje del diario de Bukowski: "Las cosas están peor de lo que el gobierno o la prensa quiere admitir. Los que siguen manteniéndose a flote dentro del sistema económico no quieren soltar prenda...Bueno, todavía me queda la pensión...pero eso podría acabarse también. Imaginaos a todos los viejos vagando por la calle sin sus pensiones. No descartéis la posibilidad. La deuda nacional podría hundirnos como un pulpo gigante. La gente acabaría durmiendo en los cementerios. Y al mismo tiempo, hay una costra de ricos que viven encima de la podredumbre. ¿No es asombroso? Hay gente que tiene tanto maldito dinero que ni siquiera sabe cuánto tiene...los ricos siguen ahí, ellos siempre han encontrado la manera de ordeñar al sistema". Se puede decir de otras maneras, pero no más claro.
sábado, 4 de febrero de 2012
EN LA MUERTE DE WISLAWA SZYMBORSKA
En este caso, una imagen no vale más que mil palabras. Y sin embargo... ésta es una de las fotografías que prefiero de la premio Nobel de 1996 y autora de "Pincipio y fin" la escritora polaca Wislawa Szymborska [Prowent, 1923-Cracovia, 2012]. La retratada parece frágil, inteligente e irónica. Hay una prudente distancia, una elegante suficiencia. Su muerte nos deja un poco más solos, un poco más desamparados en la estepa siberiana de este febrero de recortes y congresos socialistas, instantes antes de conocer el veredicto. Mi admiración por ella me llevó a perpetrar un pequeño homenaje imitando uno de sus poemas "Fenómeno de la naturaleza" en mi libro "Impostura" [2006]. Ella ha vivido lo suficiente para poder dejarnos incluso su propio epitáfio:
Aquí yace, como la coma anticuada,
la autora de algunos versos. Descanso eterno
tuvo a bien darle la tierra, a pesar de que la muerta
con los grupos literarios no se hablaba.
Aunque tampoco en su tumba encontró nada
mejor que una lechuza, jacintos y este treno.
Transeúnte, quita a tu electrónico cerebro la cubierta
y piensa un poco en el destino de Wislawa.
Nosotros nos quedamos un poco más solos, un poco más desamparados y ella andará riéndole las gracias a la muerte. Descanse en paz y como nos pide pensemos un poco en su destino, que no es otro que el nuestro.
Aquí yace, como la coma anticuada,
la autora de algunos versos. Descanso eterno
tuvo a bien darle la tierra, a pesar de que la muerta
con los grupos literarios no se hablaba.
Aunque tampoco en su tumba encontró nada
mejor que una lechuza, jacintos y este treno.
Transeúnte, quita a tu electrónico cerebro la cubierta
y piensa un poco en el destino de Wislawa.
Nosotros nos quedamos un poco más solos, un poco más desamparados y ella andará riéndole las gracias a la muerte. Descanse en paz y como nos pide pensemos un poco en su destino, que no es otro que el nuestro.
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